‘Jupiter Ascending’, el hermoso desastre de los Wachowski

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Jupiter Ascending empieza con Mila Kunis, la limpiadora de inodoros más pulcra y bien maquillada de la faz de la Tierra, explicando cómo su vida llegó al punto en donde está. Es un prólogo medianamente interesante, al que le sigue una escena de lo más cursi donde tres hermanos extraterrestres discuten cuestiones familiares que no llegan a interesar, porque las actuaciones de Eddie Redmayne, Tuppence Middleton y Douglas Booth se sienten como si hubieran elegido la primera toma del ensayo antes de empezar oficialmente la filmación.

Mucho de la película se siente como ensayo de algo más atractivo, o sobras de algo mucho más grande que podría llamar la atención. Pasa demasiado en dos horas, un montón de personajes introducidos, facciones, política y dilemas sociales, que no hay momento para asimilar toda la información o llegar a compenetrar con alguna de las ideas que los Wachowski quieren presentar. La mitología luce fascinante desde afuera, y el solo pensar en habitar este universo original (película no basada en ningún material existente) me resulta muy emocionante.

Es una lástima que sea técnicamente imponente, mientras el guion queda relegado al borrador que fue apresurado para realizar el trabajo. La historia sigue a una mujer llamada Júpiter, que descubre que es el objetivo de una familia intergaláctica cuya inmortalidad se basa en la cosecha de seres inferiores, en este caso, los humanos del planeta. Ella es rescatada por Caine Wise (peor nombre para un héroe), como parte de una misión encomendada por uno de los tres hermanos Abrasax, hasta que descubre él también el verdadero propósito de su trabajo.

Y luego, Júpiter es rescatada otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez. No me arrepiento de haber visto este desastre de Lana y Andy Wachowski, pero sí me arrepiento de no haber contado cuantas veces el personaje de Kunis es puesto en peligro y rescatado, al estilo más clásico de la damisela en apuros cuyo destino es meramente humillante, sin ninguna otra finalidad aparente. Channing Tatum no es lo suficientemente atrayente como para compensar por la falta de protagonista central, y el hecho de que sea un hombre lobo albino no ayuda.

Es evidente que los Wachowski, dos de los cineastas más progresistas y visionarios de los últimos años, tenían en mente una obra que hablara mucho acerca de la diversidad (los dragones-dinosaurios de la película de Mario Bros. están presentes), y por qué no, con un poco de crítica hacia las leyes que tratan sobre los inmigrantes. Una simpática secuencia muestra como Júpiter, aceptando su papel en el designio de las cosas, debe atravesar una burocrática travesía para poder recibir el título que le pertenece, siendo redirigida incontables veces a otros “departamentos” antes de acortar el trámite con un soborno.

Lo entiendo, quieren hacer un reflejo político actual en medio de una película de aventura espacial, pero hubiese deseado que hicieran un ensayo al respecto, y aprovecharan el tiempo para profundizar más en por qué debería interesarme lo que ocurre en la trama, o en los personajes que pueblan este fantástico universo con detalles que me encantaría analizar en algún material extra.

El logro verdadero de la obra está en el arte. Es visualmente hermoso, con un diseño de producción impresionante que estará genial explorar en algún especial donde hablen solamente acerca de las naves, las armas, las distintas razas, el diseño de vestuario, y los setpieces que podrían haber sido bastante abrumadores si eran acompañados por un desarrollo narrativo a la altura de la belleza técnica que hay. Las secuencias de acción son originales, aunque repetitivas, y la banda sonora de Michael Giacchino no es particularmente memorable.

Esto es lo que ocurre cuando se piensa demasiado en cómo llegar a los ojos y no tanto en cómo llegar a la mente. Speed Racer, otro de los títulos difíciles de los Wachowski, tuvo el mismo problema con su trama, pero aquella película fue un tremendo hito visual como jamás se vio en el cine, a pesar de que los detractores enfocan su disgusto en un guion que no es ni para niños ni para adultos. Jupiter Ascending tiene numerosos planos pensados como para que adornen los fondos de pantalla de miles de computadoras y fue diseñado como para la creación de elaborados fanfics, pero no es para tanta alharaca.

Hay algunos destellos esperanzadores de la acción que vimos en la trilogía Matrix, y los temas de la película son muy reminiscentes de los de esa obra maestra de ciencia ficción. Júpiter descubre que su mundo no es más que una fuente de energía para seres superiores, donde los humanos son simplemente una “cosecha”. Desafortunadamente, ni ella ni su salvador están cerca de ser una pareja tan interesantes como Neo y Trinity.

Acerca de Emmanuel Báez 2282 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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