‘Kubo y la Búsqueda Samurái’, el poder de la memoria y el cine

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Durante toda la proyección de Kubo y la Búsqueda Samurái estuve tratando de mantener la compostura y apreciar la película atendiendo a los detalles, pero en algún momento cerca del final tuve que ceder porque las emociones ya eran demasiado fuertes. Laika Studios le pone el sello a la mejor película que hicieron hasta ahora, lo cual ya es decir demasiado con la lista de producciones fascinantes que tienen hasta la fecha. Es una obra magistral que en todo momento apela a la inteligencia del espectador, ya sea este niño o adulto, y no fuerza nada de forma innecesaria, dejando que la bella y melancólica historia que tejieron se encargue de envolver a uno en su maravilloso mundo.

La trama, inspirada de principio a fin en todo lo relacionado a la cultura de los samuráis e historias místicas japonesas, sigue a un chico llamado Kubo, que vive cuidando de su madre a lo alto de una montaña. Durante el día, se acerca a un pequeño pueblo, donde hipnotiza a los residentes contando historias con un poco de magia, su shamisen, y papeles de origami, pero por las noches debe permanecer al lado de su madre, ya que tiene prohibido alejarse en la oscuridad. Eso se debe a que luego del ocaso lo buscan las discípulas del Rey Luna, que resultan ser sus tías, con la intención de arrebatarle su único ojo y llevárselo a su abuelo, que es el rey.

El guion firmado por Marc Haimes y Chris Butler no busca llegar al espectador de forma complicada, y entrega una trama que se va desenvolviendo con cierta sencillez que jamás se siente simple porque no se rebajan sino esperan que uno acepte la madurez del relato. A pesar de esa sencillez con que la película avanza, es una historia sobre un chico que perdió a su padre cuando había nacido, ya que este dio su vida por él, y luego, cuando rompe la única regla de supervivencia, su madre se sacrifica, enviándolo antes a una misión para recuperar la armadura de su padre, con la cual podrá enfrentarse al Rey Luna y salvar a todos. El desarrollo es bastante melancólico y los eventos que rodean a la acción pueden ser bien tenebrosos, con lo cual ofrecen un respeto loable al espectador.

Pero lo que hace de esta película una verdadera obra maestra -aparte del increíble trabajo de animación stop-motion con el cual se superan- es que trata acerca del poder de la memoria a través de los relatos. La película empieza con Kubo narrando su propia historia, pero luego descubrimos que son las mismas líneas que utiliza para atraer a los habitantes del pueblo. El protagonista central de sus relatos cobra vida después para convertirse en guía, y cuando le llega el turno de enfrentarse a su abuelo, lo doblega con una verdad irrefutable: todo está en las historias que nos cuentan, esas que se pasan de generación en generación, muchas de las cuales nos convierten en las personas que somos, nos dan fuerza y esperanza. Esa es también la verdad más grande del cine: las películas que más recordamos son aquellas que tienen héroes valientes y aventuras emocionantes, y por sobre toda la parafernalia y los efectos especiales, solo importan las historias que recordamos.

El buen cine es también acerca de esos personajes secundarios que pueden llegar a ser memorables sin robarse el espectáculo, como lo son el simio y el escarabajo samurái que acompañan a Kubo en su aventura. Aunque sus destinos puedan resultar algo predecibles, aportan lo suficiente como para ser no solamente entrañables, sino también esenciales. Y después está la producción en sí, que es imposible no elogiar en cada plano donde se revela un trabajo minucioso verdaderamente extraordinario. La labor es tan prolija que durante gran parte de la película parece que se trata completamente de animación computarizada, pero la belleza de cada creación trae consigo un toque humano directo que se puede palpar en las emociones.

Muy pocas veces una película llega a ser tan sencilla y poderosa al mismo tiempo. El presidente de Laika Studios, Travis Knight, debuta como director con esta historia maravillosa conmueve por una simbiosis magnífica que solamente se da cuando hay verdadera pasión por contar buenas historias. La compañía lo viene haciendo desde Coraline, apostando a que el espectador pueda acompañarlos a sus narraciones, que siempre tienen algo innovador. En Kubo y la Búsqueda Samurái, un chico valiente con un solo ojo demuestra que algunas discapacidades ni siquiera valen la pena mencionar jamás como obstáculo, porque lo que más importa es seguir adelante a pesar de cualquier vicisitud y convertirse en el héroe de su propia historia.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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