‘Okja’, de amistades sin barreras y macabros intereses corporativos

Por lo general procuro no caer en clichés a la hora de hablar de una película, pero Okja es uno de esos casos donde las condiciones son demasiado adecuadas como para ignorarlas, y termina siendo una película “que no podría haberse hecho de otra manera o con otro realizador”. Joon-ho Bong, director de The Host, Mother, Snowpiercer y Memories of Murder, trae su sensibilidad que lo convirtió en uno de los realizadores asiáticos más renombrados e importantes, y lo pone a disposición de una fantástica historia de amistad, sacrificio, y una dura crítica a la ética corporativa y al maltrato animal. Todo esto a través de la relación entre una niña casi adolescente y un super cerdo mutante engendrado genéticamente y destinado al matadero, tanto literal como comercial.

Todo empieza con el anuncio de un espectacular e innovador show de la mano de Lucy Mirando (Tilda Swinton), una empresaria decidida a revivir la corporación agrícola que su padre destruyó debido a su mala reputación. Mirando da inicio a un espectáculo televisivo en el que una serie de super cerdos serán enviados a varios puntos del planeta, y diez años después, uno de ellos será coronado como el “Mejor Super Cerdo”. Se trata de una criatura que, a todas luces, parece ser la solución más grandiosa al problema mundial de hambruna, sin ninguno de los perjuicios que suelen tener los alimentos transgénicos. En realidad, es toda una fachada para que la gente acepte sin mayores sospechas el nacimiento de una industria macabra que no escatimará en recursos ilícitos simplemente para vender.

Diez años después, a miles de kilómetros de distancia, Mija (Seo-Hyun Ahn) sale a disfrutar de la naturaleza en compañía de su mejor amiga, Okja, que parece una cruza entre cerdo e hipopótamo, aunque tiene las mismas actitudes encantadoras de un perro domesticado. El ojo de Joon-ho se toma el tiempo en introducir a la criatura y establecer la conexión que tiene con Mija con unas secuencias impresionantes donde apenas uno se percata de que no se trata de un animal real. Creado usando efectos digitales y una gigantesca marioneta para los planos más cerrados, el cine conoce así una nueva mascota que pasará a la historia por su singular personalidad. La mejor manera de describir la maravillosa existencia de Okja es pensando en una versión live-action de cualquiera de las películas fantásticas de Miyazaki.

Joon-ho también nos lleva por una travesía única que inspira tristeza y asombro, pero también mucha alegría y ternura, y la conjunción se lleva a cabo con extrema naturalidad, mediante la interpretación estupenda de Seo-Hyun Ahn que ostenta la fragilidad de una niña que desconoce el mundo y la valentía de una heroína que haría hasta lo imposible por salvar a su mejor amiga. La aventura que atraviesa es sinigual, y está repleta de momentos extraordinarios que sorprenden por su magia y duelen por el horror verdadero que representa, y que se está llevando a cabo en este mismo momento, sin ninguna esperanza de que vaya a mejorar en el futuro cercano. La cruda mirada que ofrece Okja es una de angustia, pero de alguna manera encuentra la fisura para dejar entrar algo de luz.

En su odisea al otro lado del mundo, Mija termina en New York, donde conoce a Jay (Paul Dano), líder de ALF (Frente de Liberación Animal), un grupo activista con décadas de experiencia rescatando animales y exponiendo a aquellos que los torturan con fines lucrativos. El plan de Jay consiste en dejar que Mirando secuestre a Okja y así poder grabar como es tratada realmente en los laboratorios clandestinos donde estas criaturas son llevadas para su control, antes de ser enviadas al matadero, pero la misión resulta ser más desgarradora de lo que imaginaban, y tanto Okja como Mija sufren más de lo que normalmente podrían soportar si no fuera por el poderoso lazo que existe entre ambas. Pocas películas de amistad entre humanos y animales han logrado conquistar con tanta fuerza como lo hace esta magnífica obra que genera tantas emociones encontradas que es imposible no pensar en ella.

Al mismo tiempo que cuenta una historia profundamente emocional, el guion Joon-ho Bong también satiriza la cultura occidental del supuesto amor animal en la televisión, a través de la figura de Johnny Wilcox (un irreconocible e increíble Jake Gyllenhaal), afirmando que el verdadero amor animal es el que se lleva a cabo en la naturaleza misma, bien lejos de las colosales fábricas de las ciudades muertas y contaminadas. El director no propone sus ideas con sutileza, y lo deja claro en un fascinante fundido de dos planos: una que muestra las interminables lápidas de un cementerio y otra con los numerosos rascacielos de la metrópoli neoyorquina. También se toma el (loable) atrevimiento de realizar alguno que otro paralelismo entre la maquiavélica organización de Mirando y el anterior gobierno norteamericano, mediático y popular hasta más no poder.

Nada de esto entorpece la aventura de Mija por recuperar a su mejor amiga, que solamente tropieza en algunas cuestiones técnicas de continuidad y congruencia que son evidentes y pueden desconectar a uno de la lógica interna de la película, ya que se suceden en momentos críticos de la trama. Sin embargo, tiene mucho que decir acerca de cuestiones tan relevantes como el maltrato animal, las grandes corporaciones y la creciente indiferencia social, no solamente animal sino también humana. Con un guion brillante que facilita una considerable inversión emocional imposible de evitar por su angustiante mensaje, Okja se convierte en una de las películas más poderosas de los últimos años y que fácilmente permanecerá en el consciente colectivo durante mucho tiempo.

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Acerca de Emmanuel Báez 2362 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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