‘Iron Man 3’, entretenimiento noventoso en la mejor película de Marvel

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La primera película de Marvel en llegar tras The Avengers tenía la difícil tarea de explicar por qué simplemente no reúnen de nuevo a los superhéroes que lucharon en New York contra Loki y sus fuerzas para eliminar cualquier mal que pudiera aparecer y amenazar de nuevo la tranquilidad de los ciudadanos del mundo. Es así que Iron Man 3 necesitaba ser más que una simple película de Tony Stark probando nuevos juguetes, siendo tan irreverente como siempre y combatiendo a los tipos malos. Afortunadamente, tomaron la buenísima decisión de meter a Shane Black al proyecto, quien escribió las mejores películas de acción de los 80 y 90, para escribir y dirigir esta tercera parte.

El resultado es la mejor película de la serie Iron Man y el mejor guion de una película de Marvel hasta la fecha. Un balance perfecto entre sustancia y estilo que tiene la firma indeleble de un autor de cine comercial que se supo adecuar gloriosamente a la acción acelerada de los tiempos modernos, filmándola a distancia correcta y con ojo firme, al mismo tiempo que recuerda los mejores elementos de títulos de décadas pasadas que lo hicieron popular. Trazos de Lethal Weapon, así como The Last Boy Scout y otros aspectos bien cuidados convierten a Iron Man 3 en una película propia de Shane Black, bien distinguible de las demás entradas de Marvel.

La historia se sitúa un tiempo después de los eventos de The Avengers, con un prólogo donde muestran un poco de la vida de un Tony Stark más joven disfrutando de los excesos y las mujeres sin mayores preocupaciones. Introducen a unos personajes interpretados por Guy Pearce y Rebecca Hall que claramente tendrán importancia en el desarrollo más adelante y lo hacen con simpatía y presagios de antagonismo que provocarán preguntas a ser respondidas. En el presente, Stark tiene serios problemas de ansiedad tras la gran batalla de New York y como no logra lidiar con la situación de buena forma, termina generando problemas con Pepper Pots, su vida social y su trabajo. Se pasa la mayor parte del tiempo retocando sus armaduras y creando nuevas, ya que el sueño se le escapa entre sus dilemas existenciales y su incapacidad de encontrar una solución a todo lo que le aqueja.

Como ya se comprobó en tres ocasiones, Robert Downey Jr. sigue siendo más que adecuado para el papel, esta vez imprimiendo una caracterización un poco más desesperada, debido a los problemas de nuestro héroe. Aún así, nunca deja de ser tan carismático y sarcástico como es costumbre, y eso hace que no sea tan doloroso verlo soportar no solo golpes físicos sino también emocionales y algunos sentimentales. Su emparejamiento con Gwyneth Paltrow es más creíble que nunca, teniendo en cuenta que esta vez la relación pasa por pruebas más difíciles que nunca.

El villano de turno es El Mandarín y es acá donde la película se torna mucho más interesante porque habla del por qué de Tony Stark actuando solo sin pedir ayuda a los demás superhéroes. Y no es solamente el hecho de que sea un tanto egocéntrico sino que esta vez es personal, y el ataque directo termina quitando lo mejor y lo peor de un héroe perdido en una niebla de dudas, encontrando su mejor persona a través de nuevos desafíos que lo harán cruzarse con extraños, obligándolo a ver las cosas desde otras perspectivas. Ben Kingsley da una interpretación magistral y su transformación convierte al Mandarín en una de las máscaras de villanos más geniales en mucho tiempo. No se puede hablar mucho de su personaje sin arruinar las sorpresas, pero es un misterio que, guste o no, termina en innegable asombro.

Así también queda bastante claro por qué el gobierno norteamericano no contactaría de nuevo con los demás superhéroes para ayudar en la nueva amenaza. La política de respuesta ante terroristas hace, como muchas veces, que el gobierno quede expuesto como uno frío y con intereses realistas. Hay vestigios de cambios razonables con respecto a esto, pero hay una crítica -aunque sea sutil- hacia el siempre inflexible “orgullo americano” que hace que sea interesante analizar la política de este mundo ficticio, si bien no haya ningún énfasis en la historia. De cualquier manera, es bueno notar que supieron encarar bastante bien la ausencia de los demás vengadores.

Por otro lado y lo que más compete en esta tercera película de la serie, es que la acción es realmente vigorosa y la dirección de Shane Black logra que además se disfrute en todo momento. Secuencias claras y fáciles de seguir, bien trabajadas y pulidas y que son distintas a las demás apariciones de Iron Man. No hay repeticiones en las escenas más trepidantes y las siguientes siempre son estimulantes, quizás a veces predecibles, pero no por eso menos entretenidas porque están sencillamente muy bien encaradas. Por supuesto, no todo es armaduras y nuevos inventos, y aún cuando Tony Stark no está totalmente equipado, sigue haciendo de las suyas. Cuando trabaja con otros recuerda a los mejores buddy cops de antes y la química de Downey Jr. con Don Cheadle es bastante reminiscente a lo mejor de Martin Riggs y Roger Murtaugh.

Evidentemente no es una película perfecta. Hay algunos cabos sueltos que seguramente molestarán a unos más que a otros, algunas conveniencias que salvan situaciones quizás algo forzadas y momentos que están nada más para construir escenas posteriores más memorables, pero ninguna falencia opaca para nada la maravillosa construcción total de esta obra. El humor es acertado y funciona en todo momento y la banda sonora ensalza las secuencias muy inspiradamente. Como mínimo, es irrefutable que Iron Man 3 entrega dosis frescas de todo lo que puede ofrecer. Como máximo, es la nueva marca a superar de las películas de superhéroes.

Acerca de Emmanuel Báez 2264 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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