‘Life of Pi’, la vida en los ojos del tigre

life of pi post

Hace un par de semanas pude sentarme a maravillarme con el Cloud Atlas de los Hermanos Wachowski y Tom Tykwer, y decidí que iba a necesitar verla más de una vez antes de escribir sobre la película. Pero algo que ya supe al terminar el visionado es que, donde muchos otros veían una película acerca del karma, de las consecuencias de nuestras acciones y de cómo nuestras decisiones parecen afectar a muchas más personas que las que nos rodean, yo vi una que hablaba acerca de la importancia de contar historias a través de los tiempos.

La humanidad no sería la misma si no nos sentáramos a contar historias pasadas que nos inspiren a ser mejores, a reflexionar, a mirarnos a nosotros mismos a través de los ojos de personajes que alguna vez tuvieron que pasar por momentos más difíciles de los que enfrentamos hoy. Todas las historias en Cloud Atlas viven a la anterior a través de una historia heredada, ya sea alguien hablando de un héroe del pasado o leyendo una novela no terminada o idolatrando a una heroína que nació de una revolución que a su vez nació de una historia que se fue pasando de persona a persona.

Life of Pi, la última película de Ang Lee, es también un testamento de lo que contar historias significa para el hombre. Mucho más que un simple relato de supervivencia con notables alegorías espirituales, es una prueba de la maravilla de la narración que habla acerca del cine mismo como arte perenne y sus infinitas posibilidades de conquistar, seducir, emocionar, asombrar e inspirar.

La historia en cuestión narra la vida de Pi Patel, que desde niño sintió una curiosidad espiritual fuera de lo común y un respeto por la vida de una forma inusual. Su odisea no es solo acerca de cómo conoció a Dios -o a todas las deidades existentes- sino cómo se conoció a sí mismo a través de su reflejo, y a través de los ojos de una criatura indomable, tan inexperta en la vida como él mismo, y que terminó convirtiéndose en un compañero de aventura inolvidable, como el mismo viaje que emprende una vez que se encuentra a la deriva. Sería fácil ser cínico y pretender invalidar la obra por sus obvios mensajes, pero la verdad es que la película en ningún momento habla acerca de la espiritualidad o las religiones de una forma agresiva, sino como una mera opción de vida.

Ang Lee ubica primeramente al espectador como un invitado más de una casa humilde donde vive el Pi Patel adulto, interpretado más que bien por la estrella de Bollywood, Irrfan Khan. Allí recibe a un joven novelista (Rafe Spall) en busca de una historia para un nuevo libro, a quien comienza a relatar su vida desde sus inicios, con una llegada al mundo ya ligada al de los animales, aunque aún indirectamente. La primera media hora de la película se convierte en un relato familiar ameno, lleno de anécdotas simpáticas y personajes variados que van preparando el terreno para una aventura extraordinaria.

Desde este afable principio, hay una perfecta combinación entre el ojo humano de Ang Lee, la colorida mirada fotográfica de Claudio Miranda, y la inmersiva banda sonora de Mychael Danna, junto a una edición que constantemente nos recuerda que estamos siendo transportados a una historia dentro de otra, enfatizando en el valor del narrador y en la importancia del espectador como testigo omnipresente. Esta mezcla da vida a un verdadero milagro narrativo del cual es imposible sentirse desapegado y que facilita mucho más sumergirse en una aventura que de otra manea, podría haber resultado empalagosa y muy evidente.

Pero la obra resulta bastante serena, reflexiva, con una calidad visual encomiable y un desarrollo satisfactorio y emotivo. Hay un balance loable entre la aventura, las dosis exactas de alivio cómico, y algunos descansos necesarios para tomar nuevamente impulso, donde regresamos a la casa de Pi Patel adulto donde la historia está siendo contada.

Por supuesto, el mayor logro de la película está en que el naufragio del joven Pi Patel es más que entretenido de inicio a fin, con un primerizo Suraj Sharma evocando emociones sentidas construyendo una interpretación natural y verosímil. Y eso que su compañero de pantalla es mayormente una creación digital, un tigre de bengala animado con excelencia, haciendo que la química entre ambos se sienta como mucho más que una lograda ilusión.

Life of Pi es también una de las mejores películas en el uso del 3D, aunque la tecnología para mí seguirá siendo un efecto que ensalzará la experiencia fugazmente. Al finalizar la misma, no hablaré acerca de cómo el ambiente parecía mucho más íntimo gracias a eso ni cómo su uso me hizo sentir más compenetrado con la odisea del héroe. Hablaré acerca de su relación con Richard Parker, el tigre de bengala; de cómo la maravillosa manera de contar la historia ayudó a que fuera mucho más emocionante, y cómo a través de ella pude verme inspirado a seguir amando el cine y ser un testigo de otras miles de aventuras esperando ser contadas.

Acerca de Emmanuel Báez 2334 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D