‘La profesora de piano’, seducción entre notas y pecados

Todos en nuestra vida tuvimos algún maestro apasionado, alguien que era brillante y nos hacía pensar “¿Qué hace este enseñando?, debería estar teniendo una profesión en la que pueda ejercer su genialidad”. Muchas veces estos maestros eran personas interesantes y agradables, otras, personas enigmáticas y reservadas, exigentes y hasta en cierto sentido agresivas. Este es el caso de Erika, quien es interpretada genialmente por Isabelle Huppert, una diosa francesa a quien de vez en cuando le da por actuar.

Este filme no es una película más. No. Es una historia en la que me adentré por completo desde hace unos años y fui explorando, personalmente, la complejidad del personaje. Debo admitir que primeramente leí el libro de Elfriede Jelinek en el cual se basa este asombroso film de Michael Haneke (que en mi opinión de todas formas no le hace justicia al enorme libro, pero le alcanza los tobillos). Una profesora de piano descontenta con su realidad mantiene una imagen gélida ante todos, a pesar de ser una luz escondida entre los pasillos de un instituto de música. Una relación de dependencia enfermiza con su madre es el punto inicial de la historia y uno de los puntos más fuertes del relato dramático, la represión, el menoscabo, la dependencia, todo traducido en un vivir diario que sofoca, que cansa, que en algún momento desborda en lo más mórbido del ser humano. Pero hay amor detrás, eso sí.

A lo largo de la película Erika nos va demostrando poco a poco quién es en realidad. Desnuda su personaje, pero no de esa manera grotesca que nos produce una insana impresión, sino como una striper que de a poco va despojándose de sus prendas, mostrándonos un cuerpo lleno de cicatrices y secretos. En medio de este descubrimiento aparece Walter Kremmer, un genial aprendiz de piano que se encuentra a sí mismo atraído enormemente por la profesora, y no da el brazo a torcer para conquistarla. Ella al principio se muestra reacia, pero, como dije alguna vez ya, a los artistas no les atrae el físico solamente, sino el talento, la brillantez.

La profesora de piano es una película compleja, psicológica, grotesca e impredecible. Esa fortaleza que construimos alrededor de quiénes somos y no deja ver lo que ocultamos, sólo puede caer de nuestras manos, manos que buscan redención en los brazos de alguna persona que represente luz, que parezca ser la correcta. No hay jefe último jamás, siempre alguien está subordinado a algo. Siempre somos esclavos de nuestras sombras. Erika nos deslumbra en la película, que a pesar de su ritmo paulatino (muy al estilo de Haneke) nos atrapa haciéndonos desear ver más, más desnudez, más vacío en los rincones del abismo.

¿Por qué recomendar esta película? Primeramente porque es un filme de culto. Es una película que un cinéfilo no puede dejar pasar entre sus manos sin disfrutarla. Es una poesía de imágenes, de sentimientos ocultos y encontrados. A mí, y sé que a más de uno le hizo pensar en qué cosas guardo para mí, cuáles son los frutos de la represión que alguna vez atravesamos. ¿Será que alguna vez trasformaremos a alguien así como lo hizo Erika con Walter? ¿Hasta dónde podremos llegar cuando nos encontramos en un lugar sin retorno?

Esta historia no es para todo público. Es para gente que ve más allá dentro de sí misma. Es para que la melodía de Shubert nos agobie de ahora en más entre los dedos confundidos de los protagonistas y que la vida continúe para algunos, mientras que para otros acaba. La profesora de piano señores y señoras, a conseguirla y a disfrutarla.

http://www.youtube.com/watch?v=Se2UBmdqBUc

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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