‘Strictly Ballroom’, cuando el baile de salón rompe las reglas

strictly ballroom post

Películas hay y muchas. Algunas nos dejan marcados de por vida y no dejan de asombrarnos sin importar cuántas veces las hayamos visto. Pero de vez en cuando, se estrenan otros dos tipos de cintas: las que injustamente quedan en el olvido y que cuentan con la misma riqueza artística que las más aclamadas, y las que alguna vez vimos y amamos cuando niños, pero con el paso del tiempo también las olvidamos sin darnos cuenta. Lo genial de ambas es que al revisitar esos filmes, nos damos cuenta el por qué amamos tanto el Séptimo Arte. Cada semana quiero rescatar cuantas películas de ese tipo sean posibles.

En una de las primeras de El Baul hablé sobre Romeo + Juliet de Baz Luhrmann, un director bastante incomprendido a mi parecer. En la columna que dediqué a esa película, tocaba la posibilidad de hablar sobre una segunda película de ese mismo cineasta, y esa cinta es la del turno de hoy. Hoy rescatamos a Strictly Ballroom.

Si hay un tipo de película que por lo regular es demasiado cursi y a veces demasiado exagerada, es la del baile. Muchas de esa cintas pasan se van directo a DVD por lo pobre de su trama y tienen en común que sus protagonistas son marginados sociales. Y algunas otras que se estrenan en cine, por lo general no van al caso. Son contadas las que de veras nos hacen pasar un buen rato (Shall We Dance con Richard Gere, por ejemplo). Pero si hay una que además de lograr lo anterior, nos aporta una historia memorable, es Strictly Ballroom.

La ópera prima de ese jovencito llamado Baz Luhrmann estrenaba en Cannes, luego de que anteriormente se vendiera como un humilde proyecto basado en una obra de teatro montada por el mismo Luhrmann y no consiguiera distribuidora. El encanto de la crítica como del público fue evidente. Strictly Ballroom no sólo contenía geniales secuencias de baile bellamente filmadas, sino que era una combinación de la historia del patito feo con la de la Cenicienta. La película trata sobre un chico llamado Scott (Paul Mercurio), quien hace del baile una forma de vida. No puede vivir sin él. Desde luego, es el mejor competidor que a menudo se encuentra en las competencias, pero Scott siente que esto no es suficiente, pues en los certámenes en los que participa, hay muchas restricciones en cuanto a pasos de baile. Nada de innovación, nada de osadía, sólo lo tradicional. Scott no está contento, así que se pone en búsqueda de una pareja que comparta el mismo ideal que él. Y en Fran (Tara Morice) encontrará a ese alguien con quién compartir su aventura, pero desafortundamente, Fran tiene dos pies izquierdos, aunque toda la determinación en el mundo de sorprender a todos.

Al igual que en Romeo + Juliet, mucha gente no ve el encanto en Strictly Ballroom. Que si las actuaciones son exageradas, que si nadie se viste así, que los personajes son muy bizarros. Recordemos que Luhrmann viene de una familia de artistas. Su madre era maestra de baile (de salón, para ser exactos), y su padre administraba un cine. Ambas pasiones combinadas, seguramente mostraron el camino que este cineasta debía tomar. Y en Strictly Ballroom se ve perfectamente esa influencia, hay secuencias entre familia en donde el baile se siente tan acogedor, tan cálido, que dan ganas de acompañarles en su velada. Todo el amor que Luhrmann tiene por el teatro y el folclor se nota en cada escena. Sabe exactamente dónde colocar la cámara durante las secuencias de baile, sabe el backstage detrás de una familia de artistas, vamos, el tipo sabe lo que es el glamour.

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

Stricly Ballroom es graciosa, algunos toques de drama, pero sobre todo, con secuencias bellamente filmadas y memorables. Más de uno recordará el intro de la pleícula (una sombra que danza en la luz), el paso doble de Rico, el baile en la azotea, o los osados pasos de Paul Mercurio y sus caderas que conquistarán a muchas cinéfilas. Una vez más, hay que ver esta película con ojos de teatro, con mente abierta, y esperar a ser deleitados con la bonita historia que Luhrmann preparó en pantalla. El director logra darle una voz a esos pasos de baile, a romper las barreras de los campeones en las demás competencias. Ya no sólo son coreografías bonitas, sino declaraciones artísticas.

No olvidemos también que Strictly Ballroom forma parte de la trilogía de la cortina roja (las otras dos son Romeo + Juliet y Moulin Rouge). Viendo estas cintas uno se da una idea del estilo y narrativa de Baz Luhrmann, entiende su cine y hacia dónde va. Ya se viene el estreno de The Great Gatsby (pueden ver el avance acá), así que no estaría mal echarle un vistazo a la ópera prima del cineasta antes de sumergirnos en más glamour.

Los dejo con una de mis escenas favoritas de la película, que si bien es un descarado, pero buen product placement de cierta marca de refresco, le da cierta atmósfera a la película. Romance y baile combinadas en un mismo cuadro. Strictly Ballroom, queridos cinéfilos. Ahí se las dejo de tarea.

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D