‘Al Diablo con el Diablo’, vender el alma nunca fue tan divertido

bedazzled post

Películas hay y muchas. Algunas nos dejan marcados de por vida y no dejan de asombrarnos sin importar cuántas veces las hayamos visto. Pero de vez en cuando, se estrenan otros dos tipos de cintas: las que injustamente quedan en el olvido y que cuentan con la misma riqueza artística que las más aclamadas, y las que alguna vez vimos y amamos cuando niños, pero con el paso del tiempo también las olvidamos sin darnos cuenta. Lo genial de ambas es que al revisitar esos filmes, nos damos cuenta el por qué amamos tanto el Séptimo Arte. Cada semana quiero rescatar cuantas películas de ese tipo sean posibles.

Varias veces en el cine se han tocado los temas celestiales. El bien y el mal. Dios vs. Satanás. Lo que es correcto y lo que es pecado. Y a menudo, son historias que nos dan ciertos sermones cuando termina la película. “No hagas esto porque se ve mal” “No hagas lo otro porque va en contra de lo que dicta la sociedad”

Pero qué pasa cuando se decide ver el lado humorístico de esos temas celestiales y no se les toma tan en serio. Allá del año 2000, Harold Ramis (director de Groundhog Day y guionista de Ghostbusters) estrenaba Bedazzled (o como se le conoció en latinoamérica, Al Diablo con el Diablo), y la cual era un remake de la película de 1967. Pero como en tofo refrito, se le hacían ajustes a la época. He de confesar que en mi vida he visto la versión original, pero aún con ese detalle, me parece que Al Diablo con el Diablo merece ser sacada de nuestro Baúl.

Brendan Fraser da vida a Elliot, un empleado de oficina que no parece encontrar salida a su rutina diaria. Pronto se verá flechado por Alison (Frances O’Connor), compañera de su trabajo y a la que él no parece interesarle en lo más mínimo. Eso no detendrá a Elliot, quien hará lo que sea por la que él cree, es la chica de sus sueños. Es ahí donde aparece nuestra amiga El Diablo (una genial y guapísima Elizabeth Hurley), y le promete a Elliot concederle siete deseos a cambio de su insignificante alma.

Empecemos por Brendan Fraser, ese genial actor que en esos días estaba en su apogeo. Ya tenía en el bolsillo a The Mummy de Stephen Sommers y a George de la Selva de Disney. Pero en esta comedia, Fraser crea toda una gama de personajes memorables. Cada uno de ellos. Empezando por el narcotraficante colombiano, con nariz puntiaguda, bigotón y con un acento en español de lo más hilarante. Cómo olvidar también al jugador de la NBA que suda como el diablo (irónicamente), el apuesto y culto escritor, o el chico sensible que llora sin consuelo con la puesta de sol. Todos con un sólo objetivo: conquistar a Alison. Si juntamos a los personajes, tenemos al hombre perfecto de nuestra co-protagonista. Atlético, culto, sensible y rico (a final de cuentas, alguien muy superficial). Elliot en la vida real no puede reunir esas características, él lo sabe y aún así, vende su alma al Diablo “por amor”. Creo que alma más triste en la Tierra no puede haber.

Pero a pesar de lo tormentoso del viaje, esta película no podría ser todavía más divertida sin la versatilidad de Elizabeth Hurley, quien aquí también ofrece una gama de diferentes personajes. Ligeros y todos traviesos y maléficos, pero manteniendo la esencia de una princesa de las tinieblas. Me causa gracia que a varios de nosotros, por más buenos chicos que seamos como Elliot, nos resistamos a la tentación que ofrece el Diablo de Hurley en pantalla. La mayoría de nosotros caeríamos.

¿Por qué sacar esta película de El Baúl?

Como mencionaba al inicio, muchas películas que tratan sobre el tema del bien y el mal, a menudo nos dan sermones morales al final. En el caso de Al Diablo con el Diablo no es así. El mensaje que nos da al final es muy sencillo: si quieres enamorar a la chica de tus sueños, sé tú mismo. No finjas, no pretendas. Sólo espera. El acto final de Elliot luego de sus siete deseos es muy noble y desinteresado. Él antepone su felicidad ante la de Alison, y me resulta curioso que el mismo Diablo le jale las orejas y le haga ver que ese no es el camino. Sí, por ahí, tenemos la intervención de Dios (presentado de una manera bastante fresca y desconocida a mi parecer) diciéndole a Elliot que no se deje llevar por las tentaciones de Lucifer y poniendo orden. Pero a final de cuentas, creo que aquí el que da el gran mensaje, el que es el gran amigo, es el Diablo, no El de arriba. Perversamente irónico y gracioso, ¿no creen? Lo cual me recuerda a este meme.

El bien y el mal están dentro de nosotros. Eso que llaman libre albedrío nos guía al camino que decidimos tomar. No necesitamos vender nuestras almas para conseguir lo que tanto anhelamos. Siempre hay más opciones. Depende de nosotros elegir la correcta y trabajar duro porque ese sueño se haga realidad. Y eso incluye al amor. Solito llega, cuando uno menos se lo espera, y no se tiene que sacrificar tanto como uno supondría.

No los dejo con el trailer oficial, sino con una de mis escenas favoritas de la película, y que retrata a la perfección al típico jugador de la NBA. Nunca sabe qué responder a la hora de una entrevista, pero siempre replica con las mismas respuestas. Go, Diablos!

Acerca de Ricardo Trejo 95 Articles
Dicen por ahí que me parezco a Doug Narinas. David Fincher es mi pastor, nada me faltará. Amante del formato IMAX. A veces hago podcasts con mis amigos. Me encuentran en Twitter y Letterboxd como @id0ug.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D