‘Mi Amigo el Dragón’, un tierno perro volador

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El remake de una de las películas olvidadas de Disney es una de las obras familiares más entretenidas y mágicas del año, con un aura de bondad y alegría que no se sienten tan seguidos en el cine. Pocas semanas después de la llegada de El Buen Amigo Gigante -otra película acerca de un “monstruo” afable-, tenemos Mi Amigo el Dragón, una historia de amistad única que conmueve por ser sincera sin ser jamás pretenciosa, ofreciendo un mensaje sencillo de esos que parecen haber sido olvidados por la parafernalia de otras producciones más sobrecocinadas.

La trama sigue a Pete, un niño pequeño que resulta ser el único sobreviviente de un accidente automovilístico donde fallecen sus padres, volviendo de un viaje, en una extensa ruta en medio de un bosque vasto e imponente. Al adentrarse en el bosque llevado por su inocente curiosidad, se topa con un dragón gigantesco de aspecto amable, quien lo recibe y protege, convirtiéndose en su fiel compañero. El dragón es básicamente un perro volador que es capaz de escupir fuego, ya que toda su personalidad está moldeada en base al de un can con el mejor dueño del mundo. La película empieza directamente con unas secuencias impresionantes y divertidas en las que Pete y Elliot –como es nombrado el dragón- juegan como si no importara absolutamente nada más.

El director David Lowery firma un maravilloso aporte a un cine que desesperadamente necesitaba un título que jamás deambula ni se empecina en ser algo que no es. Es un producto familiar con una energía demasiado cordial, que es imposible simplemente no sonreír ante la trama, que avanza tranquilamente, con buenísimas interpretaciones de parte de un elenco que parece habérsela pasado genial en todo momento. Desde Bryce Dallas Howard, que es una presencia angelical de inicio a fin, pasando por el legendario Robert Redford, que demuestra sabiduría y austeridad, hasta el pequeño Oakes Fegley que destila inocencia y pura simpatía.

Por supuesto, por más familiar que sea la película, necesita alguna clase de conflicto que no se podría evitar en una historia acerca de un dragón y su pequeño amigo, viviendo en medio de un bosque que está siendo talado. “Donde los árboles huyen”, dice Pete en una escena, refiriéndose a una parte del bosque completamente vacío debido a la tala. Lowery dedica unos cuantos planos hermosos a la increíble presencia del bosque, tratándolo a través de Elliot como un lugar de suma importancia que merece el debido respeto y consideración, aunque hubiera profundizado más todavía sin perder la esencia del relato familiar. Así también, está la trama de uno de los hermanos de Grace (Dallas Howard), que se propone atrapar al dragón, solamente agregando más caos a la situación.

Esto desata una aventura que solidifica la tierna amistad entre Elliot y Pete, convirtiéndose de nuevo en el foco central de la película, y dando lugar a unas secuencias de persecución que emocionan sin ser sobrecogedoras, en las que resalta el buenísimo trabajo de animación digital de Elliot, cuyo diseño es realmente enternecedor, y da ganas de subirse a su espalda y recorrer todos los escenarios de la obra.

La historia se mantiene fiel a sí misma en todo momento, y lo más acertado es que se siente completamente atemporal, aunque su más obvia inspiración es E.T. de Steven Spielberg. En ningún momento mencionan el año o la ciudad en la que está ambientada la película, algo que realza los valores de amistad que viven más allá de las fronteras de la historia, y del cine mismo, así como el encanto de la producción, que permanece palpable hasta el último segundo.

Acerca de Emmanuel Báez 2280 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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