‘Anomalisa’, buscando la felicidad

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El cine de Charlie Kaufman es bastante especial. Alejado siempre de las convenciones de cualquier género, como guionista y como director, entrega obras que jamás se contentan con llevar a sus protagonistas a una aventura simple en la vida, sino que los empujan a un encuentro trascendental que terminan provocando cambios que van más allá de ellos mismos. Su mezcla de comedia y drama suele inclinarse hacia lo surreal, pero siempre mostrando el lado más realista de sus personajes y las luchas que tienen. Títulos como Adaptation y Eternal Sunshine of the Spotless Mind son solo una muestra de ello. Su debut como director, Synecdoche, New York, fue un enmarañado periplo llevado al extremo que todavía resuena en mi cabeza como algo que merece más visionados.

Su segunda película como director es un trabajo firmado junto a Duke Johnson llamado Anomalisa, que resulta ser un juego de palabras entre “Anomalía” y “Lisa”, una mujer que conoce Michael Stone en un viaje donde deberá dar una conferencia acerca de la importancia de la buena atención al cliente. Se trata de un hombre sufriendo alguna clase de crisis, cuya vida alcanzó niveles tan monótonos que escucha a todas las demás personas –adultos y niños- con una misma voz. Se han vuelto para él tan ordinarios como la vida misma, y es incapaz de encontrar una sola persona cuya voz sea única y resalte entre la muchedumbre. Se mira al espejo y ya casi no se ve a sí mismo, sino a una mezcolanza de todas las personas que conoce. Su propia voz está cerca de perderse.

Así como los trabajos previos de Kaufman, esta producción de animación stop-motion también se distancia del estilo de stop-motion que venimos viendo en los últimos años, que apuntan más al entretenimiento, con animaciones más jocosas y pensadas para un público más amplio. Los detalles en Anomalisa llegan a inquietar por el realismo en el diseño de los personajes, cuyos rostros parecen esconder siempre una verdad incómoda y sus movimientos están pensados para asemejarse lo más posible a la de un actor de carne y hueso. Pero no imagino una conjunción de artistas que podrían haber hecho una versión en carne y hueso tan interesante y memorable como la que Kaufman y Johnson realizaron usando stop-motion. Hay una decisión bastante consciente de usar el estilo para explorar la existencia humana que quizás no podría haber funcionado con los actores frente a cámara.

El tema de las voces es muy importante porque es algo que está siempre presente, incluso cuando cerramos los ojos. Michael Stone (David Thewlis) escucha a todos los demás con la misma monótona voz, hasta la de su propio hijo, cuya existencia parece provocarle la misma emoción que la de él mismo. Todo cambia cuando se cruza con Lisa (Jennifer Jason Leigh), una joven que se hospeda en el mismo hotel y está registrada para presenciar su conferencia, ya que trabaja en atención al cliente, que resulta ser un tema que la apasiona. Por primera vez en mucho tiempo –no se indica exactamente cuánto, pero se entiende que Michael está al borde del colapso-, su vida parece encontrar un desvío hacia algo maravilloso. No es que la voz de Lisa sea prodigiosa, sino que su mirada ante la vida la hace sobresalir de entre la multitud, y eso es algo que Michael no presenciaba desde hace rato.

Esto supone un gran cambio para él, aunque las voces no se detienen y el miedo sigue latente. Pronto descubrirá que ese repentino resplandor se apaga como todo lo demás, y se preguntará cuál es el propósito de todo. No es posible ponerle un pin a una película como Anomalisa, ni mucho menos a un protagonista como Michael. De un momento a otro uno pasa de estar feliz por él a preguntarse si existe tal felicidad, y en cuestión de minutos, la historia de él se vuelve una reflexión acerca de nosotros mismos y lo que esperamos de la vida, los miedos, los anhelos, las añoranzas y los sueños perdidos. “¿Qué es sentir dolor? ¿Qué es ser humano?” se pregunta Stone en medio de su conferencia, donde está teniendo una crisis. Al final, Lisa y su amiga se alejan en auto, con sus verdaderos rostros y sus propias voces, como un recordatorio acerca de la singularidad del hombre, que es un mundo aparte en sí mismo. Algunas veces, las complejidades inherentes de la vida tienen solución. Otras veces, solo queda seguir buscando lo mejor.

Acerca de Emmanuel Báez 2455 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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