‘Limitless’, pretenciosa droga cinematográfica

Bradley Cooper es indudablemente uno de los “actores del momento”, esa categoría marketinera que se crea para promocionar a aquellos que están de moda, que se los ve en todos lados y que, independientemente de ciertas opiniones, tienen un talento real. Hace unos años, este actor norteamericano no era más que secundario en el cine, si bien anteriormente ya trabajó bastante, especialmente en la serie de TV Alias, pero no había llegado aún su hora de brillar.

En Limitless, él brilla, y es apabullante. Es una película que requiere mucho de su actor principal, y Cooper sale coleando loablemente, haciendo que todo sea más pasable, ya que lastimosamente, la historia es pretenciosa y ridícula, y apenas se sostiene por sí misma. Es salvada por una dirección fresca, una fotografía casi psicodélica como de video clip, actuaciones secundarias respetables (Robert De Niro, Abbie Cornish) y una agradable banda sonora.

La película, dirigida por Neil Burger (El Ilusionista), gira en torno a un escritor fracasado que encuentra la oportunidad de su vida cuando su ex cuñado le invita a probar una nueva droga experimental que potenciará al máximo todas sus capacidades intelectuales. Su inteligencia, su memoria y su creatividad se ven multiplicados a la enésima potencia, logrando que en tiempo récord su vida mejore drásticamente. Por supuesto, esta droga tendrá sus efectos secundarios, de los cuales su proveedor no le habló, y muy pronto se verá metido en severos problemas que amenazarán su vida y la de otros.

Hay que admitir que la idea tras la historia es bastante interesante, y con un desarrollo igual de interesante, la película podría invitar a buenísimos debates morales sobre las posibilidades y los peligros de una droga así. Pero desde el principio nos intentan vender humo, puesto que la historia está construida en base al mito de que sólo usamos un 10% de nuestro cerebro, una teoría científicamente refutada en incontables ocasiones, pero penosamente aún difundida por muchos ignorantes.

Para que la historia funcione, el guión cae entonces en conveniencias ridículas, como un préstamo ilegal de dinero que el protagonista realiza de algún mafioso X, cuando con su elevada inteligencia podría haberse decantado por un montón de opciones distintas, como aprovecharse de los juegos de casino, que en algún momento cuenta como le es tan fácil ganarlos. Al parecer, con su inteligencia potenciada, se le quita el sentido común.

El problema es que la interesante idea tras la historia requiere un guión bastante listo y complejo, y el guionista simplemente no está a la altura de crear algo creíble (o el escritor de la novela, aunque no la leí ni tengo idea de la fidelidad de la adaptación). Hay un montón de incoherencias durante el desarrollo de la película, y los conflictos simplemente no tienen sentido (¿un celular que, sin razón aparente estando en el medio de la ciudad, no tiene señal cuando el protagonista está en peligro? ¿Ya no aprendieron de este típico error de las películas de terror?).

Limitless es visualmente atactiva, y sus buenos condimentos hacen que tenga un bien ritmo y sea digerible, pero desde la base más importante, que es el guión, deja tantas preguntas y huecos que no pasa de ser una ciencia ficción del montón.

Acerca de Emmanuel Báez 2316 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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