‘NO’, una cinta ochentosa con sabor a revolución

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No, la primera película chilena nominada a los premios de la Academia, es una sorpresa por dondequiera que se la mire. Enmarcada en la represiva dictadura de Pinochet en el año 1988, trata uno de los acontecimientos “bisagra” de la historia chilena, el Plebiscito. En este plebiscito ordenado por la Constitución chilena, el país debería votar por el “SÍ” si estaba de acuerdo con que Pinochet continúe en el poder durante 8 años más, o por el “NO” si querían tener la oportunidad de votar libremente y escoger así a su siguiente presidente. Esta medida fue concebida en plena soberaria de la dictadura, por lo que no era de extrañarse que el desánimo fuese una carga que la oposición llevó sobre sus hombros al principio.

Lo que hace distinto a este filme es que el punto de vista desde el cual se narra todo, no es el del típico sufrido personaje quién lucha por la libertad (punto de vista que no desamerito tampoco, pues hay excelentes filmes narrados desde esa perspectiva) sino desde la visión completamente revolucionaria e incomprendida (al menos al principio) de René Saavedra, un talentoso publicista que fue exiliado y regresó al país sólo para colaborar con el plebiscito. René, al contrario de sus compañeros de campaña, manejaba una perspectiva distinta sin centrarse en lo grande que era el enemigo, el Dictador Pinochet, sino mirando un poco más allá, mezclando su patriotismo y el márketing. Entre las acostumbradas amenazas y peligros que corría toda persona que pensara diferente en el régimen, la campaña del No toma forma en la película y los personajes que se encuentran en la ajustada paradoja del miedo y las ansias de democracia, van mutando y caminan hacia la esperada fecha del 5 de Octubre.

Una controversial historia real, desconocida por muchos latinoamericanos, resucita como un ave fénix gracias a esta película, devolviendonos a algunos las esperanzas de que un pueblo que vota logra derrocar inclusive a la más grande amenaza.

El director Pablo Larraín nos cuenta una historia que quizás es brillante por el contenido, claro, pero cuánto más por como está realizada. Grabada completamente con la calidad de cinta de video de los 80, No redescubre muchos recursos estilísticos y juegos de luces que realiza esa cámara, dándole un toque vintage al filme. Las cintas originales y las escenas recientes pertenecen solo contexto visual, lo cual es completamente enriquecedor e innovador.

Por su parte, Gael García Bernal nos brinda una de sus interpretaciones más acertadas y se nota la pasión que siente por la historia. Uno puede confirmar que este trabajo “le devolvió su amor por el cine” como él bien mencionó en alguna entrevista que pude alcanzar a ver. La carga dramática de ciertas escenas pueden despertar susceptibilidad, más aún si uno convive con los resquicios de la época dictatorial.

A todo esto sólo nos queda ver que Sudamérica está despertando. Estamos indignados con nuestro pasado y hoy en día somos un continente que mira hacia adelante, a pesar de nuestras carencias y del miedo. Un rayo de luz bastante innovador dentro de lo que es el cine sudamericano, que nos motiva a no olvidar, a evaluar lo anterior y construir mirando hacia adelante, con una sonrisa y por sobre todo, con mucha inteligencia.

Recomiendo No porque necesitamos mirar un poco atrás para saber cómo caminar hacia adelante. Porque hoy, en el 2013, es necesario seguir exigiendo el cumplimiento de nuestros derechos. Quizás ya no seamos víctimas de dictaduras como la de Pinochet, pero sí de otras que necesitan de un pueblo despierto, pensante, preparado para mirar al futuro. Sólo me resta decirle a Larrain y al Chile ¡muchas felicidades por este acierto cinematográfico!

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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