‘Gone Girl’, fantasía de venganza sádica y retorcida

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***Esta reseña contiene spoilers***

Gone Girl es una película enfermiza. Como la misma historia de sus protagonistas, se presenta como un thriller criminal más, aunque se nota el toque de David Fincher desde el principio, pero no parece durante un buen rato que tiene algo más bajo la manga. Como una relación de verdad, llega el momento en que se quita la máscara y se muestra tal cual es, compleja, desesperanzadora, retorcida, como una pesadilla macabra acerca de la naturaleza humana y sus inherentes falencias imposible de discernir. ¿Qué pensamos? ¿Qué sentimos? ¿Acaso nosotros mismos lo sabemos de verdad o la fachada se vuelve parte de nuestra vida?

Es como varias películas dentro de una. Todo arranca con normalidad, aunque ya se vislumbra la naturaleza pesimista de la trama, enterrada apenas ante tanta superficialidad que no puede servir de suficiente tapadera para la verdad. Es acerca de lo que nos compele a compartir nuestra vida con alguien más de forma íntima, sobre lo que la sociedad quiere que consideremos como una relación normal, y otra vez, esa palabra, “normal”, que se repite una y otra vez en el subconsciente colectivo como una obligación impuesta difícil de evitar. Gone Girl tiene varias aristas que merecen ser abarcadas con meticulosidad, pero lo que más me interesa es algo que no se puede ignorar: el papel de los medios de prensa.

Dentro de toda la complejidad que es hablar acerca de las relaciones de pareja, de la confianza, del matrimonio dentro de la sociedad moderna, hay un pilar presente que las parejas no pueden eludir por más que quieran, y es la mirada externa, que de alguna forma afecta al propio examen de la realidad. Se vuelve importante, en distintos niveles, saber cómo nos ven, qué piensan de nosotros, qué quieren de nosotros, como una forma de ayudarnos a saber qué queremos nosotros mismos, y cuáles son nuestras expectativas con respecto a nuestra persona, y la persona que queremos que esté a nuestro lado. En ese sentido, esta obra maestra es una gran sátira cuyos comentarios gritan debate, y se lo ganan.

Por supuesto, reduciéndola a sus partes más simples, es una gran película. Ben Affleck, que durante mucho tiempo fue marcado como un rostro bello más, se supera y convence, mientras que Rosamund Pike madura y encuentra su punto más memorable en una carrera enmarcada por trabajos mayormente secundarios. Fincher adapta la novela de Gillian Flynn, que se encargó de trasladar su propia historia a un guion que quizás otros pocos hubieran concebido con la inteligencia que acá ostenta. Lo cierto es que el resultado es magnífico, una película que desafía sus propias expectativas acerca de lo que quiere ser, y muta de un thriller a una exploración sádica del matrimonio, con varios desenlaces construidos para dejar anonadado al más despistado. Una obra que debe ser vista por parejas, pero con mucho cuidado.

Pueden verse algunos problemas morales en la historia, dependiendo de cómo lo vean. Por un lado, es acerca de una mujer que finge una violación para salirse con la suya, y una extrapolación con la realidad seguramente hará saltar varias alarmas feministas, quizás con algo de razón. Por otro lado, es acerca de una mujer vengándose de su marido de la forma más sádica posible, y eso es fantasía de venganza con la que muchas mujeres sueñan. De cualquier manera, es fascinante ver a un protagonista femenino que, para variar, no es una damisela en apuros, sino sencillamente una sociópata, lunática, embustera. Escriben a hombres así todo el tiempo.

Es el ojo de Fincher, después de todo, que tiene un fetiche con personajes odiosos. Nick Dune tampoco se salva, ya que su situación se complica varias veces debido a sus decisiones idiotas, y al final, todo hubiera más fácil con un poco más de comunicación. Pueden tomar eso como una de las varias moralejas de la película. O intenta conocer mejor a tu pareja antes del matrimonio, que acá queda como una entidad aniquiladora cuya única finalidad es destruir a sus miembros.

La película podría haber terminado un poco antes, y hubiera sido igual de satisfactoria. Así también no todo el elenco sale airoso, como la intervención de Neil Patrick Harris, que lastimosamente es más celebridad que actor, aunque me inclino a darle todavía el beneficio de la duda si es que su intención es quitarse la imagen de pícaro que se consiguió con su serie insignia. La banda sonora atmosférica firmada una vez más por Atticus Ross y Trent Reznor apoya cada espeluznante giro y cada intrigante secuencia, en una nueva colaboración con el director, que reafirman lo brillante de haber decidido trabajar juntos años atrás.

Gone Girl es una película enfermiza. No se interesa en las implicaciones morales, sino en su trama corrugada desafiante y alejada de convenciones. Toma estereotipos y clichés del género y los subvierte a su antojo a través de la mano maestra de un artista que sabe aprovechar expectativas y esperanzas para contar una historia diferente. Amy Dune es la “chica genial”, y también lo es la película, y todo lo que se pueda decir de ella, bueno o malo. Reduciéndola a sus partes más simples, es sencillamente cautivadora y entretenida.

Acerca de Emmanuel Báez 2282 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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