‘Magic Mike’, unas buenas rutinas y un espectáculo sensible


Como muchas películas ambientadas detrás del telón, Magic Mike cuenta la historia de un joven de 19 años con un futuro bastante incierto que termina siendo parte de las idas y venidas de un grupo de strippers algo exitoso, pero bien creativo, que está en busca de expandir su show hacia latitudes más prometedoras. De una premisa así, fácilmente se podría hacer una comedia, pero con Steven Soderbergh tenemos algo bien alejado de lo Full Monty, una historia que es mucho más que músculos y elaboradas rutinas. Tiene buen ritmo, tiene buen desarrollo de personajes, y por momentos, tiene más corazón de lo que podría esperarse.

Gran parte de la agradable sorpresa se debe a Channing Tatum, uno de los actores carilindos que apareció en Hollywood hace unos años pero recién ahora está demostrando que es más que un nombre exótico y un par de brazos musculosos listos para cargar armas. Hasta hace poco estuvo haciendo uso de dichos atributos en películas como G. I. Joe: Rise of Cobra y Step-Up, pero a ojos menos prejuiciosos, tiene un buen camino por delante. En la entretenida 21 Jump Street hizo una pareja memorable con Jonah Hill, y hasta su breve aparición en Haywire -también de Soderbergh- fue lo más interesante de aquel infravalorado título de acción.

Acá hace de la estrella del show, el protagonista titular que es el tesoro más preciado del grupo liderado por Dallas (Matthew McConaughey), y que invita al joven de 19 años a unirse al grupo luego de que ambos se conocieran en un trabajo de día. Su nombre es Adam, y es interpretado por Alex Pettyfer, un joven menos interesante y algo insípido, pero que no molesta porque la película realmente no se enfoca en su personaje, aunque la premisa invite a pensar lo contrario. Es Mike el que tiene un desarrollo completo durante la historia, y aunque no sea el más original, cae bastante bien porque Tatum hace de él un personaje con personalidad propia, simpático y confiable.

Adam comienza a conocer este nuevo mundo donde las mujeres, jóvenes y adultas, van para fantasear y disfrutar un buen rato sin inhibiciones, y por supuesto, también conoce el mundo de las drogas. Cuando recién conoce al grupo y se muestra tímido, rechaza un cigarrillo de marihuana inocentemente. Poco tiempo después, acepta vender éxtasis para un pequeño traficante que supo aprovecharse de su inexperiencia. Adam comienza siendo un holgazán que se la pasa jugando videojuegos y termina en lo más bajo, siendo esto su propio vómito. En este aspecto, la película se muestra realista, sin subterfugios ni trucos para hacernos creer se trata de una hermosa fantasía. Pero su personaje no tiene ninguna especie de resolución, y debemos suponer su destino según lo que hayamos visto.

Entre la tensión dramática y el desarrollo de la historia, vemos varias de la presentaciones del grupo, que van desde un simple streap tease hasta una  elaborada función con luces y humo artificial, que son bastante entretenidas gracias a una edición amena, que no exagera y entiende que no es lo primordial. Hay cierto indicio de que Soderbergh quiere hablar un poco de lo que significa realmente desnudarse para ganarse la vida, quizás una mirada psicológica de lo que supone para uno monetizar su cuerpo, pero no se atreve a profundizar en el tema porque prefiere quedarse en la sencillez de la relación entre los protagonistas.

Sencillo, pero no simple. Mike es un tipo con un sueño que lleva construyendo desde hace tiempo, pero que se miente a sí mismo sobre su futuro y su vida. Acertadamente nos lo muestran un poco en las sombras y en la soledad de su casa, sin mayor alegría que la tenue luz entrando por la ventana y la ocasional visita de una hermosa mujer (Olivia Munn) que lo ayuda a mantenerse cuerdo en contacto con su lado más humano. No hay nada ahí que no hayamos visto antes, pero lo llevan tan bien a cuestas que nada parece forzado.

Y para que la historia realmente llegue a un punto, hace falta un interés externo que pueda motivar a Mike a mirarse a sí mismo desde afuera. Ahí entra Brooke, la hermana de Adam que desde el principio intenta cuidar de él más que él mismo. Así como Pettyfer, Brooke es interpretada por una inexperta, lo que lastimosamente se nota la mayor parte del tiempo. Cody Horn hace de ella un personaje insulso, poco creíble, y con un aire de Kristen Stewart que realmente no le ayuda para nada. Es otra vez gracias a Tatum que la relación entre ambos se torna verosímil, ya que su interés se llega a sentir natural, si bien uno puede llegar a no creerse su decisión de elegir una mejor vida gracias a ella.

Soderbergh no ofrece una gran introspección  ni un viaje desaforado a este submundo poco retratado, pero a cambio entrega un poco de humor, un relato bien trabajado sin ninguna pretensión más allá que el de mostrar una historia conocida en un ambiente novedoso, cargado de música, y por supuesto, abdominales y pectorales bien marcados, para quien busque eso. McConaughey brilla sin mucho esfuerzo apoderándose de cada plano, pocos actores hubieran podido dominar un papel así y hacerlo más interesante de lo que realmente es, pero su personaje sigue siendo secundario.

Channing Tatum se lleva los palmares, tiene una buena evolución, se conoce las rutinas y se cree el personaje. Claro está que Tatum solía ser stripper en la vida real, y eso lo ayuda a ponerse en completa sintonía con Magic Mike, pero es innegable que tiene algo más que de a poco se está dejando ver.

Acerca de Emmanuel Báez 2364 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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