‘El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos’, una emocionante despedida de la Tierra Media

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Sin duda alguna se siente algo raro al empezar este último capítulo de la trilogía  de El Hobbit, y se debe a que lo que alguna vez eran dos películas, ahora son tres. Fueron dos películas acerca de la grandiosidad de Smaug, y como su presencia era básicamente igual de terrorífica que la de Sauron mismo, y sin embargo, es despachado con relativa facilidad y suerte durante el inicio de La Batalla de los Cinco Ejércitos. Así mismo, Azog, un mero villano secundario durante las entregas anteriores, ahora toma el centro sin haberlo merecido.

Pero eso es casi todo lo que tengo para decir de malo de esta última visita a la Tierra Media. Aunque palidece un par de veces más adelante, es un gran viaje de ida y vuelta que culmina con un espectáculo imparable perfectamente coreografiado con secuencias maravillosas de acción que dejan a relucir un Peter Jackson que se extrañaba bastante. Casi perdí las esperanzas con Un Viaje Inesperado y La Desolación de Smaug, que aunque no eran para nada malas películas, sí carecían de ese asombro único de The Lord of the Rings.

Este final del camino no es memorable en el mismo sentido, y dudo mucho que ninguna obra jamás llegue a ser igual de histórica como lo fue aquella trilogía, pero hay muchas cosas por las cuales asombrarse acá. Es la pelea final entre los enanos y los elfos y los hombres, aunque eventualmente estos unirán fuerzas, ya sea por accidente o por inercia, para derrotar a los orcos y los monstruos de Azog, que vienen preparados para tomar la montaña una vez que Smaug es derrotado.

Y en algún lugar está el pequeño Hobbit, ese ser que no es ni enano ni es hombre, y que tiene un coraje extraordinario, bastante inusitado para su tipo, con un aire encantador casi infantil, pero inteligente cuando es necesario. Martin Freeman sigue siendo una brillante elección, y hace que Bilbo Baggins sea realmente agradable, más aún porque en esta última entrega su personaje está más contenido, a diferencia de las anteriores, y eso le hace parecer más a Ian Holm, al Bilbo que conocimos en The Fellowship of the Ring.

The Battle of the Five Armies se siente como una película completamente distinta. Los enanos ya recuperaron la montaña y sus tesoros, Smaug está muerto, todo parece estar en orden, pero surgen nuevos conflictos inesperados que dilatan la victoria y la convierten en un terror más peligroso, aquel que tiene que ver con las luchas internas y los enfrentamientos raciales que ya se hacían notar anteriormente. Si bien The Lord of the Rings usaba la diferencia de razas de los protagonistas como simple broma, acá es un tema serio. Los elfos, los enanos, y los hombres no se llevan para nada bien, y la tensión social se convierte en militar.

Thorin empieza a ser consumido por el hambre de los enanos hacia el oro, y su felicidad por haber recuperado Erebor rápidamente se transforma en codicia, perdiéndose a sí mismo lentamente. Sus amigos quedan a la deriva, pues a pesar de todo, los enanos son extremadamente leales, y sin un líder, ni siquiera imaginan la vida siguiendo a alguien más. Con los humanos buscando refugio y los elfos repentinamente buscando también su parte del tesoro, crece la incertidumbre, y todo parece ir cuesta abajo por culpa de una mezquina hostilidad. Gandalf y Bilbo retrasan la lucha el tiempo suficiente como para que Azog aparezca, y la película se ponga realmente buena.

Como dije, no es para nada The Two Towers ni mucho menos The Return of the King, pero es un emocionante desenlace, y compensa por la falta de emoción de las entregas anteriores. No sé qué tanto de la historia es inventada y qué tanto pertenece al libro, pero Jackson encuentra la forma de hacer que casi todo encaje bien y que poco se sienta fuera de lugar. Hasta esa relación insípida entre la elfa y el enano de la segunda película acá parece real, como si ya hubiera conquistado anteriormente, y el Concilio conformado por Elron, Saruman, y Galadriel recibe su parte del juego demostrando sus verdaderas habilidades en combate. Una fascinante secuencia solo insertada para conectar a Saruman a Sauron.

Aunque las batallas alcanzan finalmente su grado de exaltación, carecen de identidad porque Jackson se olvida completamente de asustarnos con el rostro de sus enemigos. No hay nada parecido a esos rostros espantosos de los Uruk-hai porque el ejército de orcos acá es básicamente digital, así como Azog, que no infunde miedo real porque es evidente en todo momento que se trata de un personaje inexistente. Nada llega a la altura del intenso enfrentamiento entre Aragorn y Lurtz en The Fellowship of the Ring, y eso es lo que podrían haber hecho con la pelea entre Thorin y Azog.

De cualquier manera, es una buena pelea, y Thorin pasa a la historia como un gran luchador. The Hobbit: The Battle of the Five Armies es frenética, imparable, y emocionante. Finalmente toma vuelo después de dos producciones medianas, y se siente mejor el regreso a la fantasía y la mitología de Tolkien, al menos en el cine -los fanáticos de los libros siempre son tema aparte para mí-, aunque me decepcionan algunas cosas como una banda sonora sin vida, que no destaca en absoluto. Pero sumando a todo lo bueno que ya mencioné, un epílogo que va directo al grano y no ofrece veinte finales como The Return of the King.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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