‘Everest’, una película de poca altura

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Uno de los alpinistas que se anota para la increíble aventura de subir al Everest, al menos en la película, expresa que la razón principal de la hazaña que quiere cumplir es que en casa, con su esposa e hijos, siente una “nube negra” que le persigue todo el tiempo, mencionando que es como una depresión. La subida a la montaña le proporciona el sufrimiento suficiente para sentirse vivo, ya que la misión no está nada exenta de situaciones difíciles que hacen que el cuerpo humano comience a descomponerse lentamente, y pocas cosas son tan cortantes como el punzante frío de las altitudes.

Realmente hubiese deseado que toda la película se centrara más en su historia, al menos para tener cierto peso que haga que toda la odisea se sienta trascendental, porque a pesar de que se trata de un desastre humano bastante penoso, el relato en la pantalla grande no es uno que interese más allá de la triste anécdota y la invitación a conocer más del suceso, luego de terminada la obra. La película, firmada por Baltasar Kormákur, es un paseo de nombres de altura, pero con personajes de poca profundidad.

Josh Brolin interpreta a Beck Weathers, uno de los dos o tres alpinistas cuya presencia en la historia tiene algo parecido a un trasfondo, aunque al final no son más que retazos de una historia. En casa está su esposa, con quien tiene una relación algo oxidada por el paso de los años, además de dos hijos. Jason Clarke hace de Rob Hall, el líder de la excursión, cuya experiencia ofrece seguridad y sabiduría para la aventura, pero cuyas decisiones inesperadas resultarán en un final trágico para muchos de los alpinistas. En casa está su esposa, que se encuentra con un embarazo avanzado y una preocupación constante.

Estos dos son los únicos protagonistas que cuentan algo interesante, aunque hay otros que podrían ser más llamativos en el centro de esta película. Lo más atractivo queda relegado a hermosos e imponentes planos de la montaña desde todos los ángulos posibles, que luego de un rato ya se sienten repetidos. La película gasta gran parte de la trama en el entrenamiento previo que los alpinistas tuvieron antes de la subida final, y en el entretiempo, un poco de drama personal y familiar para aclimatar al espectador, aunque al final, es un guion desprovisto de suficiente calidez.

No se puede negar que el talento de los actores que intervienen hace que la travesía sea más llevadera. Jake Gyllenhaal está estupendo como un líder excursionista que es competencia directa del equipo comandado por Rob Hall, así como John Hawkes que ofrece la nota tierna de un alpinista buscando cumplir con el objetivo para servir como inspiración para los niños de una escuela. Keira Knightley hace de la esposa de Hall, y siempre que se pone melodramática me resulta insoportable, aunque acá está contenida y agradable en su pesar.

Everest podría haber sido un gran homenaje a unas personas que dieron su vida por ir al límite de lo humano, pero la naturaleza de la tragedia es una que queda mejor con un trato documental. El ojo de Kormákur es decente en el retrato de una desgracia en la que fallecieron varias personas, y resulta relevante como para conocer superficialmente cómo sucedió todo, pero narrativamente es una excursión que muere a muchos kilómetros del ascenso final.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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