‘The Quiet Earth’, morir dos veces en el fin del mundo

Si están algo cansados de la típica historia apocalíptica con héroes norteamericanos, The Quiet Earth es una pequeña joya que ofrece una mirada diferente sobre el fin del mundo. Esta producción neozelandesa de 1985 sigue a un hombre que despierta y se encuentra totalmente solo en todo el planeta, algo que va descubriendo a medida que se pasea por calles desiertas y oficinas vacías, locales abandonados, y su propia estación de trabajo, cubierta en absoluto silencio. No hay un alma viva, ni siquiera cuerpos, ni animales, todos desaparecieron sin dejar rastro alguno.

La película es una adaptación de la novela homónima, dirigida por Geoff Murphy, un director neozelandés relativamente desconocido que fue luego a dirigir películas de acción tipo B como Freejack con Mick Jagger, y se encargó de algunos títulos de las desconocidas filmografías de Steven Seagal y Christopher Lambert en los años posteriores, aunque sus trabajos previos poseen una crítica mucho más favorable. The Quiet Earth es un buen título de misterio y ciencia ficción, cuyo valor probablemente se deba a la calidad del material original, pero que tiene una dirección sólida como para merecer buena estima entre las películas apocalípticas de la historia del cine.

El misterio de la misma va desenvolviéndose con pequeñas pistas de forma lenta, mientras Zac Hobbson (Bruno Lawrence) comienza a dar rienda suelta a sus caprichos materialistas, algo que cualquier persona haría en su misma situación. Es intrigante al mismo tiempo que es simpático, porque es fácil imaginarse aprovechando un suceso de la misma manera, y cuando se va entendiendo que el mismo protagonista tiene relación con el evento cósmico, se revelan detalles que realmente no explican la naturaleza de las cosas, pero sirven para ir armando teorías.

Uno pensaría que una película con un solo protagonista se pondría rápidamente aburrida, y por momentos corre ese riesgo, pero Lawrence hace un genial trabajo pasando por varias fases, las cuales parecen bastante lógicas de solo pensarlo. El miedo, la angustia, la libertad, dan paso a la eventual paranoia y la locura, y cuando parece que ya no hay más por mostrar, la historia se vuelve impredecible con la aparición de una mujer. Ahora, saber esto realmente no arruina la experiencia, porque la dirección de la historia anticipa algo más interesante después de la llegada de Joanne (Alison Routledge) -digo, tampoco es sorpresa porque los créditos iniciales ya ponen en evidencia su existencia-, y esto hace que solo aumente el número de preguntas.

Uno de los momentos más memorables justamente llega cuando ambos se encuentran, y la reacción de los dos probablemente no se vería en un remake norteamericano hecho en estos días. Lo que es mejor aún, Hobbson teoriza que la culpa la deben tener los científicos norteamericanos, quienes estaban guardando secretos en el proyecto que podría o no haber causado la desaparición de la vida en la Tierra. No es algo realmente importante, sino simplemente agradable de que sea diferente. Ya saben, los yanquis no salvan el día, para variar.

Al final, quizás las preguntas no sean respondidas como uno quisiera, pero la película logra que eso no sea tan relevante, y después de todo, es difícil imaginar que pueda salir mal una historia apocalíptica hecha por cineastas que viven en una isla. The Quiet Earth es una grata experiencia, y sus aportes al género realmente son bienvenidos teniendo en cuenta como está el mismo ahora, no gracias al cine occidental. Es la atmósfera, el ritmo, la ambientación, y los peculiares personajes los que hacen que esto funcione y, sin ser brillante, termina siendo memorable.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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