‘Fresa y Chocolate’, una amistad diferente en la Revolución Cubana

Fresa y Chocolate representa un dilema social. Dos sabores de helados que popularmente van dirigidos a dos públicos diferentes (las mujeres preferirían frutilla y los varones chocolate, según la película) pueden significar mucho más que simplemente cuestión de gusto. Pueden, por ejemplo, hablar de identidad, personalidad e inclusive de ideología.

David no pensaba en nada de eso cuando se sentó tranquilo a tomar un helado de chocolate. Tenía la mente sumida en sus problemas personales y  en verdad, no estaba de humor para conversar con nadie. Menos aún con un desconocido como Diego, homosexual, charlatán y lleno de aparentes ganas de hacer nuevas amistades. Un choque, por supuesto, se da entre en los universos del universitario militante del comunismo y el librepensador. En medio de la presión social, el desamor y los prejuicios una historia de amistad se va desarrollando para mostrarnos una trama de alto contenido social combinada precisamente con toques de humor y mini-tramas paralelas que enriquecen en todo sentido el desarrollo de la película.

Las actuaciones de Vladimir Cruz y Jorge Perugorría toman fuerza conforme la trama va tomando rumbo, teniendo ciertos momentos cúspide en los que la tensión y el enfrentamiento además de impresionar al espectador, lo sacude en las bases de su mente. Un filme lleno de metáforas visuales aptas para gente que quiere mirar un poco más allá de la superficie dramática que plantea la trama. Se nos muestra una Cuba con sus pro y sus contra, sus miserias y virtudes, su latinidad intensa y el comunismo, que pasa a ser un protagonista más.

Hay algo que en la Latinoamérica de 1994, año en que fue grabada esta película de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y la del 2013 todavía significa un problema inmenso, el respeto al escoger pensar y ser diferente sin tener que dar justificaciones. El poder elegir ser uno mismo sin que eso represente una traición al resto, a esos que quizás no tienen el valor de ser auténticos. Obviamente en una realidad comunista ese ajuste de uno mismo para encajar es mucho más fuerte, pero de todas formas domina la comunidad sobre el individuo en muchas de nuestras sociedades.

Fresa y Chocolate nos ilustra lo que es acomodarse, lo que uno se supone que debe ser y quien uno es en realidad. Nos muestra una cara del comunismo que quizás muchos no quieran ver y que otros tomen como argumento para imponer otras ideologías. Una hermosa historia de tolerancia y valor humano realizada con maestría sin perder toques de diversión hacen de esta película una apuesta inteligente, entretenida y por sobre todo, aleccionadora.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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