‘The Emperor’s Club’, una lección de vida como pocas

Películas hay y muchas. Algunas nos dejan marcados de por vida y no dejan de asombrarnos sin importar cuántas veces las hayamos visto. Pero de vez en cuando, se estrenan otros dos tipos de cintas: las que injustamente quedan en el olvido y que cuentan con la misma riqueza artística que las más aclamadas, y las que alguna vez vimos y amamos cuando niños, pero con el paso del tiempo también las olvidamos sin darnos cuenta. Lo genial de ambas es que al revisitar esos filmes, nos damos cuenta el por qué amamos tanto el Séptimo Arte. Cada semana quiero rescatar cuantas películas de ese tipo sean posibles.

Como cinéfilos tenemos muy presente que el séptimo arte nos puede marcar de diferentes maneras, ya sea por su narrativa, el estilo visual, el guión, las actuaciones, etc. Pero a veces se estrenan películas que nos marcan moralmente, es decir, nos hacen cuestionar un poco nuestros valores y se nos quedan tan grabadas en la memoria que pueden hasta servirnos como fuente de inspiración más adelante y nos definan como personas.

The Emperor’s Club es una genialidad de película basada en una pequeña historia de Ethan Canin y que fuera adaptada al cine en 2002 por Michael Hoffman (The Last Station). La principal pregunta que plantea esta cinta es: ¿cuál es nuestra contribución al mundo?, ¿cómo nos recordará la historia?

Una pregunta que también vendría a manera de cita, pues es uno de los tantos diálogos exquisitos que Kevin Kline tiene durante toda la película. Kline interpreta al reconocido profesor de historia William Hundert (o como sus alumnos le apodan, el Sr. H), al cual le fascina la historia antigua, las civilizaciones que cambiaron al mundo, así como los hombres que ayudaron a definir épocas. Esa es la inspiración del profesor día a día, por lo que en cada una de sus clases, contagia a sus alumnos de toda esa riqueza que se nos ha heredado, pero que muchas veces ignoramos.

Todo lo anterior conlleva a que los alumnos tengan buenas notas en las demás clases, participen, y se empapen de la filosofía de tantos iconos de la historia. Todo es miel sobre hojuelas hasta que llega un alumno de nombre Sedgewick Bell (interpretado por un joven Emile Hirsch), hijo de un senador influyente en los Estados Unidos. Bell representa todo lo contrario a los valores que el profesor Hundert imparte en clase: es desinteresado, ambicioso pero que no contribuye, no productivo y con valores morales que retan a cruzar la delgada línea entre lo que es fácil y lo que es correcto (tal cual lo diría Dumbledore en la Orden del Fénix). The Emperor’s Club nos dice que como jóvenes, debemos cuidar nuestro carácter, las acciones que llevamos a cabo serán las que nos definan en un futuro como adultos, pues en palabras de Aristófanes (y una de mis citas favoritas):

“La juventud envejece, la inmadurez se supera, la ignorancia puede educarse y la borrachera despejarse, pero la ESTUPIDEZ dura para siempre”

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

La principal razón es el enorme aporte moral que la película nos deja. Puedo garantizarles que la trama y las acciones de los personajes los hará reflexionar sobre su conducta actual, hacia a dónde los ha llevado y si han tomado las decisiones correctas en este camino que llamamos “vida”. Por un lado es lo anterior, por otro es que la actuación de Kevin Kline es hermosa, elegante. Merecía una nominación al Oscar o por lo menos, a un Globo de Oro. Da vida a unos de los personajes más entrañables (y subestimados) en el drama y que muchos desearíamos conocer en la vida real. Me atrevo a decir que este es quizá el mejor papel de su carrera. A él le acompaña un elenco que en ese entonces eran jóvenes promesas. Ya mencionamos a Emile Hirsch, pero también tenemos a Paul Dano, Jesse Eisenberg y por ahí se colaba también Patrick Dempsey. Todos jugando un rol clave en la trama.

The Emperor’s Club será toda una experiencia para quien se anime a verla (no por nada es una de mis películas favoritas de todos los tiempos), la historia deja un mensaje tan rico, tan hermoso, que en unos años recordaremos la lección que más destaca en la película por William Hundert: “A todos, en cierto punto de nuestras vidas, nos toca mirarnos en el espejo y ver quiénes somos realmente”. Yo espero que cuando nos toque, nuestras acciones hayan contribuido a las nuevas generaciones y así heredar un legado… que quién sabe, puede hasta llevarnos a la grandeza. Los dejo con el trailer oficial.

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

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