La distópica realidad futura de ‘Continuum’

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Continuum es una serie televisiva de ciencia ficción social realizada en Canadá. Como ciencia ficción carece, por suerte, de las ridiculeces hollywoodenses y trabaja partiendo de una realidad interesante y actual, llevada al límite mundial: el corporacionismo.

La serie trabaja dos líneas de tiempo: el futuro de 2077 y el presente. En 2077, los Estados norteamericanos no existen. Existe la Unión de América del Norte, gobernada por el Congreso de las empresas, una oligarquía de corporaciones mundiales, que anuncia ciertas libertades a las personas a la vez que controla absolutamente todas sus actividades, gracias a una tecnología avanzada de alta vigilancia a cargo de la policía estatal privada, denominada CPS (Servicio de Protección Ciudadano, en castellano).

En 2077 un grupo de rebeldes logra viajar en el tiempo, regresando a 2012, para intentar detener el inicio del corporacionismo, que en ese año da pasos importantes, como realizar fusiones de empresas sobrepasando los controles públicos e invertir capital en la policía, que se vuelve de a poco algo así como su departamento de seguridad. Kiera Cameron, la policía protagonista de la serie que también regresa en el tiempo, se pregunta en uno de los capítulos de la primera temporada: «Si la policía controla a la gente, ¿quién controla a las corporaciones?» Y la respuesta, en el futuro, es nadie.

La serie nos muestra un futuro que de a poco se convierte en realidad. En 2077 no existen muchas libertades, como no existían ni existen en algunos estados totalitarios. La falsa democracia del presente en el que todos podemos votar pero sólo unos pocos deciden deja de ser necesaria para las corporaciones. Las crisis generadas por las mismas logran que la gente deje de confiar en los gobiernos y acepte que las empresas se hagan cargo de la vida pública vuelta privada, pues la seguridad prepondera en la sociedad. En consecuencia, los derechos se restringen y la ignorancia de cómo se manejan las cosas es total.

Continuum, con muchos aciertos y algunos detalles que podrían mejorarse –como el melodrama personal y familiar de la protagonista–, avanza capítulo tras capítulo de una buena manera: abriéndose a situaciones más complejas, más personajes ambiguos y más detalles de ambas realidades (futuro y presente) que se comprenden de a poco desde varias perspectivas.

Uno de últimos capítulos de la segunda temporada –que culminará el domingo próximo– fue sumamente interesante. En él, Kiera juzga a un joven que en el futuro será el responsable de la masacre de miles de personas de una fábrica. En esa fábrica –una especie de cárcel– terminan los ciudadanos que son juzgados y condenados por no haber pagado su deuda pública –prácticamente todas las personas de ese futuro viven endeudadas–. La condena es volverse un trabajador –esclavo– de la fábrica, luego de que se le implante un chip en la cabeza para borrar su memoria y volverlo funcional a las tareas de la fábrica gran parte del día, durante el resto de su existencia.

El futuro mostrado en la serie es el que se construye cuando los ciudadanos dejan en manos de las empresas privadas sus derechos, como el de la salud, la educación, la prensa, la seguridad, los servicios y los espacios públicos, etc. En síntesis, es la realidad que se deja a cargo de unas pocas personas a las que nunca se eligieron para que tomen esas decisiones y que, en general, ni siquiera se conocen, porque viven resguardadas en las cumbres de sus corporaciones, mientras el resto vive dentro de los límites que se les permite vivir, en una distópica realidad que, increíblemente, la televisión internacional nos acerca a través de Continuum.

Acerca de Sebastian Ocampos 1 Article
¿Qué hacés todos los días? ¿Leés, escribís y ves películas? Sí, más o menos. ¿Entonces qué sos: literato o cinéfilo? Litéfilo o cinerato. Aunque también veo series televisivas. Litéfilo, cinerato y ¿seriéfilo? No, mejor así: litéfilo serial.

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