‘La Religieuse’, una indomable prisionera

La Religieuse, de Jacques Rivette -un contemporáneo de Jean-Luc Godard-, es una película bastante polémica inclusive hoy, 46 años después de su creación.

La historia data del siglo XVIII en París. Suzanne es una joven a la que su familia obliga a integrar un convento debido a las reglas sociales que condicionan a las mujeres a casarse o pertenecer a alguna orden. Debido a las condiciones económicas, era mucho más conveniente pagar los tributos requeridos a la Iglesia y despojarse de una vez de su hija, quien representaba una carga económica y social pues no tenían posibilidades de dejarle una herencia, y el destino de ésta era devastador sin ese privilegio.

Pero Suzanne, un alma libre, no cierra sus ojos ante las obligaciones y se niega a ingresar al convento, avergonzando a sus padres, y provocando un escándalo social. Pese a eso, es convencida por medio de lo que descubre en su familia y en la segunda oportunidad renuncia a su autonomía y se rinde a la Iglesia, sacrificándose a sí misma.

A partir de ahí, su alma rebelde debe luchar por sobrevivir dentro del convento y el odio de sus “hermanas” por las ansias de Suzanne de ser una persona autónoma le hacen sufrir las peores situaciones. Así continúa una historia que es retrato de lo que muchos atraviesan: vivir en una caja teniendo alas.

Suzanne representa a muchas personas que viven a veces prisioneras dentro de sociedades que antes de ser lugares en los que hallarse a gusto y progresar, son jaulas que estereotipan, exigen regirse por normas incuestionables y, lentamente, por qué no decirlo, matan. Matan sueños, matan nuestra autonomía, matan las ganas de amar y de anhelar sentirse amado.

Rivette nos habla de la búsqueda de libertad y Ana Karina (quien interpreta a Suzanne) brilla con una actuación intensa y convincente.  A pesar de que este filme es en cierto sentido funesto, no hace más que describirnos el peso de la represión y sus consecuencias. Escapar, huir de nuestras prisiones no es siempre el mejor medio, por más noble que parezca. Lo que nos resta es combatir, conservar las esperanzas de un escape, de una salida, de esa posibilidad que nos permite permanecer en pie, que nos da fuerzas, nos mantiene vivos. Esa búsqueda que todos tenemos de poder encontrarnos a nosotros mismos, y ser simple y plenamente felices.

Vean esta película porque primeramente es genial, está bien hecha, Ana Karina nos permite identificarnos ampliamente con el espíritu de lucha de su personaje. Es un clásico exponente del cine independiente francés, que resucitó una obra literaria y fue prohibida durante un buen tiempo por su crítica a la Iglesia Católica. Desnudó las verdaderas profundidades de la naturaleza humana, la soberbia religiosa, la envidia, el odio y la manipulación que muchos usan en nombre de un Dios ausente, lejano, indiferente a nuestros deseos e intereses. No siempre las cosas terminan como sucedió con Suzanne. Busquemos nuestra luz, nuestra esperanza, nuestra salida. A ver si la encontramos.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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