‘Get the Gringo’, Mel Gibson en un pueblo chico, infierno grande

Su vida personal puede haber afectado bastante su imagen pública, y por ende, sus posibilidades de conseguir buenos papeles, pero Mel Gibson sigue pateando traseros a lo loco en Get the Gringo, una propuesta en la que escribió junto al director novato Adrian Grunberg, quien fuera su primer asistente en Apocalypto. Acá Gibson interpreta a un ladrón que mientras intenta escapar de un robo concretado a medias, con 2 millones de dólares en bolsas y un compañero semi muerto, cruza la frontera entre USA y México, y queda a disposición de la policía federal mexicana una vez que estos descubren el dinero.

Comienza con una persecución bien ejecutada y con buena dosis de adrenalina, y el personaje de Gibson se presenta con una narración que permanece a lo largo de la película al mejor estilo noir, pero más sardónico y menos reflexivo, y aunque nunca sabemos realmente su nombre, simpatizamos con él porque se convierte en un anti-héroe en el estilo más tradicional, carismático y egoísta.

Una vez en México, es abandonado en la cárcel más extraña de todas, o “el peor centro comercial del mundo”, como comenta mientras recorre el lugar intentando amoldarse a la situación, con poco español y sin un billete en el bolsillo que pueda ayudarle a moverse. Pero él es un criminal experto, como se revela sutilmente, y sabe qué hacer para comenzar a conseguir los elementos para salir de ahí. La cárcel, llamada “El Pueblito” está inspirada en una cárcel real en Tijuana que fue cerrada en el 2003, y que realmente parecía un centro comercial del más bajo mundo, donde no había reglas y las familias de los presos podían vivir con ellos y salir a gusto.

Para fortuna del protagonista, aparece un niño de unos 10 u 11 años, que se encuentra en la cárcel viviendo con su mamá, que está cumpliendo condena por tráfico de drogas. El niño, como todo buen joven compinche del cine de los últimos años, es bastante listo y ayuda al protagonista a conocer el lugar. Digo “protagonista” y “niño”, ya que en la película nunca se revelan sus nombres, simplemente son dos anónimos en medio de un submundo sucio y desatendido por las autoridades, pero el niño-actor, Kevin Hernández, es una maravilla de casting y se luce en cada escena, en una historia que requiere que su caracterización se vaya poniendo más intensa a medida que la trama avanza y explota en un clímax original y lleno de suspenso.

Que los protagonistas principales no tengan nombres puede servir como una buena denuncia política, pero el guion no se anda con rodeos ni se interesa en moralejas, se desenvuelve en la acción y el trazado de planes, además de una buena representación del infierno que se vive adentro de El Pueblito, aunque este infierno no es lo más bajo que muchos hayan caído, y otros parecen preferir ese lugar al mundo exterior.

Hay buen humor y una escena de tiroteo que, aunque es breve, es intensa y vibrante, y podría entrar en un Top 10 de tiroteos en el cine, si alguien hiciera tal lista. Un cameo del genial Peter Stormare hace que la trama se expanda innecesariamente, haciendo que la historia salga fuera de la cárcel, perdiendo esa claustrofobia propia de una prisión infernal como la que retratan tan bien hasta entonces.

Pero cuando la película vuelve a encerrarse en el lugar, en la hora de un clímax medianamente vehemente, Gibson demuestra que sigue estando en su juego, sin mucho esfuerzo inverosímil, pero siempre enérgico y despierto para algunas acrobacias visiblemente dolorosas para alguien de su edad. Get the Gringo no ofrece nada realmente nuevo, pero los momentos lúcidos que tiene llaman bastante la atención y no se presenta pretenciosa. Así termina siendo una película más que interesante con buenas dosis de acción y locura.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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