‘La Bella y La Bestia’, elegante y encantadora revisión de un clásico atemporal

Sigue intacta la racha de Disney con la adaptación live-action de La Bella y La Bestia, el remake del clásico de 1991, el cual se convirtió en la primera obra de animación en ser nominada en la categoría Mejor Película en los Premios Óscar, adaptando para todo público el inmemorial cuento francés. Esta nueva visión, dirigida por Bill Condon, no conseguirá tal logro, ya que la esencia es la misma y no ofrece algo revolucionario como para romper esquemas, pero sí es una fiel adaptación con una extensión acertada que mantiene la magia y conquista con sus nuevos maravillosos elementos.

Emma Watson interpreta a Bella, una dulce muchacha provinciana cuya vida está repleta de anhelos demasiado grandes para el lugar donde vive. En esta versión, Bella está dotada de un trasfondo más sustancial para hacer de su odisea una aventura más realista, actual, y con el toque feminista que todos esperaban de la película, contando con una de las actrices más vocales en lo que respecta al feminismo contemporáneo. Sin embargo, este y otros elementos nuevos son muy orgánicos, y se ajustan demasiado bien al contexto de la película, solamente extendiéndola en la medida de lo que realmente requiere la historia, sin caer jamás en ningún tipo de dilatación.

De los 84 minutos de la película animada, saltamos a un film de dos horas, con nuevas canciones escritas por el maestro Alan Menken en colaboración con Tim Rice. Las nuevas canciones tienen como propósito dar fuerza al trasfondo de los protagonistas, desde Bella, hasta la Bestia, e incluyendo a los personajes secundarios que son de vital importancia para la trama. Algunas de las canciones clásicas tuvieron alguno que otro retoque en favor de la adaptación, sin perder su propio carácter, pero otorgándole algo más de significado y desarrollo. Con simples cambios como una línea de canción que ahora lo canta LeFou en vez de Gaston, el relato se siente más actual sin traicionar su propia naturaleza, haciendo posible que toda una película que parece más de lo mismo, se sienta como una revisión fresca y emocionante.

La atención al detalle en el diseño de producción es una de las cosas más loables de esta versión, que recrea con impresionante minuciosidad los escenarios de la animación, desde el pequeño pueblo en el que viven Bella y su padre, hasta los misteriosos caminos que unen dicha localidad con la olvidada morada de la Bestia, cuyo castillo asombra en los planos que le dedican. Todo se siente actualizado en lo que respeta a lo visual, pero mantiene esa riqueza clásica para que la nostalgia se fusione exitosamente con las exigencias naturales que van apareciendo con el paso de las décadas. Pequeños detalles como el vestido de Bella, que ahora posee verosímiles espacios para sus libros, o el diseño de los sirvientes de la Bestia, que son menos caricaturescos, son algunas de las características que hacen que la obra funcione a más de un visionado.

El casting es, por sobre todas las cosas, uno de los mayores logros. Watson conquista con su finura y su valentía, además de que tiene una voz realmente angelical, lo que encabezaba mi lista de preocupaciones con respecto a este proyecto. Por otro lado, Dan Stevens convence debajo del maquillaje digital, y brilla en sus propios momentos, ya que el guion de la película le otorga más tiempo a la Bestia, justificando su actitud con un trasfondo familiar sencillo pero suficiente. De todas las canciones de la película, la que más sigue sonando en mi cabeza es “Evermore”, donde la Bestia realmente se transforma en ese ser romántico y humano, antes de que la magia lo haga en el exterior. Sin embargo, estoy seguro de que los más fanáticos quedarán más que encantados con la rendición de Emma Thompson del tema principal, el cual posee la magia que cabría esperar, aunque no puedo dejar de mencionar la colorida y cuasi psicodélica versión de “Be Our Guest”, si bien el acento francés de Ewan McGregor no fue nada especial.

Aun así, es Josh Gad el que casi se roba el espectáculo como LeFou cada vez que está en pantalla, hasta opacando en ocasiones a Luke Evans como Gastón. Su versión del villano es una mezcla de seducción y porte, pero el compinche deleita con sus ademanes y es fácilmente el centro de atención cuando ambos están en el mismo plano, algo que no es tan beneficioso para la presencia del paladín, que no termina de antagonizar al espectador con su versión del arrogante y vanidoso Gastón. Cuando este se topa con su destino final, no me encontré aplaudiendo, pero los últimos segundos de LeFou fueron demasiado gratificantes para un personaje meramente secundario.

Esta es la cuarta vez que Disney adapta a acción real algunos de sus clásicos de animación, lo que empezó hace unos años con Cenicienta, y luego siguió con una nueva visión de La Bella Durmiente en la forma de Maléfica. El Libro de la Selva se mantiene como lo más bien logrado, pero La Bella y La Bestia es la más fantástica hasta ahora. Como musical, mantiene su energía contagiosa, y como fábula, tiene todos los elementos para que los chicos puedan aprender algo, más allá de la innegable diversión de una película muy bien hecha con un romance encantador, si es que buscan solamente eso.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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