‘La Serie Divergente: Leal’, un refrito descartable

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Apenas media hora después de terminar de ver Allegiant, la tercera entrega de la ‘Saga Divergente’, luchaba por recordar los detalles más importantes de la película. Había algunos set pieces interesantes, unos escenarios futuristas de modesta inspiración, algunas interpretaciones acertadas, y un par de momentos donde parecía que había ocurrido algo diferente, pero por más que empezaba a escribir, realmente no conseguía pensar en algo coherente. La película se había hecho humo en mi cabeza, y creo que eso es todavía peor que una película verdaderamente mala, porque al menos eso lo recordaría mejor. Este es un filme tan plano que sorprende que ni siquiera hayan podido crear alguna situación digna de debate posterior.

Lo que sí había eran escenas que me hacían pensar que el libro en el que se basa es algo más interesante, algo que suele ocurrir mucho y que es indicio de que el problema fundamental está en el guion, y el mismo punto de vista con el que el guionista –o en este caso, guionistas- encara la historia, además de las evidentes cuestiones del estudio detrás de la película, que debe imponer limitaciones artísticas para que el target demográfico pueda entrar a la sala de cine sin permiso de sus padres. Mucha gente muere en esta película –en especial personajes secundarios descartables-, pero nadie sangra realmente a menos que reciba unos cuantos golpes a la cara. En una escena poco después de empezar, un soldado enemigo recibe un disparo directo a la cabeza a corta distancia y se desploma en el piso frente a una multitud. Ni una gota de sangre visible a pesar de que la cámara está todo el tiempo sobre él.

Esto crea un problema profundo debido a que se trata de una historia donde los protagonistas principales están en constante peligro, así que se supone que el espectador debe sentir temor por ellos, vitoreando en silencio para que los héroes puedan escapar con vida. Como la muerte se presenta de una forma tan superficial, no genera sino indiferencia, y ni hablar de los efectos especiales relacionados a las distintas armas, que parecen salidos de una película de ciencia ficción B de los ochenta, con sonidos que intentan imitar a los disparos de Star Wars, pero trabajados en un garaje con una computadora incapaz de ejecutar con fluidez un decente editor de audio. Recordemos, una vez más, que muere mucha gente en esta película, en especial personajes secundarios golpeados por balas inexistentes.

Esto es solo uno de los tantos problemas de Allegiant, cuyo dilema más grande es que es solo la mitad de la última novela. Desde Harry Potter, los estudios buscan más formas de capitalizar los “best-sellers” adolescentes, y dividir los libros en dos películas es una de las tendencias más perniciosas de todas. La trama de esta tercera parte sigue a Tris (Shailene Woodley) y Cuatro (Theo James) luego de derrotar a Jeanine y encontrar a Evelyn (Naomi Watts) como el rostro de la esperanza. Sin embargo, Evelyn no permite que aquellos que buscan la verdad vayan más allá del muro, por lo que se convierte en una antagonista más de la historia. Por supuesto, Tris, Cuatro, y los demás, desobedecen y pasan el muro, descubriendo un mundo desolado de lluvia tóxica y tierra infértil. Allí conocerán a David (Jeff Daniels), que les explicará que ellos son el producto de un experimento de más de dos siglos, y que se convertirá luego en el villano de la película, a pesar de que al principio se presentó como el salvador. ¿Ya ven de qué va la cosa?

La película es literalmente el mismo refrito que la anterior, y la anterior no era nada más que la primera con algunos elementos agregados para variar un poco. Esta tiene nuevos escenarios, algunos inspirados y otros fáciles de olvidar. Lo peculiar de todo es que la película no es mala, sino que es simplemente mediocre, una sucesión de secuencias de acción modestas que son producto de un intento a medias de asombrar al público masculino con espectáculo mal desarrollado y al público femenino con problemas románticos infantiles. Uno prácticamente puede sentir el aburrimiento que se esconde detrás de cada escena, y el silencio detrás de cada grito de “corte” por parte del director Robert Schwentke (RIPD, Insurgent), que no logra conjugar las más básicas emociones de una buena obra cinematográfica de ciencia ficción.

Acerca de Emmanuel Báez 2280 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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