‘Deadpool’, rompiendo las reglas del juego

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Steven Spielberg molestó un poco el año pasado cuando se refirió al cine de superhéroes como una moda de temporada, recordando cómo el western murió de forma comercial pasado los años sesenta y solamente siguió viviendo de forma esporádica. Lo cierto es que en los últimos quince años, las películas de superhéroes tuvieron sus altibajos, y en ciertas ocasiones, ya se siente un aire de repetición que irá desgastando el género a medida que se agoten las propuestas. Sin embargo, al final todo se reduce a la creatividad, y en el caso de Deadpool, estamos hablando de uno de los títulos más originales que tuvo el género desde su nacimiento. A este ritmo, creo que todavía tendremos unos veinte años más de buen cine comercial de superhéroes.

Bueno, sabemos que la palabra superhéroe no se aplica a un personaje como Wade Wilson, un exoperativo de las Fuerzas Especiales que trabaja como mercenario de poca monta hasta que se enamora de una prostituta que encaja perfectamente con su estilo de vida. Para cada roto, hay un descosido, y Wilson sabe que alguien como Vanessa no llegará jamás a su vida por un simple capricho del destino, por lo que agota sus energías para enamorarla de la forma más cursi y apropiada posible, al menos según sus estándares para ambos factores. El problema yace en que, cuando la relación está en su punto más idealista, Wilson recibe la noticia de que padece de cáncer en etapa terminal, por lo que los sueños de ambos son truncados.

La película no empieza con esta historia, sino con una brutal secuencia de acción que no es más que una bien trabajada extensión de la secuencia filtrada hace un par de años, que finalmente consiguió que la película recibiera la luz verde para realizarse. El director Tim Miller dirige a Ryan Reynolds en uno de los proyectos que más lo apasionaron en su carrera, algo que es evidente porque interpreta a Wilson/Deadpool con una bravura que contagia y no deja espacio alguno para el más mínimo aburrimiento. No es la mejor película basada en comics de Marvel, pero sí es la más divertida e irreverente que se hizo hasta ahora. Énfasis en divertido. Reír es muy bueno, y el factor humor acá se mezcla gloriosamente con la acción, la parafernalia, las referencias, el melodrama romántico, y el factor meta pocas veces explorado en el cine de forma tan entretenida.

La narración en racconto ofrece una buena oportunidad de variar con el dilema de contar el origen del personaje, una cuestión que también está gastando al género. Pasar de ver a Deadpool en acción a Wilson en otro tipo de acción es beneficioso para la trama que se va desdoblando con ingenio, mucho humor ácido y paródico con respecto a su propia situación inimaginable de película comercial basada en comics que no tendría que haber existido pero existe, y un ligero drama superficial disfrazado de profunda historia de amor, para tratar de abarcar el mayor público posible. Digo, no es para sentir pena ni tristeza por Wilson porque sufre de cáncer y se someterá a un tratamiento ultra doloroso por el amor de su vida, porque no es más que una fachada para un relato de origen interesado más en el traje que en el antihéroe, pero igualmente no se le puede refutar nada porque el resultado es sumamente simpático y ocurrente.

Desde los créditos iniciales hasta el constante quiebre de la cuarta pared, es una película que disfruta sobremanera su propia existencia, se ríe de sí misma, y no escatima en oportunidades para burlarse un poco del género y la industria que lo gobierna, que depende enteramente de que el público acuda en masa al cine para que algo como esto sea posible. En un momento dado, hay un chiste con respecto a la ausencia de figuras del grupo X-Men dando a entender que se debe al bajo presupuesto de la producción, algo que seguramente mejorará en la secuela debido al éxito asegurado de esta. Líneas como estas hacen que la historia sea firme en su humor consciente, que funciona de maravillas la mayor parte del tiempo. “Los verdaderos héroes de esta historia”, se lee al principio durante los créditos, cuando se mencionan a los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick. Ambos escribieron Zombieland, así que están en su terreno y realmente merecen los aplausos.

Deadpool no innova en cuanto a acción, y la mejor secuencia es la inicial. Además, su villano de turno no es más que memorable, y solamente existe para justificar al mismo Deadpool, un problema que sí es recurrente en películas de este tipo. Las intervenciones secundarias de Morena Baccarin y T.J. Miller son bien acertadas, así como los X-Men Coloso y Negasonic Teenage Warhead, que realmente tiene un nombre tan genial que se le perdona que sean tres palabras. Creo que Spielberg es uno de los artistas más grandiosos de la historia del cine, pero Deadpool encontraría la forma de reírse en su cara y asegurarse de que se trague sus palabras de una forma bien subversiva. Espero que haga algo así en la secuela.

Acerca de Emmanuel Báez 2384 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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