‘Bailarina en la Oscuridad’, sacrificio lleno de amor e impotencia

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Sólo a una persona como el director Lars Von Trier se le puede ocurrir hacer un drama musical tan oscuro y grotesco como el que quiero presentarles hoy. Lars Von Trier, caracterizado siempre por su polémica forma de entender el cine y sus metodologías, se empecinó en 1999 en hacer una historia buscando capturar las actuaciones de la manera más realista posible y dispuso utilizar cámaras digitales para poder llegar a grabar con alrededor de cien de éstas repartidas por sus sets y exteriores y tener las mismas tomas, capturadas desde numerosos puntos de vista.

Este filme lleno de controversia conquistó el Cannes en el año 2000, así como los Premios del Cine Europeo y el Goya, entre muchos otros. Bailarina en la Oscuridad, protagonizada magistralmente por la cantante Bjork, quién también se encargó de elaborar el soundtrack del mismo (lo podemos encontrar en el álbum de ella Selmasongs), es la historia de Selma, una humilde madre soltera de origen Checo que está viviendo en los Estados Unidos. Trabaja en una fábrica, ensaya un musical con un papel protagónico (Selma ama los musicales, son su alegría), y está por alcanzar la meta que tiene con sus ahorros, pero tiene un problema serio; ella se está quedando ciega y su hijo sufrirá su misma suerte, a no ser que ella logre impedirlo. La tensión se apodera de la trama conforme va desarrollándose y poco a poco uno va quedando inmerso en ese agobio tan característico del cine de Von Trier.

Los personajes de esta película, todos dotados de una profundidad bien elaborada, tienen la característica de ser, en cierto sentido, muy fáciles de entender pero a la vez muy difíciles de colocarlos como parte de un mundo real. Es por eso que a pesar de estar grabado de manera tan realista, este filme linda entre la ensoñación de la mente de Von Trier y la cruda realidad que nos es inconcebible. Selma, el personaje de Bjork, nos despierta una ternura que luego se convierte en compasión, y se crea un lazo con el personaje en que podemos entenderla, sentir rabia por sus decisiones y a la vez valorarla por su valentía y por entregarse a su destino con benevolencia resignada.

Lars Von Trier juega con nuestros sentimientos a su antojo, pero es un dulce sometimiento que hacemos como espectadores para disfrutar (¿será que en verdad es disfrutable tanta angustia?) de lo que podemos ver a través de su mirada llena de luz y a la vez llena de enfermedad. Las canciones que se presentan luego del primer momento de quiebre de la realidad nos acompasan al ritmo de las tan anheladas percusiones de la protagonista y su voz, en el estado impecable de siempre, cargada de dramatismo. Bjork había dicho que este personaje la dejaba demasiado cansada emocionalmente y que por eso era la última vez que actuaba en un filme. Logró ganar el galardón a la mejor actriz en el Festival de Cannes, y cuando vean la película estoy convencido que podrán saber por qué.

A mi parecer, esta es la obra maestra de este director. Vi esta película por primera vez harán seis o siete años, y la viví intensamente, porque en verdad no hay otra forma de verla. Terminé con esa sensación de “vacio interior” que es peculiar pero tan acostumbrada en el cine de Von Trier. No sé si es recomendable para gente de corazón sensible, capaz como a mí les puede dejar algo taciturno por un tiempo. De todas formas, es inevitable dejarse seducir por esta película que es parada obligatoria para todos aquellos que gustan del cine independiente, y además, del cine de culto. A continuación, el tráiler:

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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