‘Rookie of the Year’, un divertido y fugaz paseo por las grandes ligas

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Películas hay y muchas. Algunas nos dejan marcados de por vida y no dejan de asombrarnos sin importar cuántas veces las hayamos visto. Pero de vez en cuando, se estrenan otros dos tipos de cintas: las que injustamente quedan en el olvido y que cuentan con la misma riqueza artística que las más aclamadas, y las que alguna vez vimos y amamos cuando niños, pero con el paso del tiempo también las olvidamos sin darnos cuenta. Lo genial de ambas es que al revisitar esos filmes, nos damos cuenta el por qué amamos tanto el Séptimo Arte. Cada semana quiero rescatar cuantas películas de ese tipo sean posibles.

Nunca he sido muy fanático de algún deporte. Por un tiempo me gustó el fútbol, pero terminó aburriéndome. Prefiero ver el drama que se vive en la cancha filmado en celuloide. Pero si de alguna disciplina sí me he quedado viendo varios juegos por televisión, han sido de béisbol, y quizá por ello es que hoy me animé a hablarles de la siguiente película.

Allá de 1993, un principante Thomas Ian Nicholas se ponía en los tenis de Henry Rowengartner en una película familiar llamada Rookie of the Year, escrita por Sam Harper (debutando aquí como guionista y después entregando historias como Open Season y Río) y bajo la dirección de Daniel Stern (lo recordarán como Marv en Home Alone). La historia nos presenta a Henry, un niño que siempre ha soñado jugar béisbol en las grandes ligas, pero a pesar de pertenecer a un equipo de ligas menores, este siempre se la pasa en la banca dado su mal desempeño en el campo. Todo esto cambia cuando por accidente, Henry resbala y se fractura el brazo. Meses después de sanar, Henry descubre que su ahora “súper brazo” le ha otorgado la habilidad de lanzar pelotas de béisbol a velocidades superiores a los 80 km/h, y esto significan muchos, muchos millones y entradas agotadas para los caza-talentos.

Estamos ante una de esas películas donde la familia en los años 90, podía sentarse en la sala con una buena botana y pasar un genial rato. No hay que demandar tanta seriedad al guión aún cuando este trae consigo algo de comedia barata. Pero como bien hemos trabajado en esta columna, los guiones en aquellos años, por muy tontos o ingenuos que fueran, se esforzaban por contar una buena historia. Y el chiste más grande de esta película, es que son los Chicago Cubs quienes se hacen de las habilidades de Henry para lanzarlo al estrellato (cualquier fan de béisbol, sabrá que los Cubs llevan poco más de un siglo sin ganar una serie mundial).

Es aquí donde Henry se ve sumergido en un nuevo mundo a su corta edad. Deja atrás su vecindario, a su madre (soltera, por cierto), a su primer amor, pero sobre todo, a sus amigos. Poco a poco la fama, la fortuna y el lujo, van corrompiendo a Henry a tal grado de no saber si su sueño realmente le está satisfaciendo. A esto le acompañan hilarantes situaciones durante la gira del equipo, una de ellas es la filmación del comercial para Pepsi, o mejor aún, Henry haciéndole out a estrellas del béisbol como Pedro Guerrero, Bobby Bonilla y Barry Bonds en una serie de cameos bastante hilarantes (incluyendo uno también del genial, y ya desaparecido comediante, John Candy). A todos ellos se les suma una estrella bastante reconocida en aquellos años, el mismísimo Gary Busey (Point Break) interpretando al veterano Chet ‘Rocket’ Steadman. Lo interesante aquí es que Busey se la pasa haciendo una serie de ruidos y gemidos durante toda la película que a uno lo sacan de onda, pero cumple con su parte.

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

Como lo mencioné anteriormente, esta es una película diseñada para verse en familia, pero con una buena historia sobre no olvidar nuestras raíces, el precio que conlleva la fama y el trabajo duro que debemos hacer para concretar nuestros sueños. Pero si bien la fama no lo es todo, es divertido mientras se vive, ¿no creen?. Y sobre todo, si esta nos ayuda a concoer a nuestros héroes que hemos admirado por años. Más de uno quisiera trabajar con ellos. Sorprendentemente, el guión contiene líneas, personajes y secuencias memorables. Diálogos que uno recordará o repetirá luego de verse la película. El mismo Daniel Stern no sólo dirige, sino también actúa en la película dando vida al personaje más bizarro de todos y que por momentos también se roba la cinta. El soundtrack trae consigo algo de jazz y mucho rock n’ roll (esta fue la película que me presentó ese genial género cuando pequeño).

La cereza del pastel viene al final, el pequeño twist que se le da a la historia, y que carga de emotividad a la secuencia que cierra la película. Por un momento se nos olvida la comedia y nos vemos encontrados viviendo un drama. Rookie of the Year sería la plataforma que lanzaría a Thomas Ian Nicholas (irónicamente) al estrellato en la vida real. El actor comenzaría a aparecer en un par de capítulos de la serie Dr. Quinn, Medicine Woman, así como con esa pequeña franquicia de A Kid in King Arthur’s Court (que por cierto, co-protagonizaban unos principiantes Daniel Craig y Kate Winslet) y A Kid in Aladdin’s Palace. Con estos trabajos en su currículum, Nicholas finalmente aterrizaría en un proyecto que le ayudaría a dejar huella en el cine de culto: American Pie.

Los dejo con el trailer oficial de Rookie of the Year.

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

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