‘Guerra de Papás’, humor fácil para un tema desaprovechado

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Me gustan las comedias fáciles como a cualquier otro, pero cuando uno sabe que los artistas involucrados en una película son capaces de entregar un producto mucho mejor, es cuando resulta difícil dejarse llevar por bromas repetitivas, básicas, y que no ahondan en profundidad en un tema tan interesante como es la paternidad por partida doble, algo que intenta encarar Guerra de Papás pero falla porque no se atreve a más. Y no es una cuestión de expectativas; solo el día anterior veía Trainwreck, con Amy Schumer, donde las dosis de humor se entrelazaban más que bien con la temática de la madurez y la autoestima, demostrando que se puede hacer reír mucho y conmover al mismo tiempo.

Will Ferrell interpreta a Brad, que siempre quiso ser papá, pero un imprevisto médico se puso en el camino y lo dejó estéril. Sin embargo, disfruta sus días siendo el padrastro de dos niños, llevando una relación sana y romántica con la madre de ellos, y preocupándose genuinamente por la familia, sin importar los lazos de sangre. El conflicto surge cuando reaparece Dusty, el padre biológico de los chicos, interpretado por Mark Wahlberg, un tipo totalmente diferente a Brad y que está dispuesto a lo que sea con tal de recuperar a la mujer y a los hijos.

Ferrell y Wahlberg protagonizaron juntos la mejor recibida The Other Guys, y no se puede negar que tienen buena química en pantalla. No solo juega a favor de la relación el hecho de que sean físicamente opuestos, sino que emanan diferentes tipos de energía cómica que hace que funcionen como dúo. A todos nos gusta ver al tipo duro interactuando con el más enclenque, ya sea que se lleven bien o mal, porque es fascinante ver cómo evoluciona la incompatibilidad entre ambos, y esperamos que sea emocionante cuando finalmente la relación haga ‘clic’ y empiecen a llevarse bien. Es por eso que este tipo de comedias tienen éxito, porque apela a nuestro anhelo del final feliz ya desde el principio.

Sin embargo, el desarrollo deja que desear porque son como un montón de sketches pegados, o uno solo bien extendido, hasta el cansancio. En vez de ofrecer una perspectiva humana a una situación realmente interesante, como lo es el enfrentamiento de egos entre un padre biológico y un padrastro, el guion prefiere el humor fácil, el que tiene que ver con el shock o está compuesto de gags físicos. Son los más evidentes, justamente porque son dos protagonistas bien diferentes, pero por esa misma razón carecen de originalidad, lo que últimamente juega en contra porque ya se vio infinitas veces en otras comedias.

Es penoso porque ambos son geniales en sus respectivos roles, y en las pocas ocasiones en que el guion acierta con su humor, es más que nada gracias a ellos. Y no es que sea mal humor, es simplemente que no ofrece nada lo suficientemente diferente como para que valga la pena pensar en la película una vez terminada. Al menos lo hacen con el esperado final feliz, que convence por la dirección y porque parece que se reservaron el mejor material para los últimos minutos. Punto extra por meter a John Cena, que tiene una presencia cómica genial cuando se da en dosis pequeñas.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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