‘Mis tardes con Margueritte’, un encuentro de los que cambian la vida

En las historias de amor hay más que amor. A veces no hay ni un “te quiero”, pero se quieren. Este filme del 2010, dirigido por Jean Becker, es una joyita que muchas veces pasa un poco desapercibida a la vista en los videoclubs pero es una enorme historia llena de luz y esperanza. Una de mis películas favoritas por excelencia, cortita de una hora veinte, pero con tanta historia que no te va a permitir despegar los ojos de la pantalla un minuto.

Germain es un hombre de más de cuarenta años que vive una vida rutinaria, en la que los ecos de su triste pasado llenan de complejos y frustración su presente. A pesar de ser una persona encantadora, con amigos y una novia bellísima, el no se siente una persona de valor y constantemente menoscaba su capacidad. Una tarde, luego de un pequeño altercado con un cliente suyo, va a una plaza a que concurre frecuentemente y se topa con una ancianita bastante particular de nombre Margueritte. Estas dos almas se hermanan con rapidez y comienzan una aventura que tiene siempre cita en el mismo lugar, el banquito de la plaza frente a las palomas.

Germain de a poco empieza a combatir sus complejos e inseguridades y se deja influenciar por la sabia Margueritte que deslumbra con su cultura y conocimiento, además de su calidez y su ternura. Película especial para los amantes de la lectura, aquellos que pueden comprender lo fácil que es dejarse hipnotizar por una buena historia y el valor que tiene el libro como regalo.

Muchas veces nuestros complejos tienen raíces muy profundas dentro de nosotros, puede que las arrastremos desde niños, de esa falta de sentirnos amados, de esa necesidad de vernos a nosotros mismos como personas con mala suerte, con la desdicha sobre los hombros. Una de las partes más hermosas de la película es cuando Germain le cuestiona a Margueritte qué sucede cuando uno no recibe ese amor tan completo de una madre cuando uno es niño, y ella le responde: “si alguien no recibe bastante amor de pequeño le queda todo por descubrir, ¿no cree?”. Eso justamente era lo que a Germain le ocurriría, iba a abrir sus ojos a un nuevo mundo, a conocerse a sí mismo.

Esta es una película que no tiene grandes giros ni una trama confusa. Tiene una bella fotografía, y una sonorización que acompaña bastante bien, pero definitivamente el foco de atención está sobre los actores Gérard Depardieu, quien interpreta al protagonista, y Gisèle Casadesus, actuando con 96 años en la película, como Margueritte.

Un filme disfrutable, una aventura poco común llena de luces y reflexiones filosóficas respecto a la vida, a uno mismo, al valor de las relaciones y a que siempre queda camino por hacerse. Cada persona tiene un valor, no importa qué diga la gente ni cuantas veces lo digan. “¿Qué le puede ofrecer una persona como yo a un hijo?”-pregunta Germain en una ocasión. “Amor”- le responde su novia, y respondió bien. Altamente recomendada.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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