‘Creed’, saluden todos al nuevo campeón

La idea de una nueva película de Rocky se hacía impensable hace unos años, a pesar de que había rumores de que Sylvester Stallone podría interpretar al icónico boxeador una séptima vez. Después de todo, la última película fue una nostálgica despedida, bastante coherente con toda la saga, y muy emocional con respecto a sí misma, encapsulando en una buena historia todo lo que había acontecido, y dándole una oportunidad al personaje de enfrentarse a la vida una vez más. Pero esa era la despedida de Rocky, mientras que Creed es el inicio de una nueva mitología que tiene potencial de convertirse en el campeón del cuadrilátero para toda una nueva generación, y la presencia de Rocky Balboa es apropiada por ser una de las mejores transiciones generacionales jamás hechas en el cine.

La trama se centra en Adonis Johnson, hijo no reconocido de Apollo Creed, que nació después de la muerte de su padre, producto de una infidelidad. Adonis creció entonces sin figura paterna, y cuando era chico, también falleció su madre, por lo que su infancia se resume en casas de adopción y centros juveniles donde descargaba su frustración hacia la vida con peleas constantes. Una luz de esperanza lo endereza un poco cuando aparece Mary Anne, esposa de Creed, y decide adoptarlo, ayudándolo con su educación y su futuro, alejándolo en la medida de lo posible de las peleas. Sin embargo, Donnie crece idolatrando a su padre y acudiendo a peleas clandestinas, donde busca construirse una imagen propia, con un historial considerable de victorias.

Aun así, sabe que necesita de alguien más para ganarse la vida boxeando, y para ello acude a Rocky, que sigue viviendo en Filadelfia, dirigiendo su pequeño restaurante inspirado en Adrian, sin pensar demasiado en otras cosas más que las anécdotas de siempre y el trajinar de cada día. Michael B. Jordan está fantástico como Adonis, con una energía propia y una determinación convincente que lo empuja para adelante. Su trasfondo es sólido, provocando empatía instantánea y generando ganas de que suba al ring lo antes posible. Su enojo es palpable, así como su decepción de no haber conocido a su padre, con quien podría haber compartido demasiado. Esa desilusión lo impulsa a seguir sus sueños, y el compromiso de Jordan convierte al personaje en alguien más que memorable.

Inicialmente, Balboa no accede a entrenarlo, pero los viejos hábitos no mueren fácilmente. Rocky sigue teniendo ese corazón de campeón, y presiente que Donnie lo lleva consigo, aunque todavía no sabe cómo canalizar esa angustia que lo ayudó a sobrevivir para llegar a ese espíritu luchador humilde y consciente de su propia realidad y sus propios miedos. La película es una gloriosa victoria en todo sentido, y uno de esos triunfos es tener a un personaje legendario y no abusar de él de forma nostálgica, sino en el sentido más práctico posible, convirtiéndolo en un loable mentor para alguien que no es muy diferente a él cuando era joven. Los discursos acerca de los temores y los demonios del pasado son inteligentes y acertados, y con ello recuerdan por qué Rocky era un personaje tan querido. Por supuesto, Stallone está mejor que nunca y se merece cada uno de los laureles que está recibiendo, en especial en una emotiva escena donde debe hablar de su hijo, Sage Stallone, que interpretó a Robert Balboa en la quinta película. Sage falleció abruptamente en el 2012, y la escena donde hablan de él tiene un aura de aflicción muy perceptible.

El director Ryan Coogler se acerca con sumo respeto y consideración hacia la historia en su segundo trabajo detrás de cámaras tras haber dirigido a Jordan en la personal Fruitvale Station, y deja una firma indeleble con un ojo que sabe exactamente donde colocarse, en especial cuando se trata de las escenas de boxeo o entrenamiento. De entre todas las películas con Rocky, esta es la que le dedica más tiempo a los montajes y los enfrentamientos, y entrega lo que creo que es una de las mejores secuencias de boxeo en la historia del deporte en el cine. La primera pelea oficial de Donnie es un plano secuencia real de unos seis minutos, que es una espectacularidad técnica, narrativa, y psicológica, introduciendo al espectador en una pelea como nunca lo hizo ninguna otra película del género.

Coogler, que también firma el guion junto a Aaron Covington, realmente conoce y admira el legado de Rocky, no solamente su historia pugilística sino también sus odiseas personales, y sabe que Rocky no hubiera sido el mismo sin la presencia de Adrian. Cuando llega a Filadelfia, Adonis conoce a Bianca (Tessa Thompson), quien lo hipnotiza instantáneamente. Lo mejor de su personaje es que es ella misma, sin necesidad de él, una persona que sigue sus propios sueños y tiene sus propios problemas, lo que la hace muy relevante y la convierte en una musa, apoyando a Donnie cuando lo necesita, y viceversa. Thompson es elegante en su estilo, y carga con Bianca con convicción, sin aparente esfuerzo.

Creed presenta al nuevo campeón, y es de apreciar que no solamente respeta el legado de un héroe como lo fue Balboa, sino también de Apollo, que fue un gran protagonista secundario en las primeras cuatro películas. Es una iniciación alucinante, cargada de emociones intensas y mucho brío, acompañado de una banda sonora igualmente efectiva, compuesta por Ludwig Goransson, que se toma su dulce tiempo en llegar al inolvidable tema de Rocky, y solo lo usa un poco, volviendo rápidamente a su espíritu propio. Esta es una historia totalmente fresca, que busca su camino y apunta al corazón, acertando en todos sus elementos, y entregando a un protagonista que puede convertirse en el modelo a seguir de toda una nueva generación.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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