‘Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte. Parte 1’, la madurez de la aventura

A pesar de tratarse de una saga fantástica de aventura con elementos mágicos, la magia se había perdido de las películas de Harry Potter desde que dejaron que un tal Mike Newell dirigiera El Cáliz de Fuego. De todas maneras, tras el maravilloso y oscuro trabajo de Alfonso Cuarón en El Prisionero de Azkaban, la serie se había armado con un listón alto que se hacía difícil de superar; después de todo, el cuarto libro también resultó ser inferior al tercero, pero la dirección de Newell y la adaptación por parte del guionista Steve Kloves no tuvieron cuidado con la historia principal del libro y las personalidades de algunos de los protagonistas principales se desviaron bastante de la fuente (estoy seguro que todos los fans siguen odiando la escena del histérico Dumbledore acosando a Harry).

Luego le encargaron La Orden del Fénix a un desconocido David Yates y el resultado fue un film frío y altamente impersonal, seguido de El Príncipe Mestizo (también dirigido por Yates) donde transformaron una gran historia de misterio en una comedia romántica forzada, algo que no se podía creer con el material tan interesante que tenían en manos. Mientras la novelista J. K. Rowling se volvía más lóbrega, sus adaptaciones se hacían más bobas. Me había quedado casi sin esperanzas con la confirmación de que David Yates se encargaría de la filmación de las últimas dos películas, pero hasta hoy sigo gratamente sorprendido de su aprendizaje con los anteriores trabajos: Las Reliquias de la Muerte, Parte 1, regresa la magia y la aventura de una forma madura a una saga que parecía destinada a ser simplemente decente.

Las buenas señales aparecen en los primeros minutos de la película, probablemente uno de los más efectistas de toda la saga, adaptando una escena que es solamente mencionada por los protagonistas en el libro. La hermosa composición musical de Alexandre Desplat adorna la acertada dirección de un David Yates que sabe perfectamente donde colocar la cámara. Hay una gran sensación de peligro y preocupación hasta en los cortísimos planos de los tíos de Harry (Daniel Radcliffe en lo mejor de la saga), gracias también a los expertos Richard Griffiths y Fiona Shaw que no necesitan más segundos para expresarnos su creíble angustia. Así también, la escena de la despedida de Hermione (con una ya egresada Emma Watson) y la mirada lejana de Ronald Weasly (un Ruper Grint que siempre fue el mejor del trío) conforman un prólogo emotivo que da lugar a una sombría reunión.

La secuencia de los mortífagos en la Mansión Malfoy es absolutamente brillante, apoyada enteramente en la actuación de los presentes, sin necesidad de una música que inunde la escena ni una cámara que se mueva excesivamente. El odio está latente en los rostros de quienes ahí se reúnen, y así también el miedo de quienes fingen tener respeto. Por supuesto hablamos del gran Ralph Fiennes como Voldemort, Helena Bonham Carter como Bellatrix Lestrange y Jason Isaacs como Lucius Malfoy, sin olvidar al grandioso Alan Rickman que solo necesita unos minutos para ser nuevamente el memorable Severus Snape.

David Yates demuestra que una buena película de aventuras no necesita excesos, necesita ciudado y respeto a los detalles, y gracias al guión de Steve Kloves que añade los cambios más oportunos y traslada con gran habilidad a los personajes escritos, estos están representados de la forma más correcta, mostrando sus miedos y preocupaciones en los momentos exactos. Se resaltan los valores de amistad del trío como uno de los elementos más importantes para el triunfo del bien sobre el mal, y la ejecución de las largas secuencias de campamento donde todo reside sobre Radcliffe, Watson y Grint, tienen un ritmo algo lento pero sólido y siempre con una nueva sorpresa a la vuelta.

El guión ciertamente está lejos de ser perfecto, contiene algunos huecos que dan un poco de vergüenza porque podrían haberse arreglado sencillamente con unas líneas de diálogo para quienes no están familiarizados con los libros, como la habilidad de Dobby de aparecerse en la mansión o el pedazo de espejo que Harry tiene (que fue un regalo de Sirius Black). También Yates se muestra algo cansado y sin ideas en la persecución en el bosque, donde confunde a Harry Potter con Jason Bourne y filma con Parkison, pero rápidamente vuelve a su mejor estado, entregando un final sentimental y desesperanzador, en anticipación a la tan esperada conclusión, que veremos si logra superar este nuevo listón.

Acerca de Emmanuel Báez 2264 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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