‘La Cenicienta’, revive la magia tradicional de Disney

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Es bastante admirable, en una era de puras “revisiones modernas”, que se hayan animado a hacer una adaptación directa y fiel de la obra original de La Cenicienta, y haya resultado en una película que homenajea con respeto y consideración la magia inagotable de Disney. No estoy particularmente en contra de la moda de las versiones actualizadas de cuentos pasados, pero cualquiera puede admitir que es evidente cuando algo no les está saliendo bien, por lo que dejarse llevar por la magia tradicional que ha quedado un poco olvidada, es muy agradable para los sentidos.

La elegancia de esta visión clásica al mando de alguien como Kenneth Branagh, a quien le debemos adaptaciones clásicas shakesperianas como Much Ado About Nothing y Hamlet, es lo que hace que la obra sea memorable. El guion de Chris Weitz es igualmente responsable, con unos diálogos que evocan también aquella sensación de romance latente del cine de los cincuenta, cuando la inverosimiliud de las historias era opacada por la gracia y el estilo de todo lo demás, desde las interpretaciones hasta el vestuario.

Lo que aporta con éxito el 2015 a esta adaptación es un diseño de producción estupendo y un despliegue de efectos especiales que realzan con innegable belleza la magia inherente de un relato tan encantador. Y hablando de encantador -y entrando a hablar de los rostros que se presentan en esta película-, puedo decir que ya no lamento haber perdido a Richard Madden en Game of Thrones, que acá es tan agradable a la vista como lo fue en la serie durante sus momentos más personales; Helena Bonham Carter es una decisión acertada como la Hada Madrina, aunque espero que alguien me explique qué sucede exactamente con su dentadura; y Cate Blanchet es genuinamente despreciable como la Madrastra, aunque solo alguien como ella puede conseguir generar lástima al mismo tiempo.

Sin embargo, es Lily James quien lleva adelante como la joven Cenicienta, con una belleza que no es realmente obvia, sino humilde, y merecedora de tales halagos. Su presencia es apacible, y su actitud es verdaderamente creíble en todo momento, sin sentirse jamás como un intento forzado de emulación de lo clásico. Por supuesto, y así mismo como los relatos originales, todos los protagonistas -a excepción de la principal- no son más que meras caricaturas unidimensionales, aunque los diálogos son ricos en detalles, y la narración de la Hada Madrina es -no siempre- igualmente una dulce remembranza de los cuentos de infancia, agregando acotaciones interesantes.

Pero así como es una película hermosa, es también muy sencilla, en el sentido de que realmente no contiene ningún elemento particularmente único como para considerarse algo grandioso. Si vieron el clásico original de 1950, o si simplemente escucharon alguna vez la historia, ya saben exactamente de qué va todo. Quizás sea necesario, después de todo, encontrar un punto medio entre la fidelidad y la nueva visión, incorporando algo que sea novedoso sin llegar a comprometer la esencia de lo convencional. La propuesta de Branagh, si bin es admirablemente glamorosa, a veces es demasiado noble para su propia conveniencia.

De cualquier manera, Cinderella emociona si les gusta algo de magia sin ser empalagoso. Creo que prefiero un poco más el realismo de aquella adaptación libre con Drew Barrymore titulada Ever After, donde supieron sostenerse a la esencia del romance apartándose de la magia de Disney. Sin embargo, hay suficiente magia clásica en esta versión como para devolver a los grandes a su infancia y para engatusar a una nueva generación de chicos.

Acerca de Emmanuel Báez 2333 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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