‘Luna de Cigarras’, caos e idiotas en la noche asuncena

 luna de cigarra reseña

Es coincidencia lamentable que una comedia negra paraguaya con personajes metidos en narcotráfico llegue a los cines cuando un querido periodista local es asesinado por motivos que tienen que ver con el delicado tema. Le hace pensar a uno sobre el cine y sus propósitos, desde el simple entretenimiento hasta la denuncia, y cómo la geografía social puede tener tener mucha influencia en el desarrollo de la cultura audiovisual.

Tendemos a comparar mucho con el desarrollo norteamericano, pero a veces debemos enfocarnos solo en lo local, y comparar nuestras acciones con nuestras propias consecuencias. Sin embargo, no creo que ningún análisis sobre esto pase de la opinión, por más que haya voces que se alteren clamando que es obligación que haya un compromiso de denuncia sociopolítica cuando se realizan audiovisuales sobre ciertos temas de relevancia regional. No creo que haya una conjunción inherente entre ambos mundos, el del cine y el de la realidad, y mucho depende de la misma visión y sensibilidad de los artistas.

Cuando realicen una película paraguaya con evidente crítica hacia el desarrollo social y político de la región, estaré tan contento como cuando decidan hacer una obra sin tapujos morales ni interés analítico más allá del propio universo de la obra, y para los propósitos de esta reseña, hablo de la película en su propio universo.

Luna de Cigarras es la ópera prima de Jorge Diaz de Bedoya, alguien a quien evidentemente le corre Quentin Tarantino y Guy Ritchie por las venas, y las películas que veía antes de dormir cada noche mientras escribía el guion de la película probablemente eran Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Lock Stock & Two Smocking Barrels. Que quede claro, no hay nada malo en eso. Después de todo, a Tarantino le corre por las venas Bruce Lee, Akira Kurosawa, y Sergio Leone, y lo importante es saber tomar las influencias y hacerlas propias. La comparación no va más allá de eso.

Diaz de Bedoya firma el guion junto a Nathan Haase, uno de los actores de la obra, y ambos tienen en mente lo mismo: terminar la historia tan rápido como empieza, y meter a sus personajes en tantos embrollos como sea posible en noventa minutos. La trama arranca con la llegada de J.D. Flitner (Haase) al Paraguay para concretar un trato con un capo mafioso conocido como el Brasiguayo. Una vez que el trato se cierra, decide recorrer las noche asuncena sin mucho cuidado. Su inteligencia llega hasta donde llega su dinero, porque fácilmente termina siendo víctima de la noche y los peligros del inframundo urbano.

De hecho, el campo visual de todos los personajes de la película termina en la punta del billete de cien dólares que huelen -a veces, literalmente-. Flitner es recibido por Gatillo (Javier Enciso), que trabaja para el Brasiguayo, pero tiene la intención de sobrepasar a su jefe y empezar su propio negocio, aunque no tiene los compinches más brillantes. Esta clase de películas movidas por la trama siempre depende de personajes secundarios que terminan metiendo la pata solamente para que la trama siga adelante con su caos garantizado, y a pesar de que el humor negro no interviene siempre con éxito, hay suficiente como para que resulte atractivo como se desata el desorden.

Enciso es definitivamente la revelación, aunque Nico García se redime del pobre papel que le tocó interpretar en 7 Cajas. Acá demuestra que no fue su culpa, y que puede construirse un personaje idiota sin caer en el absurdo del sketch. Creo que hay un logro innegable en cuanto a caracterización se refiere, por más que todos los personajes sean unidimensionales. Sentí que todos estaban conscientes de las limitaciones de sus interpretaciones, y trabajaron de acuerdo a esos límites comprendiendo que ninguno poseía ninguna motivación extra aparte del dinero y el poder que eso conlleva. Pero de los que más están en pantalla es fácil discernir qué es lo que quieren, mientras hay otros que aparecen y desaparecen sin entender nunca por qué están en escena.

Presumo que querían meter la mayor cantidad de personas en un tiroteo final, y la película no ofrece razón alguna por la cual todos estén en el lugar. Ciertamente el guion podría haberse extendido por diez páginas más, habiendo ofrecido una mejor motivación para algunas reacciones innecesarias, pero así como el tagline de la película, “con la suerte se amanece”, estos idiotas del narco no amanecieron con el destino de sus lados. Es un lindo torbellino de eventos desafortunados, y todos cumplen sus papeles al pie de la letra, convenciendo y ofreciendo esperanza sobre el futuro.

Luna de Cigarras es la película más bella del cine paraguayo en el apartado fotográfico. Este ofrece una mirada bastante hipnotizante de la noche de Asunción, hasta cuando ocurren destrozos y la sangre se derrama por los bordes de un termo de tereré, todo se ve genial. Creo que alguien como Diaz de Bedoya puede hacer algo bastante memorable con un guion que se incline más hacia sus personajes que hacia la trama, y si este tipo de cine criminal es su estilo, solo le falta poco para dejar una marca que valga la pena seguir de cerca. La película es ligera, se deja ver, y realmente pasa rápido sin aburrir. Si esa misma era la intención de los realizadores, no podría agregar nada más.

Acerca de Emmanuel Báez 2331 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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