‘Infancia Clandestina’, dictadura desde los ojos de un niño


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Infancia Clandestina es una película intensa. La obra prima de Benjamin Ávila, un promisorio director argentino que se atrevió a relatarnos de manera hábil un caso sobre la dictadura militar argentina que empezó en 1976 y duró hasta 1983. Existen muchas películas argentinas con esta temática, lo especial de esta es que nos es relatada desde el susceptible punto de vista de un niño.

Juan era un chico de aproximadamente once o doce años. La película comienza el ingreso del niño a la Argentina, con padres falsos por Brasil desde Cuba.  Sus padres verdaderos, una pareja de guerrilleros fieles a Perón, lo reciben en su nueva casa, en la que tendrá un nuevo nombre: Ernesto. Un nuevo colegio, una nueva casa, una nueva vida. Juan empieza a entender de a poco la misión de sus padres, la verdadera situación por la que atraviesan sus seres más queridos. El peligro es constante, y el disimulo es clave para mantener la total clandestinidad. Bajo esa tensión intentar llevar una vida normal, con un nombre y vida falsos, no resulta ser fácil. Mucho menos, si la naturaleza empieza a gritar desde dentro precozmente despertando nuevos y hermosos sentimientos.

Los acontecimientos más angustiantes se transmiten al espectador desde los ojos y oídos curiosos de Juan, quien empieza a comprender las situaciones que lo rodean y saca sus conclusiones. Además de esto, se suma un cierto toque onírico que el director Ávila introduce de manera magistral en unas cuantas escenas recargando el dramatismo y jugando con los tiempos. Simplemente original.

La gama de sentimientos que fueron despertados en mi durante esta película pasan desde la extrema ternura hasta la indignación y la tristeza. La dictadura militar en Argentina cobró muchas víctimas, personas que pensaban distinto, protestaban y sufrían las consecuencias de manifestarse en contra de un régimen hostil, uno de los más crueles de Sudamérica. Esta película se basa en una historia de tantas, no es ficción y la consciencia de eso le da más fuerza a este filme e inclusive nos toca más de cerca al saber que aún no hace cuatro décadas de eso.

Además de la historia, el filme tiene grandes logros. Las actuaciones de Natalia Oreiro (sí, la chica de Muñeca Brava da una actuación madura y encantadora), Ernesto Alterio como el tío Beto y por sobre todo la de Teo Gutierrez Romero encarnando a Juan, por mencionar sólo a los principales, brillan en la pantalla dándonos unas interpretaciones reales y creíbles. La fotografía es impecable manejando unos tonos amarillos y cálidos, y el soundtrack preciso y sumando intensidad, en especial la participación dulce y melancólica de la Oreiro interpretando una canción con exquisita sencillez.

Este es un mundo de lucha, en nuestros países sudamericanos aún se sangra la herida que la dictadura dejó en nuestras sociedades, censurándolas y imponiendo miedo a exigir sus derechos. Podemos o no sentirnos identificados con la guerra contra la dictadura, pero estoy seguro que después de ver esta película a más de uno, el corazón le va a quedar un poco fuera de lugar. Más aún al final. Disfruten de esta obra llena de ternura, recuerden que hay cosas que nunca se deben olvidar.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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