‘Cazafantasmas’, geniales heroínas para una nueva generación

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El remake de Cazafantasmas no es una oda al feminismo, pero el hecho de que esté protagonizado por mujeres es una acertada decisión creativa que evita comparaciones, como podría haber ocurrido, por ejemplo, si estuviese protagonizado por alguien como Seth Rogen o Jonah Hill. Si hubiese sido el caso, estaríamos hablando inevitablemente de quién se parece más a Bill Murray, pero ninguna de las protagonistas tiene un humor que podría asimilarse al del trío original, lo que me lleva a no comparar de forma radical ninguna de las dos películas. Tienen sus semejanzas, pero son obras bastante diferentes, y eso trae consigo cosas buenas y cosas malas.

Luego de dominar el terreno del humor femenino en los últimos años, Paul Feig se vuelve a reunir con Melissa McCarthy y Kristen Wiig para hacer algo que apunta directamente a un público contemporáneo, entregando de vez en cuando guiños para los que no pueden despegarse de la nostalgia, aceptando que es algo ineludible. Se suman dos alumnas de Saturday Night Live como lo son Kate McKinnon y Leslie Jones, para formar un cuarteto propenso a la improvisación, algo que, como es normal, no funciona todas las veces. Sin embargo, Feig hace que esta película sea enteramente suya y, aunque se aleja de la original tomando un rumbo blockbuster algo genérico, lo hace con mucha energía visual y aprovechando al máximo la increíble química entre las mujeres.

La trama no es muy diferente. Comienza con Erin Gilbert (Wiig), que está esperando una posición permanente en un prestigioso instituto, cuando sus posibilidades merman rápidamente tras la aparición online de una nueva edición de un libro sobre lo paranormal que había escrito hace años, y que ella pensaba había dejado de existir. Descubre que el mismo fue reeditado por la coescritora, Abby (McCarthy), con quien había tenido una amistad de varias décadas, hasta que ambas tomaron diferentes caminos en la vida. Allí descubre que Abby sigue esperando tomar contacto con algún ente paranormal, y tiene la ayuda de Holtzman (McKinnon), una brillante ingeniera con una actitud peculiar y fuera de lo común. Las tres terminan experimentando una presencia malévola en una casa donde ocurrió un suceso unos días atrás, y con ello terminan convencidas de la existencia de fantasmas.

De ahí en adelante la película toma un rumbo algo predecible en el cine comercial de superhéroes, aunque la premisa es lo que hace que sea bien divertido a pesar de lo previsible. Entre que empiezan a investigar acerca de las nuevas apariciones que se están dando a lo largo y ancho de la ciudad, también van probando los gadgets que va inventando Holtzman. La película original era bastante lineal, lo cual servía bien para la época, pero en esta tienen hasta montajes de entrenamiento, algo que se volvió muy común en Hollywood. El giro de tuerca es que están probando dispositivos para atrapar y eliminar espectros, y son objetos que serán el deleite de cosplayers de ahora en más. Son secuencias geniales que mantienen arriba la energía cuando no ocurre nada realmente interesante.

Durante la investigación descubren que los fenómenos están siendo provocados por un humano, un hombre en busca de venganza por haber sufrido años de acoso y maltrato por parte de la mayoría de las personas. Es una idea gastadísima, y que podría haber sido mejor trabajada, pero que desaparece tan fácilmente que poco o nada importa, ya que da lugar a las situaciones más memorables de la película. La misma empieza pequeña, con situaciones que apuntan a crear una relación entre las tres mujeres, y la posterior adición de Patty (Jones), que es un fuerte estereotipo que solo funciona porque Jones es genial en el papel, y termina con un gran enfrentamiento entre las cazafantasmas y todo un ejército de seres que llegan desde el más allá. Es evidente que es una secuencia pensada solamente para que las mujeres hagan uso de los gadgets de Holtzman, y no tengo ninguna queja al respecto.

Después está la inevitable cuestión de los cameos, y solo basta con decir que son muy directos y casi sin ninguna intención de ser sutiles. Creo que funcionan porque simplemente agrada verlos en esta versión, aunque la película podría haber funcionado perfectamente sin ellos. Tampoco resulta pegajosa la nueva versión del tema de Ray Parker Jr., y tengo la sensación de que los productores pensaron exactamente lo mismo ya que el cover de Fall Out Boy suena una sola vez, y las demás ocasiones es el original el que se escucha.

Este tipo de comedias trae consigo el problema de siempre: con la improvisación, vienen los cortes necesarios para dar más espacio a que las actrices den rienda suelta a sus talentos. Imagino que habrá unas cinco o seis tomas de cada conversación que tienen, y algunas líneas son bien hilarantes, mientras que otras se quedan a medio camino. El guion tampoco es el más sólido, con algunas incoherencias que se suceden sin explicación alguna -como el hecho de que, por alguna razón, ser fantasma te concede poderes de control mental sobre toda una multitud-. Sin embargo, a pesar de cuestiones que no fueron bien pensadas, como el personaje realmente plano y prescindible de Chris Hemsworth, la película triunfa porque es visualmente entretenida y bien despierta, cubriéndose desde el principio de cualquier prejuicio ridículo, y dando lugar a un universo de posibilidades más que interesantes en cuestión de secuelas.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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