‘Short Circuit’, el Wall-E de los ochenta

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Es innegable que la mayoría más uno pensó en Short Circuit una vez que Pixar estrenó Wall-E en el 2008, y ahora ya es normal leer que se refieran a Johnny 5 como el “padre” o el “antecesor” del tierno robot futurista que llegó con un mensaje sobre la naturaleza con una onda bien chaplinesca. La onda del robot número cinco que es impactado por un rayo y cobra vida es distinta, ya que no deja de buscar información y su aprendizaje se vuelve en el chiste recurrente de la película.

Short Circuit se estrenó en 1986 y se convirtió en un éxito, aunque es una de esos títulos sobre los cuales podemos decir que no envejeció bastante bien, especialmente porque se vuelve ridículo fijarse en todas las nociones informáticas de la época que recitan como si fuera tecnología avanzada extraterrestre. Aún así, sigue siendo bien entretenida a pesar de los personajes racistas y los estereotipos bien marcados de los protagonistas, que toman las decisiones más tontas con tal de que la trama siga adelante.

Fisher Stevens y Steve Guttenberg interpretan a los dos genios detrás de la creación de estos robots que realmente tienen un propósito militar, hasta el accidente que termina en la vida y escape de Johnny 5, como el mismo decide llamarse al final de toda la aventura. De hecho, la película arranca con toda una secuencia en la que se ve la función real de estos robots, que resulta bastante terrorífico, y casi se puede decir que es una gran crítica militar si no fuera porque rápidamente luego de esto ya pasan a los chistes. No es que estos sean malos, solo que son bastante simples, aún para la época.

Lo bueno es que el robot adquiere conciencia propia muy temprano en la historia, y es realmente lo más resaltante de toda la película hasta el segundo final. Tiene una voz bastante simpática (proveída por el propio titiritero que lo controla, Tim Blaney), y los mejores momentos son cuando hace referencias a películas clásicas o gags de Los Tres Chiflados. De repente se hace un poco sospechoso que Wall-E sea un homenaje al humor mudo de Charles Chaplin y Buster Keaton.

La parte humana se vuelve tediosa en muchas ocasiones, y es casi lamentable porque podrían haber tenido una grandiosa película entre manos si hubieran apuntado un poco más alto que un producto para toda la familia. Por supuesto que a todos gustó Ally Sheedy en The Breakfast Club, pero la actriz es un verdadero desastre en esta, como si hubiera filmado todas sus escenas en un solo día en menos de tres tomas. Al menos su personaje es una chica independiente, amante de los animales, y algo dura, aunque según ella misma, cae por cualquier tipo, y al final se enamora del personaje de Guttenberg en una relación amorosa de lo más insulsa.

Short Circuit fue un éxito de taquilla tras su estreno, y un par de años después hicieron una secuela solamente con Stevens, aún con menos recursos y apuntando todavía más bajo, en una de esas típicas secuelas en lo que lo único que importa es que esté el personaje simpático de la anterior y nada más. La dirección de John Badham es bastante competente, más aún teniendo en cuenta las secuencias donde Número Cinco se enfrenta a los otros cuatro robots de la compañía, demostrando su inteligencia superior solamente adquirida gracias a una conciencia propia.

La historia decae en la parte humana, pero gran parte de la película está el tierno y simpático robot en pantalla, por lo que se deja ver sin mayores problemas. Resaltan los guiños a Saturday Night Fever y The Bridge on the River Kwai, porque siempre será divertido ver a un ser no humano disfrutar de las películas como uno lo hace.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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