‘El Juego de Ender’, ciencia ficción en piloto automático

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Ciencia ficción no puede ser solamente innovación, y es un problema constante que se ve en muchas películas que pretenden pasar por inteligentes solamente porque muestran algo que no se vio antes. Es fácil confundirse cuando efectos visuales bien trabajados distraen de lo que realmente importa: el guion, la historia, los personajes. El Juego de Ender tiene las de ganar con una premisa más que llamativa que pone a adolescentes entrenando para una segunda guerra contra una raza alienígena, pero la desperdicia totalmente en favor de puro espectáculo visual que ni siquiera es tan interesante para empezar.

La historia sigue específicamente a Ender Wiggin, un chico bastante inteligente que es reclutado por la Escuela de Batalla con la intención de convertirlo en el próximo comandante de la guerra que se avecina. Allí será entrenado por el Coronel Graff en una serie de juegos que consisten en pelear en equipo en gravedad cero, y así también pasará por varios obstáculos personales que lo irán preparando para el inminente conflicto bélico, que en todo momento se sugiere apoteósico aunque nunca se llega a nada parecido.

Y el problema no está para nada en que se trata de una adaptación de una novela donde originalmente los protagonistas tienen entre cinco y seis años y se pasan discutiendo sobre política, guerra, tácticas militares y dificultades personales como si fueran adultos, sino que a pesar de que se pueda llegar a aceptar estos cambios con respecto al libro, realmente el guion no tiene por donde sostenerse. El director Gavin Hood firma también como guionista, y falla notablemente transfiriendo cualquier emoción necesaria como para que importe el destino del héroe, de los demás, y de toda la raza humana.

Interesa poco que Assa Butterfield sea un joven actor con futuro prometedor, que ya demostró anteriormente que es capaz de sobrellevar escenas de cierto peso emocional, porque la verdad es que su personaje es bastante plano y poco o nada sabemos de él desde el principio, cuando el director ya busca empatía por parte del espectador sin éxito alguno. Se sabe que Ender tiene una familia especial, aunque hay escasos detalles sobre su origen. Se subentiende que viven en un futuro con problemas de superpoblación y con una situación sociopolítica cuestionable, aunque no profundizan para nada en esto. Y así, los aspectos que podrían empujar con fuerza la trama para adelante, son relegados en favor de diálogos trillados y relaciones poco convincentes que no llevan a nada.

Sin embargo, y como muchas películas futuristas, se aplaude un diseño de producción pulido que hace que el tiempo se sienta real. Además, hay un puñado de escenarios en toda la historia, pero son escenarios detallistas, bien cuidados y atractivos. La mitad de la película se desarrolla en la estación espacial que sirve como campo de entrenamiento, y donde los chicos practican en gravedad cero formando equipos. No se comprende exactamente qué sucede en varias ocasiones, pero como los personajes parecen entender todo demasiado bien, demasiado rápido, entonces uno simplemente se deja llevar y deja que todo pase como sea. Así es como entretiene a ratos, sin ver más allá de lo evidente, y el entrenamiento resulta pasable y lo demás se deja ver.

De hecho, todo pasa tolerable gracias a Butterfield y el resto del elenco joven, a pesar de que no tienen mucho para ofrecer. A él lo acompañan Hailee Steinfeld como otra recluta que lo ayuda a ponerse al tanto de todo, además de Abigail Breslin como su hermana, que sirve como su único contacto con la gente de la Tierra. Por otro lado, los adultos están terriblemente desaprovechados, y algunos de ellos parecen tener expresión de sufrimiento aunque deberían demostrar lo contrario. Harrison Ford está más vacío que nunca, si es que eso es posible, y Ben Kingsley está tan inexpresivo que podría simplemente hacerse pasar por pared y nadie lo notaría. Viola Davis le imprime cierta emotividad a su personaje, y se agradece dentro de todo. Luego de eso, la única emoción restante yace en las secuencias de ejercicios, donde atraen los efectos visuales y algo de inteligencia en las coreografías.

No sé si el dilema central de El Juego de Ender es que se trata de una historia que raya lo inadaptable. Tal vez alguien menos impersonal hubiese encontrado la forma de rescatar el ingenio y el riesgo emocional de la obra original, porque la falta total de peligro hace que toda la odisea se sienta irrelevante. No le puedo quitar sus buenos momentos esparcidos, una hermosa fotografía, una banda sonora memorable, sus vistosos simulacros de videojuegos, pero estos elementos no quedan de pie porque la película no da tiempo para conocer más de este mundo, que se antoja muy provocativo, pero se queda a medio camino de estimular los sentidos.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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