‘Pierrot le fou’, la sátira poética del amor

Jean-Luc Godard para mí, al igual que Hitchcock, es como una lección de cine abierta en cada película. Lo típico que uno estudia al iniciar la carrera de cine está ejemplificado en muchas tomas (focalización, los planos, los cuadros, etc), y por sobre todo en la forma en que Godard nos cuenta la historia, no de una manera convencional hollywoodense, sino desde la bella óptica de la nouvelle epoque y su revolucionaria estética.

Es así que en Pierrot le Fou se nos relata la historia de un hombre llamado Ferdinand (al menos él se hace llamar así, interpretado por Jean Paul Belmondo), esposo de una rica mujer que desconforme con su vida escapa con su amante Marianne (Ana Karina) quien vuelve a aparecer en su vida luego de cinco años. Ferdinand (o Pierrot como le llama Marianne) aparentemente cuenta con un historial de amplios antecedentes criminales al igual que su amante. Ambos se embarcan en una aventura sin rumbo, en una aparente búsqueda de algo incierto, de un lugar donde ser felices, donde se sientan completos. Entre tanto, realizan robos y actos delictivos para poder subsistir, y además Ferdinand está obstinado en escribir en su diario durante la travesía lo que vive.

Amar y ser amado es uno de los temas en tensión en este filme. El personaje de Marianne es una compleja demostración de lo irreverentes que somos los seres humanos cuando amamos, de cómo dentro del amor, existen muchos otros estados como la obsesión, la indiferencia, la pasión, la disconformidad, entre muchos otros. Además de que Ana Karina nos embelesa en cada toma con su belleza y rostro felino cautivador, cada rincón de la película encierra una poesía, a veces de imágenes, otras literaria recitada por los protagonistas, que nos lleva a entender esta historia de amor y aventura como un todo, como el camino mismo de los amantes, bello, pero muchas veces difícil de transitar, en un sentido hasta quizás hermosamente funesto.

Estéticamente hermosa, esta película es una paleta de colores en movimiento, una comedia con pretensiones filosóficas, un drama con la espontaneidad musical (sí, muchas veces cantada también por los protagonistas) que todos hubiésemos deseado poder hacer: cantar con la persona que se ama canciones que nos vienen en la mente en el momento que queramos. Otro pensamiento que queda muy expuesto en este filme es el valor del hoy, del goce del momento, de la vida como una oportunidad de disfrutar, como bien lo dice una parte Pierrot “la vida es triste, pero siempre bella”.

—¿Por qué tantas preguntas?

—Trato de saber quién eres. Ni hace 5 años lo sabía.

Este es básicamente el tema de la película. Dos personas que se aman y deciden aventurarse juntos, casi sin conocerse y conociéndose del todo. Una mutua exploración constante, que no hace más que confirmar las sospechas, cosa que normalmente sucede cuando se ama. Uno pretende conocer a la persona de a poco con la sensación final de que ya la conoce por completo.

—¿Por qué estás triste?

—Porque sólo me hablas con palabras.

Por esos sinsabores del amor, por la golosina que es la boca de la persona amada, por la aventura, por el crimen que cometemos con tal de estar con el amor de nuestras vidas, porque la poesía está en cada cosa pequeña que nos toca vivir, y la sátira nos acosa y nos permite ser libres en cierto sentido de nuestros errores y los de los demás, esta película debe estar entre su lista de películas favoritas. De lo mejor y más mágico que vi hasta hoy en el cine. Recomendadísimo.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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