‘The Mummy’, horror de antaño con un fresco toque hollywoodense

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Remakes. A veces consideramos blasfemia el meterse con los clásicos o con alguna cinta que en su momento consideramos jamás podrá ser superada por otro elenco y producción. Pero hemos de admitir que algunas veces logran superar la entrega original, o en su caso, hacerla un poco más atractiva.

Antes de caer en el abismo donde las ideas carecen, Stephen Sommers escribió un guión que terminó por convertirse en todo un blockbuster de verano a finales de los 90. The Mummy, remake del clásico de horror de 1932, le otorga a esta nueva versión una dosis de adrenalina y acción de la que por supuesto no contempló la primera cinta. En aquellos tiempos el arte de narrar historias era por medio de geniales tomas y una meticulosa y estupenda actuación de Boris Karloff.

Los tiempos cambian y la gente no solamente necesita entretenerse, sino emocionarse y saltar de vez en cuando de su butaca. Sommers cumple con esta promesa trayéndonos a la estrella de acción y comedia que brillaba en los años noventa, y ese era Brendan Fraser (y que me sigo preguntando, ¿qué le pasó a este brillante actor?). El director tampoco olvidó añadir su toque sexy e intelectual, y pone a bordo a la hermosa y talentosísima Rachel Weisz en el que es quizá, el papel que terminó por lanzar su carrera en Hollywood. Junto a ellos se reúne un gran elenco que durante toda la película logran un equilibrio entre suspenso, horror, y acción veraniega.

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

Tan olvidada, olvidada, esta película no lo está. Pero es una de esas cintas de emergencia que pueden hacernos pasar un genial rato cuando las opciones en la cartelera actual no se antojan. The Mummy de Stephen Sommers no es un clásico y contó con un presupuesto más gordo que la joya que es el clásico de 1933, pero si algo logra y muy bien esta película es crear varias atmósferas de suspenso y horror que o nos hacen sentir escalofríos, o de plano terminamos saltando de la butaca. Tan solo la secuencia inicial que nos relata tal leyenda que escucharíamos en una noche de fogata, resulta perturbadora. Sacerdotes enterrados vivos, y a nuestra momia, enterrada viva, sin lengua y devorada lentamente por nuestros amigos los escarabajos. Los egipcios tenían estilo.

Otro gran plus de la cinta es que se apoyó de efectos prácticos y un buen uso de CGI que en ese entonces ya comenzaba a dar mejores avances. Todo ello hace que ni por un segundo, dudemos de la existencia y amenaza que significa Imhotep, esta momia/sacerdote/enamorado que va chupando (literalmente) a aquellos que osaron tomar sus reliquias.

El encanto de este remake fue tal, que una secuela no tardó en dársele luz verde. Y no sólo por la buena taquilla que logró mientras se proyectó en salas, sino que la genial química que se mantuvo entre el elenco y la producción, ayudó a que una nueva aventura se tornara más emocionante. Lástima que con la tercera entrega, se fue Sommers, se fue Weisz y en su lugar llegó Rob Cohen y una muy pobre conclusión a la trilogía. Pero no importa, quedémonos con las dos primeras.

Los dejo precisamente con el prólogo con el que abre la cinta. Mejor manera de atrapar al público con una de esas historias que ponen los pelos de punta, no pudo haber. Muy elaborada, con guiños al horror de antaño y a la vez con un pequeño toque contemporáneo. Disfruten.

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

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