‘Amour’, el desafiante camino “hasta que la muerte nos separe”

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Hay algo de lo cual las personas con suerte y buena salud no podrán escapar jamás: la vejez. La vida, la larga vida pasa rápido sin que nos percatemos. Un día despertamos en nuestra cama, muy probablemente con alguien a nuestro lado, y nos damos cuenta de que los días han pasado, nuestra piel se arrugó y el extenso camino recorrido está más cerca del fin que del inicio. Cuando tenemos compañía ya en los años postreros y compartimos con la persona amada, la simbiosis se vuelve algo inevitable y por supuesto, el amor es añejo como un vino, sin frescura quizás, pero en su mejor momento.

Amour de Michael Haneke (el mismo director de La Pianista, La Cinta Blanca y Funny Games entre otras) trata de esta etapa de la vida, la senectud y de la profundidad del amor… en el sufrimiento. La película comienza con una muerte. Georges y Anne son marido y mujer profesores de música retirados. Comparten el día a día como cualquier pareja de la tercera edad, entre conciertos y ex alumnos ya consagrados. De un día para otro, Anne es intervenida quirúrgicamente, la operación sale mal y queda con parálisis en la mitad de su cuerpo. Georges se dedica a cuidar de ella, poniendo todo su esfuerzo en brindarle los tratamiento necesarios. Muchos de nosotros conocemos de nuestros abuelos, padres o tíos ancianos el cuidado que es necesario cuando la enfermedad acarrea impedimentos. Este camino no es fácil de recorrer, y trae consigo mucho sufrimiento y por sobre todo, muchas pruebas de amor.

Emanuelle Riva, Jean-Louis Trintigant y Isabelle Huppert (una de mis favoritas cuando hablamos de cine francés) encarnan estos personajes de una manera poco convencional para una película de este tipo, con realismo y naturalidad. Haneke se caracteriza por narrar historias de manera realista, fría y sin recurrir a romanticismos o cursilerías. En temas tan prestos para eso, como son el amor y la muerte, Haneke sale airoso, sin producir un lagrimón. Nos muestra las escenas cotidianas de una pareja que atraviesa el difícil camino de la vejez como a través de una vitrina, dándonos la medida justa de ternura y drama. El ritmo del filme me remontó a su anterior trabajo, La Cinta Blanca, en la que se respetan los tiempos reales de muchas escenas, sin apresurar a los actores a escapar del cronos y ajustarse a la velocidad que quizás un público más fanático de Hollywood esperaría ver.

Un silencio casi permanente y un soundtrack que pasa desapercibido nos permiten sentirnos aún más dentro de las situaciones que esta pareja atraviesa, callando así también nuestras ansias de drama barato y ubicándonos “esto no es para que llores, es para que veas lo que viven Anne y Georges, esto lo pueden estar viviendo también tus abuelos o padres”. La cámara de Haneke siempre se mantiene dentro de sus estándares clásicos, con tomas largas y fijas. Son los ojos quietos de un narrador que atestigua.

“Simple como un anillo” dice un poema de Neruda, y al terminar de ver este filme lo asocie directamente. A veces tan sólo quisiéramos poder ver a esa persona que sufre y amamos caminar por ahí como lo hacía antes, lavar los platos, reirse un poco. Queremos verla agradecida de estar con vida. Recuerdo muy bien una frase que había escuchado por ahí “la muerte es el límite de la vida, pero no del amor”. Este filme, sin ninguna intención, es capaz de movilizarnos completamente y colocarnos en los zapatos de los personajes, o quizá en los nuestros propios.

Con la Palma de Oro del Festival de Canes en las manos, Amour va a la alfombra roja de los Premios de la Academia con cinco nominaciones, entre ellas Mejor Película, Mejor Película Extranjera y Mejor Guión. Sea cual sea el resultado, les animo a que miren esta película un día que estén dispuestos a mirar un cine poco común, muy fuera del torbellino comercial y más inmerso en aquello que a veces intentamos ignorar, la vida misma y sus desafíos.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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