‘La escafandra y la Mariposa’, la vida que uno encuentra dentro de un cuerpo muerto

La historia comienza con Jean Dominique, redactor de la revista Elle, quien despierta y se encuentra a sí mismo totalmente incapacitado de moverse, hablar y tragar. Sólo sus párpados se mueven. Acaba de ser víctima de una apoplejía, padece el síndrome de cautiverio, su vida aparentemente ha terminado. Mientras combate con sus pensamientos, autoevaluándose constantemente y combatiendo sus deseos de morir, comienza a utilizar un lenguaje diseñado especialmente por una especialista con la cual forjaría una fuerte relación.

Dominique ha sido siempre una persona activa, aventurera, trabajadora. Ahora, en el estado de completa postración, su mente empieza a evaluar sus relaciones, aquellas que dejó postergadas en su vida y empieza a darse cuenta de que, al parecer, él es muy importante para mucha gente.

Una escena en particular que caló muy hondo en mis pensamientos fue la de la conversación que tuvo con su padre. En ella, éste le dice por teléfono “Vos estás encerrado dentro de tu cuerpo y yo estoy encerrado en este departamento”. Dominique le contesta mediante su traductora “No llores”, pero al padre le es inevitable. Por fin Dominique pudo empezar a comprender en parte el padecimiento de su padre.

La película de Julian Shnabell, también director de la célebre Cinta Blanca, hecha en el 2007 es una literal exquisitez a los ojos y los oídos. Cada imagen tiene un simbolismo pleno, tanto las que son desde la focal del protagonista como la del omnisciente espectador. La banda sonora nos sumerge completamente en los sentimientos de Dominique despertándonos una sensación melancólica durante toda la película. La utilización de metáforas en el filme, además de los tan interesantes flashbacks, completan perfectamente la historia.

Una obra del cine independiente que en tan sólo cinco años se ha convertido en un clásico de técnica cinematográfica. A pesar de que pocos puedan llegar a disfrutar en plenitud de los tan numerosos detalles que el director de fotografía plasma, uno cae presa de los efectos que esta produce. Se siente en algunas partes sofocado e impedido, y en otras disfruta la belleza que está más allá del cuerpo inmóvil de Dominique, el mar, las dunas, el balcón del hospital.

Lo más interesante de esta película es que nos incomoda. No sólo nos da lástima sino que nos hace reflexionar acerca de nosotros mismos, de las cosas que estamos dejando de lado, de lo impedidos que podemos sentirnos sin realmente serlo, de aquellas cosas que disfrutamos y no reconocemos. Julian Shnabell plasmó en la película con efectividad más que historia un mensaje: “quizás mañana no puedas reconciliarte con eso que estás dejando de lado, pero a pesar de eso, caminá, todavía hay senda por recorrer”.

Y ahí, como nos ocurre a todos los seres humanos, cuando nos encontramos en la funesta situación de no poder cambiar nuestra realidad con nuestras fuerzas, cuando al parecer tenemos todo el derecho de renunciar a vivir, de quedarnos esperando un golpe final que nos aniquile al encontrarnos encerrados dentro de nosotros mismos (escafandra), Dominique nos enseña que puede nacer en nosotros una mariposa que vuele y sea libre, inclusive habiendo perdido la autonomía. Y eso… eso es bellísimo.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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