‘Quest For Fire’, el clásico que nunca fue

Hagan de cuenta que El Amanecer del Hombre, la primera parte de 2001: A Space Oddysey, continúa por una hora más. ¿Ya está? Bueno, básicamente eso es Quest for Fire, la evolución del hombre a través de la herramienta. Peter Weyland (Prometheus) lo diría mejor al decir que la primera pieza de tecnología fue el fuego, robado a los dioses para dar vida al hombre.

Estrenada en 1981, Quest For Fire es un film francés dirigido por Jean-Jacques Annaud, que después dirigiría En el nombre de la rosa con Sean Connery. Es la adaptación de la novela homónima escrita por J.-H. Rosny en 1911.

La historia se centra en el periodo paleolítico (80.000 años atrás) donde el hombre primitivo se reunía en cavernas y su única preocupación era mantener la llama del fuego ardiendo, puesto que todavía no contaba con el conocimiento de crearlo, solo de mantenerlo o traspasarlo.

Al ser un elemento tan fundamental para la existencia, era de esperarse que se desatase una pequeña guerra con las tribus vecinas. Este es el disparador del conflicto: después de un violento ataque sorpresa y la llama del fuego extinta, el anciano sabio de la tribu encomienda a tres valerosos integrantes la misión de realizar un largo viaje para recuperar el fuego primordial y traerlo a casa. Ese es, en síntesis, el argumento de la película, pero OH! lo importante nunca es el destino sino el viaje, amigos, recuérdenlo bien, es una frase cliché, pero los clichés son clichés por algo.

No quiero entrar mucho en datos técnicos ni veracidad científica, pero en la cinta podemos observar 3 diferentes razas en las que se clasifican los homínidos de la época. Tenemos a nuestro trío principal, que son homo sapiens a medio cocinar de la tribu Ulam; a los Wagabu, los neandertales ladrones de fuego, que son más simio que otra cosa y; finalmente, a los Ivaka, mucho más civilizados, representando la última etapa del desarrollo humano.

También podemos ver diferentes clases de criaturas ancestrales: tigres dientes de sable, lobos, osos y mamuts, éstos últimos estelarizando una de las mejores escenas de la película. Los protagonistas se ven atrapados en una situación sin salida por los Wagabu y los elefantes peludos se interponen salvándolos, en una especie de intervención divina. Luego ocurriría un contacto humano-bestia al más puro estilo Miguel Ángel. Es medio deux ex machina, pero no importa, pues es efectivo. Debo confesar que la primera vez que vi QFF le quise dotar a la escena una cualidad esotérica, pero ahora me doy cuenta que no es más que un ligero vistazo a lo que más adelante sería la domesticación animal.

Un dato curioso (y genial) es que el lenguaje de los protagonistas y de la tribu Ulam en general fue creado por Anthony Burgess, el mismísimo autor de La Naranja Mecánica y del nadsat, el lenguaje utilizado en la novela. Vidi well!

Dato curioso N° 2: este es el primer film de Ron Perlman que, a decir verdad, no creo que haya tenido que usar mucho maquillaje para verse como un simio. Y hablando de eso, la película ganó el Oscar a mejor maquillaje.

Visualmente la película es correcta, utilizando la misma geografía de la historia para enmarcar a sus personajes. El director no hace alarde de tomas artísticas ni de una fotografía portentosa, sino que busca transmitir realismo, como si se tratase de un documental de la National Geographic; con frecuencia nos recuerda que lo que estamos viendo en pantalla no son humanos del todo, sino animales, esto ayuda a que cualquier descubrimiento o demostración de humanidad en los protagonistas, por más mínima que fuera, tenga un mayor impacto en la audiencia, como por ejemplo, la escena en que Naoh, el héroe de la película, pasa de tener sexo como animal a adoptar una posición donde puede establecer contacto visual con su pareja, es un pequeño paso para el cavernícola, pero un paso gigante para la humanidad.

Quest for Fire no es otra cosa sino la búsqueda de la chispa de la vida misma, de lo que nos hace finalmente humanos. En el tercer acto, el film hace un traspaso de antorcha, demostrándonos que una vez conquistado el fuego, el siguiente paso para la evolución humana es el amor y las relaciones.

Acerca de Claudio Guzmán 9 Articles
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