‘Extremadamente Goofy’, la universidad, deportes extremos y música disco

Películas hay y muchas. Algunas nos dejan marcados de por vida y no dejan de asombrarnos sin importar cuántas veces las hayamos visto. Pero de vez en cuando, se estrenan otros dos tipos de cintas: las que injustamente quedan en el olvido y que cuentan con la misma riqueza artística que las más aclamadas, y las que alguna vez vimos y amamos cuando niños, pero con el paso del tiempo también las olvidamos sin darnos cuenta. Lo genial de ambas es que al revisitar esos filmes, nos damos cuenta el por qué amamos tanto el Séptimo Arte. Cada semana quiero rescatar cuantas películas de ese tipo sean posibles.

Un poco difícil fue decidir sobre qué película de Goofy rescatar hoy en nuestro jueves de Baúl. Por un lado tenemos a Goofy: La película (1995), que se estrenó en cines y hoy en día se le recuerda poco. Pero creo que su secuela, Extremadamente Goofy, se puso a la par de su antecesora, aunque lamentablemente se fue directo a video. Ahora, normalmente no es buena señal que Disney (o cualquier otro estudio) mande una de sus producciones a estrenarse en formato casero. Ahí tenemos de ejemplo a El Rey León II: El Reino de Simba, Tarzan II, Pocahontas II y así. Ejemplos nada agradables (ni rescatables). Pero en el caso de Extremadamente Goofy, realmente se esforzaron por contar una historia digna de verse una y otra vez.

Algunos años han pasado desde Goofy: La película y aquel concierto memorable de Powerline, Max ya ha crecido y se prepara para ir a la universidad. Más ansioso no puede estar, pues muere por vivir esa libertad que la educación superior ofrece. Eso y participar en la edición de los Juegos Extremos del colegio. Pero del otro lado, tenemos a un Goofy que se deprime porque su niño ya está por dar uno de los grandes pasos en la vida de un hombre, y ahora sí, ni cómo convencerlo que se quede en casa. Su futuro es lo que importa.

Extremadamente Goofy es una genial historia cuyo mensaje principal es vivir y dejar ir, contrario a la primer película que trataba sobre la tolerancia y comunicación entre padre e hijo. Durante el transcurso de la secuela nos damos cuenta que toda su vida, Goofy siempre ha visto por su hijo, lo ha cuidado y educado lo mejor que ha podido, pero él ha olvidado vivir su vida. Así que está omitiendo algo importante: el que Max se vaya a la universidad no es tanto una cuestión de melancolía, sino una nueva oportunidad de empezar de nuevo. Y es ahí donde comienza lo divertido, Goofy regresa a los libros y entra a la universidad desatando, claro, todo tipo de situaciones hilarantes y trayendo de vuelta la década de los 70 entre los alumnos. En ese viaje de encontrarse a sí mismo, conoce a Sylvia (personaje cuyo diseño es prácticamente un homenaje a Mia Wallace de Pulp Fiction), quien es clave para el renacer de un nuevo Goofy y mostrar una faceta de él jamás vista.

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

Quizá Goofy es el más “humano” de los personajes clásicos de Disney. Es el único que en realidad es padre y vela por su hijo todo el tiempo. Eso, más la exquisita animación con la que fue complementada Extremedamente Goofy, así como los personajes con los que fue rodeada. La secuencia del triatlón en los Juegos Extremos es fenomenal (toda una parodia al equipo de ESPN), los diálogos de la sexy chica poeta del café (nunca están de más) y el inolvidable baile muy a la Saturday Night Fever de Goofy y Sylvia. Quizá la mejor escena de todas. Es curioso cómo es que una película ambientada en una universidad y con los deportes extremos de fondo, base su soundtrack y mucha de la esencia de la cinta en la década de los 70.

Antes de despedirme, normalmente termino la columna mostrando el avance de la película en cuestión, pero esta vez quiero hacer una excepción. Si disponen de una hora y media de tiempo libre, relájense, vayan por una botana y disfruten de Extremadamente Goofy. De verdad, una secuela que por mucho que se haya ido directo a video hace poco más de diez años, es una de las muy contadas que a Disney le han quedado de maravilla y vale la pena revivir, o en su caso, ver por primera vez.

Por cierto, ¿mencioné que esta película tiene la mejor frase en la historia de toda la filmografía de Disney?
No es broma.

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

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