‘Guerra Mundial Z’, zombies rápidos para un final lento

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***ESTA RESEÑA PUEDE CONTENER ALGUNOS SPOILERS***

No hay mucho que se pueda hacer en el género zombie estos días, a menos que sea Jonathan Levine y veamos una comedia romántica o el dúo Plaza/Balagueró que agregó la cámara en mano a la mezcla varios años antes. Entonces, ¿qué queda por mostrar? Un proyecto que ya tenía tiempo en desarrollo llegó a la pantalla con el título de World War Z, a pesar de que su relación con el libro en el que se basa apenas va más allá del nombre.

La obra fuente de Max Brooks recopila una serie de entrevistas ficticias a los supervivientes de la pandemia mundial que convirtió a los humanos en zombies, provocando una guerra de una década de duración. La propuesta del libro es fascinante y realmente podría haber sido más que interesante ver una adaptación fiel en plan documental, pero lo que recibimos a cambio tampoco está nada mal porque ofrece algunos giros bienvenidos por más comercial que sea el paquete al final. Brad Pitt interpreta a Gerry Lane, un exinvestigador de la ONU que es reclutado de nuevo para ayudar en la búsqueda de una cura contra los “zombies” una vez que se desata el infierno, dejando atrás a su familia y recorriendo el mundo buscando al paciente cero.

La película, dirigida por Marc Foster (Stranger Than Fiction, Quantum of Solace) rompe con las reglas del ritmo narrativo y en los primeros quince minutos apenas ofrece un respiro. Tras una secuencia de títulos sensacionalista con buena banda sonora, que por momentos evoca el sonido del terror zombie de los 80, le sigue una rápida pero eficiente presentación de nuestros protagonistas: la familia Lane. No hay mucho que necesitemos saber de estos personajes que de tridimensionales tienen poco o nada, pero es fácil sentir empatía por ellos gracias a su presentación de típica familia norteamericana de ensueño.

Se quieren, se respetan, juegan entre ellos, y antes de que podamos saber nada más relevante, ya se encuentran en medio de la ciudad huyendo despavoridos de un horror sin nombre que se cierne sobre ellos con una fuerza brutal y una velocidad endemoniada. Frenético y bien dirigido, el primer escape de la familia Lane llega a ser intenso en medio del caos general que se vuelve imparable, y todo gracias a la pavorosa premisa de los “zombies de 12 segundos”. No es un concepto nuevo, ya se vio algo muy similar en películas como 28 Days Later, pero los ingredientes agregados a World War Z son suficientes como para que resulten efectivos. En vez de tener a uno o dos zombies convertidos en cuestión de segundos, tenemos a centenares de ellos, una horda de zombies, y la humanidad se encuentra al borde de la extinción en unos pocos días.

A pesar de que narrativamente es un problema ya que ocurre demasiado en muy poco tiempo, resulta interesante por el simple hecho de imaginarse la situación ocurriendo en la vida real. El tiempo para digerir el problema e idear la solución es bastante corto, y así la película puede arrastrar al espectador en su apremiante desarrollo, que se va desdoblando luego casi con el mismo ritmo sin mayores problemas. La intención de Foster está clara desde el principio, por lo que no tiene sentido juzgar de más la obra. Aparte de Brad Pitt en el centro, los demás protagonistas son bastante descartables por más que tengan alguna utilidad. Mireille Enos es la típica esposa, aunque al menos no es un simple adorno y su presencia durante el escape inicial no se limita a estar en el fondo corriendo detrás de su marido.

Otros secundarios como un ex agente de la CIA, interpretado por David Morse, resulta más intrigante por lo que tiene que contar con respecto a los eventos. El típico personaje misterioso que sale de la nada y tiene información crucial para adelantar la trama, pero presentado de una forma inquietante y algo repulsiva.

La película continúa bien hasta poco después de su primera hora con varias secuencias que no permiten mucho descanso, con hordas de zombies generadas por computadora, algo que es evidente casi en todo momento y le resta esa sensación de pánico íntimo que comparten otras películas de género con zombies más lentos. De cualquier manera, son secuencias bien filmadas que funcionan por una exigencia mediana ya establecida desde el principio, algo que termina siendo el inconveniente mayor con el tercer acto que pretende cambiar el desenfreno que la película venía mostrando hasta entonces, por un desarrollo lento, carente de urgencia y predecible hasta en los detalles.

Este final (que fue filmado de nuevo ya que el final original no agradó a los productores) también cambia al personaje de Gerry Lane, de ser un hombre arrastrado por las circunstancias a un típico héroe americano que encuentra las respuestas con ingenio y se sacrifica por el bien mayor. Tras una serie de coincidencias demasiado convenientes como para tomarlas en serio, la película pierde bastante el empuje y concluye fácil y sin fuerza, y el desenlace “alegre” no es nada satisfactorio.

Aún así, lo bueno es bueno. Brad Pitt mantiene su carisma y su buena caracterización aún con un personaje poco desarrollado, y los puntos sólidos de la historia son de provocar una emoción fácil. Teniendo en cuenta la obvia intención de Foster de hacer algo efímero pero eficaz, World War Z tiene su valor dentro del género zombie, logrando una sensación de violencia extrema aún a pesar de que esta apenas se ve en pantalla. Sumando algunos ingredientes poco gastados dentro del género, la obra termina un poco más allá de lo simplemente memorable.

Acerca de Emmanuel Báez 2264 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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