‘El Sueño de Walt Disney’, el cálido origen de Mary Poppins

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Pocas veces nos cuentan en el cine los desafíos artísticos que tuvieron las realizaciones de inolvidables películas, y todavía más pocas veces sale algo que sea digno de la historia contada. Se me ocurren varios esfuerzos recientes que se quedaron a medio camino al intentar traer a la vida a cineastas icónicos, entre los cuales resaltan ambas películas sobre Alfred Hitchcok que se realizaron en el último año, pero Saving Mr. Banks es una entrada que queda en la columna de éxito más que entretenido.

La historia se sitúa en el medio de la relación de trabajo arriesgada entre Walt Disney y P.L. Travers, escritora de la novela de Mary Poppins que terminó siendo llevada a la pantalla grande en 1964, unos veinte años después del lanzamiento del libro. La memorable realización de la película comienza con esos veinte años durante los cuales Disney intentó conseguir los derechos de la publicación, sin éxito alguno, ya que Travers no creía para nada que una adaptación pudiera honrar su obra, además de que no estaba para nada de acuerdo con los términos del contrato.

La realización de esta película es casi tan arriesgada como la que recuerda, ya que se trata de la primera vez que Walt Disney es interpretado por alguien en la pantalla grande. Tom Hanks poniéndose en su piel hace un trabajo magnífico, reviviendo hasta los aspectos más minúsculos del artista, aunque no le doy puntos a maquillaje por algo tan sencillo como el bigote que no lo aciertan, pero ya es ponerse innecesariamente quisquilloso. Es también loable que hayan incluido, aunque sea en menor medida, algunos de los aspectos negativos de Disney, como que fumaba excesivamente o que al principio decidió no invitar a Travers al estreno de la obra.

Ese riesgo, aunque sea mínimo, le agrega suficiente autenticidad a la trama como para que se sienta algo imparcial y ofrezca la oportunidad de juzgar un poco a los protagonistas desde lejos. Aunque es algo mínimo, ya que el resto del tiempo está más que claro que el director John Lee Hancock quiere engatusarnos con sentimentalismo, mientras se van mostrando escenas de la infancia de la novelista, que habría tenido impacto en toda su vida, así como su actitud hacia las demás personas y su creación de Mary Poppins. Este psicoanálisis melodramático funciona también gracias a Annie Rose Buckley, que interpreta a Travers de niña, y Emma Thompson, que lleva adelante su versión adulta carcomida por la vida.

El gramo cómico de la película deviene de las situaciones en las que Travers se muestra tal cual ante los demás, con su personalidad áspera y de casi imposible trato, criticando todo lo que se cruzara en su camino. Realmente no veo de qué otra manera podrían haber encarado su agrio perfil, ya que daría para una biografía intensamente seria, pero es un acierto que hayan decidido buscarle el humor a sus irritantes reacciones, y Thompson indudablemente es la mayor responsable de esto. Experimentada como es, le dota de gran naturalidad a la escritora, y hasta consigue darle cierta gracia no merecida, al menos según la historia oficial.

Como cualquier biografía llevada al cine, es comprensible que se tomen alguna que otra licencia para contar más que nada la esencia de la verdad, pero Saving Mr. Banks realmente la atina en la mayoría de los detalles más importantes, como las reuniones entre ella los y compositores de la adaptación que fueron grabados para que haya un registro de todo lo que se acordaba. Genial detalle que en los créditos finales reproduzcan una de las grabaciones reales, simplemente como sello de autenticidad comprobada.

La película se completa redonda con secundarios como Colin Farrell que personifica al padre de la escritora, y Paul Giamatti, como el chofer encargado de su transporte una vez que llega a los Estados Unidos, y aparentemente la única persona que es amable con Travers a pesar de todo. Si fue así realmente, es un misterio, pero es un agregado que hace suave contrapeso para tolerarla un poco más, aunque para el tercer acto ya la muestran más agradable y distendida. Una encarnación exacta no hubiera sobrevivido al censo de los productores actuales de Disney, que ante todo, no dejarán que nada manche la imagen de la compañía y su historia.

Es un hecho conocido que P.L. Travers terminó odiando la película a pesar de haber firmado finalmente los derechos, y que Walt Disney intentó persuadirla para realizar secuelas basadas en los demás libros, rebotando aún más monumentalmente que antes, pero esta representación de los hechos termina siendo una película cálida con dosis adecuadas de sentimientos y algún que otro intento por conmover para disfrazar una verdad amarga. Eso no hace que sea una presentación completamente sincera, pero sí un homenaje apropiado que también reconoce el importante valor de Mary Poppins como parte de la historia de la literatura infantil y del cine.

Acerca de Emmanuel Báez 2282 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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