‘Matilda’, el poder del intelecto y la lectura

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Películas hay y muchas. Algunas nos dejan marcados de por vida y no dejan de asombrarnos sin importar cuántas veces las hayamos visto. Pero de vez en cuando, se estrenan otros dos tipos de cintas: las que injustamente quedan en el olvido y que cuentan con la misma riqueza artística que las más aclamadas, y las que alguna vez vimos y amamos cuando niños, pero con el paso del tiempo también las olvidamos sin darnos cuenta. Lo genial de ambas es que al revisitar esos filmes, nos damos cuenta el por qué amamos tanto el Séptimo Arte. Cada semana quiero rescatar cuantas películas de ese tipo sean posibles.

Leer.
¿Quién diría que una actividad tan enriquecedora sería un escape de la realidad o un rescate a sí mismo? Una manera de olvidar nuestros problemas y preocuparnos por las historias que vivimos a través de las letras. Lo genial de esto es que al mismo tiempo en que estamos sumergidos en otras realidades, también estamos aprendiendo y enriqueciendo el intelecto.

Horrible es, que después de terminar ese libro, regresemos a una horrible familia, con un hermano fastidioso y unos padres desinteresados por uno y que apenas se acuerdan que tienen una hija. Hablo de Matilda Wormwood, quien así vivía todos los días, preguntándose cómo pudo tocarle vivir con personas tan tontas.

Matilda de 1996, basada en la novela de Roald Dahl (autor de Charlie y la Fábrica de Chocolates, Fantástico Sr. Zorro, entre otros) y llevada a la pantalla grande por Danny DeVito, es una película que seguramente a más de uno nos marcó en la infancia. Y no sólo por la genial manera en que fue filmada, sino porque DeVito junto a su protagonista Mara Wilson (y que actualmente es guapísima) supieron plasmar la esencia del personaje y contagiarla a las almas infantiles. Más de uno (principalmente los introvertidos) se habrá identificado con Matilda, rechazada, incomprendida, a veces ignorada. La gran pregunta en nuestros días de inocencia era, ¿cómo poder superar al adulto? Aquí se nos muestran como personas arrogantes, que todo lo saben, que todo lo pueden, y que los niños son estúpidos. Matilda no está de acuerdo, ni los niños que ven la película.

Matilda fue un estandarte contra aquellos adultos odiosos, y la solución que proponía a los niños era genial: leer. A través de las letras, aprenderás mucho más cosas que el adulto te oculta o no te sabe explicar. Incluso con el tiempo, podrás valerte de ti mismo y lograr cosas que ni ellos pudieron hacer cuando tenían nuestra edad. El mensaje que DeVito y su película transmitieron fue tan grande, que las generaciones que crecimos con esa película lo guardamos con cariño en nuestros corazones.

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

Matilda en sí no es una película olvidada, pero merece ser heredada a las siguientes generaciones. A las que no tienen el gusto por leer, a los que prefieren ver los reality shows (te hablo a ti, Jersey Shore), etc. Mara Wilson en una entrañable actuación, nos demuestra que el superpoder más grande es la lectura. Devorar libros no significa sólo leer historias y ya. Significa enriquecer nuestro intelecto, juntar más y más conocimiento en nuestra cabeza al grado de que comenzamos a ser auto-suficientes (lo cual Matilda logra en la película), e incluso, mover objetos. Ok, obviamente no tendremos telequinesis, pero en sí la película usa eso como una metáfora diciéndonos, “entre más conocimiento, moverás obstáculos y vencerás al ignorante.” Vamos, Matilda se nos presenta aquí como una niña índigo.

Por otro lado, la película es una visión oscura de la mala paternidad y abuso infantil. Tanto nuestra protagonista como el personaje de la señorita Miel (o Honey en la novela) son personas marginadas, olvidadas por su propia familia, y cuyo único escape fueron las letras. Ahí tenemos al perverso personaje de Agatha Tronchatoro, disfruta tanto el maltrato a los niños que lo convierte en un deporte. Quizá por lo mismo es que es directora de la escuela a la que asiste Matilda, así puede practicar con los pequeños a diario. Irónico resulta que a pesar de su repudio a los niños, le encante tenerlos cerca para hacer de las suyas. A pesar de ello, tanto Matilda como la señorita Miel, nos demuestran que se puede ser independiente, que no hay personas que pueden interferir con nuestro objetivo. A la larga tendremos nuestra vendetta, pero no olvidando mantener la bondad y generosidad por la que tanto fuimos rechazados. La fuerza de voluntad lo es todo. El mismo Ra’s Al Ghul estaría de acuerdo… ¡vaya!, hasta un personaje de Batman ya vine a meter aquí, pero es la verdad, ¿no creen?

Los dejo con el trailer oficial.

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

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