‘Bachelor Party’, una fiesta de fiestas

Pocas veces, tras terminar una película, me inclino a usar frases del tipo “ya no las hacen como estas”, pero Bachelor Party es una de esas, y aunque pueda ser fácil encontrar títulos actuales con premisas similares, sencillamente no existen propuestas que aprovechen tan bien la premisa, al mismo tiempo que cuenten una buena historia que se beneficia de una mezcla de risas y situaciones disparatadas que no se atreverían a hacer hoy en el cine comercial.

Claro que hay muchas películas de fiestas juveniles en el cine de hoy, pero ninguna tiene a Tom Hanks en su momento más agradable. Prácticamente todo lo que dice o hace en la película es digno de una carcajada, y cuando no lo es, resulta jovial y cálido, como un mal chiste que funciona porque es entregado de forma correcta, por alguien que sabe entregarse a sus líneas sin miedo alguno al ridículo.

Ese era el Tom Hanks de 1984, alegre y festivo, en su tercera incursión como actor en la pantalla grande, en la década donde fue más para el romance y el humor variado, lo que definitivamente fue formando su personalidad delante de cámaras, y preparándolo para el gran éxito de Big unos años después. Acá interpreta a un joven irreverente que le revela a sus mejores amigos que en poco tiempo se casará, lo que los impulsa a llevar a cabo la fiesta de despedida de soltero más épica de todas.

Eso incluye drogas de toda clase, música, bromas, y mujeres fáciles, algo que se convierte en una discusión entre él y su novia por una cuestión de confianza y lealtad. Ese es el único conflicto relevante de la comedia, ya que Rick (Hanks) se divide entre la lealtad hacia su pareja y la lealtad hacia sus amigos, que están decididos a hacer de la fiesta una noche inolvidable, y las mujeres son más que importantes para que todo sea memorable.

Para tratarse de una comedia escrita, dirigida, y protagonizada en su mayoría por hombres, es evidente que las mujeres toman un rol secundario enteramente caricaturesco y ofensivo, pero forman parte de buenas dosis de humor igualmente, y tampoco es para decir que los hombres son personajes trascendentes. Es casi todo acerca de Tom Hanks dejándose llevar por un guion que lo aprovecha al máximo, sin pretensiones más allá del humor ochentoso. Difícilmente alguien ahora tenga suficiente carisma y energía como para algo similar.

Y estamos hablando del humor más ochentoso de todos, aquel que fácilmente caía en incoherencias irrelevantes y situaciones inverosímiles con tal de quitar del espectador algo más que una simple mueca de gracia. Durante toda la película, Rick es acosado por un joven millonario que pretende recuperar a su novia por medios ridículos que van desde un simple chantaje financiero hasta el secuestro y el asesinato, todo por un par de risas. ¡Y funciona!

Bachelor Party es única, y me cuesta creer que se habla poco o nada de ella cuando se debate el cine cómico de esa década. Sin duda alguna merece más reconocimiento y un visionado libre de prejuicios, que es algo esencial para que este tipo de joyitas se puedan disfrutar plenamente.

Acerca de Emmanuel Báez 2330 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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