‘Man of Steel’, el grandioso renacimiento de Superman

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Superman ha renacido y vino para quedarse, defender la verdad, la justicia y el ideal norteamericano. Por supuesto que todo eso llegará después de la destrucción de la mitad de una ciuad y la muerte de miles y miles de personas que perecen como daño colateral no contemplado ni reconocido. Man of Steel es la visión del superhéroe más famoso según el director Zack Snyder con la evidente influencia de Christopher Nolan, y la combinación de ambos termina en un espectáculo colosal que no escatima para nada en recursos, exposiciones ni explicaciones, ni mucho menos en efectos especiales. Todo eso es lo bueno de la película, pero lo malo también está ahí, aunque esto no obstruye la intención principal de los realizadores de crear la obra de Superman más entretenida desde la primera película con Christopher Reeve.

Todo empieza de nuevo en Krypton, con Jor-El (Russell Crowe) advirtiendo de nuevo a los sabios que el mundo está por acabarse. Es la historia que ya conocemos, pero la nueva visión permite cambios frescos y muy bienvenidos. Por primera vez recorremos más este mundo que hasta ahora era más interesante por lo que representaba y no por cómo era en realidad, y aunque podría decirse que no era tan necesario extender este prólogo, es innegable que se siente un poco más el cataclismo final una vez que uno es testigo de la belleza indescriptible del planeta.

Snyder se toma su tiempo y aprovecha con el entorno y todo lo que tiene a su disposición. Quiere maravillar de entrada con todo lo que pueda para mantenernos pegados al asiento el resto del tiempo porque luego se toma el tiempo en explicarnos todo. Así que una vez que conocemos al General Zod (Michael Shannon) y comprendemos su posición, una vez que el pequeño Kal-El sale de Krypton en su pequeña nave con las esperanzas y sueños de su pueblo, una vez que el destino del planeta se vuelve inminente, nos encontramos con un Clark Kent adulto trabajando en un barco pesquero. No es la imagen del Clark que conocíamos, así que se vuelve necesario que nos lo vuelvan a presentar.

Desde los primeros minutos se siente más que acertada la elección de Henry Cavill, más aún teniendo en cuenta que no se trata del personaje que todos conocen sino una reimaginación mucho más introspectiva y madura. El actor logra que se vea en sus ojos que es un hombre buscando respuestas que parecen no llegar jamás, deambulando como un nómada esperando que la verdad se haga presente y pueda sentirse por primera vez en mucho tiempo perteneciente a un lugar real, y su caracterización es natural, convincente y sentida. Es sentida cuando comienza a recordar los eventos que formaron su infancia y su adolescencia bajo la protección de sus padres en la Tierra. En flashbacks vemos cómo Jonathan Kent (Kevin Costner) y Martha Kent (Diane Lane) son el modelo perfecto de padres que hacen lo mejor que pueden con lo que tienen, y logran a pesar de los misterios, guiar al joven Kent hacia un camino de bien.

Al mismo tiempo nos topamos con una Lois Lane (Amy Adams) ya trabajando para el Daily Planet, una reportera en busca de la historia perfecta y cuando el misterio se convierte en su salvación, se pregunta si está tomando las decisiones correctas. Adams es y sigue siendo una maravillosa actriz, pero lastimosamente se le va notando la edad y no se siente tan natural interpretando a una intrépida y joven reportera. Y junto a la lozana presencia de Cavill, desafortunadamente, esto queda más expuesto. Aún así, su personaje aporta y además de ser una típica damisela en apuros, rescatada quizás más veces de lo normal, influye en la historia y no está en vano.

La película se divide básicamente en dos partes. Una larga presentación del hombre de acero y sus orígenes, y luego llega la reaparición de Zod. Los flashbacks sirven su propósito aunque siguen siendo usados cuando ya no es necesario y Snyder sigue explicando cosas cuando ya hay información de sobra como para seguir adelante. Irónicamente, tarda en tomar vuelo en vez de despegar ya cuando la propia historia lo demanda y se enamora de más de su estilo, haciendo que la ansiedad comience a pasar a la tolerancia. Pero no se vuelve tedioso en ningún momento y cuando llega la hora de demostrar dónde está su fuerte, lo hace sin piedad.

Una vez que aparece Superman como tal, camino a tomar la decisión de defender a la raza humana, es donde el juego sube de nivel exponencialmente y no hay descanso alguno. Es un verdadero deleite ver a la nueva encarnación de este superhéroe conocer sus propios poderes y sus propias limitaciones y se nota que Cavill lo disfruta enormemente porque es difícil no acompañarlo y gozar cuando emprende sus primeros vuelos con el icónico traje rediseñado. Es cierto que le falta contemplación a la obra, un momento de descanso en el que el propio Kal-El vea quién es realmente y donde uno pueda apreciar su grandiosidad. Parece que Snyder se percata de que pudo contar su origen un poco menos explícitamente y no deja que su héroe considere plenamente su propia existencia.

Claro está que este problema está en el guion mismo, escrito por David S. Goyer que viene colaborando con Nolan desde Batman Begins. Cuando hace falta algo de urgencia, no lo hay, y cuando vendría bien un respiro, hay puro desenfreno. Esto hace que las peleas, por más impresionantes que sean -¡y vaya que lo son!- no se sientan extraordinarias. Las escenas siguen la fórmula de golpes, puños, vuelos rápidos y destrucción total, y se repiten varias veces con pocas variaciones. Son sensacionales pero sin sentirse verdaderamente épicas porque dejan de tener sentido. Tantos golpes sin causar un daño real hacen que no haya peligro, y sin peligro no hay preocupación de que Superman pueda encontrarse en un genuino aprieto. Entonces no queda más que esperar a ver cómo resuelve el problema y eso le quita cierta emoción.

Aún así, es incuestionable que es un espectáculo rimbombante bien trabajado. La banda sonora de Hans Zimmer hace olvidar a John Williams, que realmente no podría haber hecho una mejor coronación orquestal de esta nueva visión. Los mensajes típicos del superhéroe están implícitos, aunque las alegorías místicas son como un escupitajo en la cara y al menos por una vez, hubiese sido refrescante que no quieran ser arrogantes con el hecho de que se trata de un “dios” nacido en Norteamérica. Pero están perdonados, porque lograron que Superman renazca más grandioso que nunca.

Acerca de Emmanuel Báez 2310 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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