‘Elysium’, espectáculo distópico sobrecargado de crítica social

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Con District 9, Neill Blomkamp demostró que podía mezclar comentario social con una gran historia de ciencia ficción que se alejaba bastante de clichés y se beneficiaba otro tanto de un elenco desconocido y una propuesta realmente interesante. Con Elysium, aprovecha un presupuesto muy superior para elevar su crítica con un relato que literalmente se mueve entre dos mundos, señalando una problemática sociopolítica mediante alegorías, entreteniendo con un desarrollo de acción estupendamente filmada, y contando una historia íntima que se pone emotiva.

La misma sigue a Max (Matt Damon), un trabajador de una fábrica de robots situada en la ciudad de Los Angeles en el año 2154. En algún momento del siglo anterior, la economía mundial estalló y la Tierra lentamente fue consumiéndose en la pobreza y la miseria, dejando a los menos privilegiados en el planeta mientras que los más adinerados juntaron recursos para construir una estación espacial con forma de anillo denominada Elysium, donde absolutamente todo es despreocupaciones y riqueza, y donde poseen tecnología tan avanzada que es capaz de curar hasta las más terribles enfermedades.

No se le puede negar a Blomkamp su ojo para filmar imponentes escenarios distópicos de forma bien aterradora, señalando preguntas relevantes exponiéndolas a través de un refuerzo visual de la catástrofe social mediante panoramas de gran contraste. Así es como alterna la historia de Max, un pobre trabajador con sueños truncados de ir a un lugar mejor, con la de la Secretaria Delacourt (Jodie Foster con un acento inglés horripilante), encargada de la seguridad de Elysium y bastante irritada con la política superior que le impide ser tan villana como querría. A todo esto hay que sumarle constantes flashbacks a la infancia de Max, cuando era amigo de una chica llamada Frey, ambos anhelando ir a Elysium, y esta película es básicamente una obra saturadísima de crítica por parte de un Blomkamp increíblemente enojado con el sistema.

El desarrollo de la película se ralentiza con la presencia de varios secundarios cuyas bases o motivaciones no están del todo claras, aunque últimamente el hecho de que estos estén solo para el entretenimiento de la superficie y no tanto para el comentario social de fondo no afecta, ya que de cualquier manera hay demasiada crítica constante en la dirección, los escenarios y personajes que mueven la historia. Entre Max y la Secretaria Delacourt está Kruger (Sharlto Copley), el villano físico de la película que realmente solo sirve para la acción; Spider (Wagner Moura), un hacker que intenta liderar una especie de revolución que acaba más en muertes indeseadas que victorias; Julio (Diego Luna), el único amigo de Max que intenta ayudarlo con sinceridad; John Carlyle (William Fichtner), ejecutivo de la fábrica de robots; y por supuesto, Frey (Alice Braga), el interés amoroso.

Todos estos secundarios son unidimensionales y predecibles, pero la mayoría de estos actores logran imprimir un carácter bien marcado a sus personajes como para que se sientan menos superficiales, y al final, un poco más relevantes. Estereotipos que funcionan porque son personificados con la credibilidad suficiente como para que sus acciones y destinos se resientan. Algunos, como Fichtner, son fríos y mecánicos, como si su personaje no fuera nada más que el traje que lleva, y podemos discutir sobre si es un pobre desarrollo de personaje o si forma parte de la crítica de Blomkamp que se refiere a la desconexión social que tanto remarca.

El material que envuelve la sustancia es ciencia ficción más que interesante, un diseño de producción verdaderamente alucinante y secuencias de acción memorables que se ponen intensas en los momentos exactos y dan un respiro cuando es necesario. Matt Damon no está tan físico como lo estuvo en la trilogía Bourne, pero se sigue defendiendo bastante bien como un héroe que es verosímil en sus debilidades y su transformación. Max lleva un exoesqueleto que el equipo de Spider le inserta para una misión, y es una buenísima excusa para ofrecer escenas de combate que llegan a ser asombrosas, gracias más que nada a una dirección sobria que permite que se entienda lo que ocurre en todo momento. Es un notable plus el hecho de que la película sea para mayores de edad, así hay un poco de acción gore gratuita que sorprende.

Hay preguntas sin responder en Elysium, es cierto, y Blomkamp sobrecarga la película con contrastes en vez de aprovechar el tiempo para desarrollar a sus protagonistas y explicar un poco el trasfondo de su crítica. Aún así, es una propuesta que cumple con lo básico de su premisa y deja en el aire el debate para el después, habiendo acertado mayormente en ofrecer un espectáculo bien trabajado con desenlace esperanzador y satisfactorio.

Acerca de Emmanuel Báez 2364 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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