‘Nadie Me Quiere’, humor negro alemán y búsqueda de un amor

“Con treinta años te cae antes encima una bomba que un hombre”. Esta es la tesis principal del film de 1994 de Doris Dörrie, la directora alemana que nos narra esta historia llamada Nadie me quiere (Keiner liebt mich) en la que descubre su estilo ecléctico e ingenioso para contarnos la problemática eterna de las personas que pierden la esperanza en encontrar a aquel tan anhelado par que camine a su lado.

Fanny Fink, la protagonista de esta historia, es una mujer oscura que rinde constantemente culto a la muerte; asiste a un curso sobre muerte consciente, vive casi permanentemente de luto y es amante de las calaveras. Su vida solitaria posee un equilibrio que es interrumpido estrepitosamente al conocer a su vecino Orfeo, un quiromántico africano estrafalario que mientras se aprovecha de ella para obtener un poco de dinero también da paso a una amistad fuerte e intensa en la que empezará a despertar en Fanny el deseo de aventura, de intentar amar y ser amada.

Fanny comienza entonces una aventura de amor basada en las predicciones de Orfeo y es así que entre diálogos sobre la muerte y el amor esta historia se va desarrollando de una manera en la que no nos permite distraer nuestra atención fuera de la trama. Somos presas de la estética de Dörrie, de sus bellas tomas y sus planos impredecibles (hay unas cuantas tomas en la que la cámara hace magia), de la actuación perfecta de Maria Schrader (Fanny) y Pierre Sanoussi-Bliss (Orfeo) y de ese humor tan oscuro y onírico que el guión posee en casi todas sus líneas.

La conexión entre la protagonista y Orfeo es impresionante. Una amistad que al principio parece ser un detalle más y luego se convierte en el centro del filme, en lo más significativo. Un rescate mutuo de realidades de las cuales los personajes no pueden rescatar, y un contraste de puntos de vista referente a la vida. Los diálogos son, así como toda la película, de un surrealismo que constantemente nos pone en la brecha entre lo posible y lo ensoñado, lo que en literatura sería realismo mágico en su máxima expresión. En comparación con otras películas en las que uno pierde el hilo de la historia entre figuras metafóricas, en este caso hay un acompañamiento estrecho y complementario, impresionantemente creativo.

Muchas veces buscamos que una pareja nos haga sentir bien y nos empecinamos en conseguir estar con alguien por el simple hecho de que el mundo parece demasiado pesado para sobrellevarlo solo. Acudimos a recursos que ni nosotros mismos creemos factibles pero al final todo es inútil. Las experiencias que atravesamos, las ataduras que nos forjamos por el camino, son aquellas que al final muchas veces nos permiten conocernos y a partir de ahí, ir rumbo a eso que siempre anhelamos pero no sabemos cómo conseguir. Esta película tiene tanto de bello en eso de que siempre hay alguna otra salida inesperada, algo que siempre tuvimos cerca y no pudimos ver, que es valioso y merece una oportunidad. La gente que rinde culto a la muerte es porque tiene desesperadas ganas de vivir. Vivamos pues, inclusive si nadie nos quiere. Ya nos llegará el turno.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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